Cristina Fernández de Kirchner regresó ayer a La Plata, su ciudad natal -identidad que recuperó para ser candidata en octubre- desde donde reclamó a enemigos invisibles que no «dividan a los argentinos en falsas antinomias» para evitar que el país sea «arrasado» como en la dictadura. «No nos dividan más ni nos creen falsas antinomias porque debemos cumplir con el legado histórico de muchos argentinos que murieron por un país mejor», planteó la candidata, en una referencia directa a los militantes del PJ caídos en la década del '70.
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En su segunda aparición por La Plata desde que es postulante a senadora nacional -desde allí lanzó su candidatura en julio pasado-, defendió la conformación del Frente para la Victoria (FpV) porque, aseguró, «es un espacio para todos los argentinos».
En esa línea, como hace su esposo en cada aparición proselitista, pidió apoyo en la elección porque «el 23 de octubre es un punto de inflexión porque el pasado está tan cerca del futuro que por momentos se tocan».
La primera dama encabezó anoche un acto de campaña en el Club Atenas junto al gobernador Felipe Solá, el intendente platense Julio Alak -que pidió que no se corte boleta contra- y a los postulantes locales del kirchnerismo.
Para despertar nostalgias entre quienes la fueron a escuchar, la senadora recordó sus épocas de militante evocando que esa ciudad vivió como pocas las discusiones entre peronistas y radicales, aunque dijo: «Cuando se nos vino la noche, no hubo distingo». «Tenemos que hacer aprendizaje, porque luego el país fue arrasado, y cuando hoy veo al Presidente compartir tribuna, gestión, obras y convicciones con hombres de otros partidos, creo que estamos cambiando la Argentina y construyendo un país diferente», aseguró.
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