Dos elementos clave quedaron como saldo de la última sesión por los superpoderes -una de las sesiones más interesantes del Senado de los últimos tiempos- en la que el gobierno, como se sabía, impuso con votos su voluntad. Y ese par de datos a considerar -con la mira de las elecciones generales el año próximo- surgieron en las últimas exposiciones de la noche, una en la voz hasta ahora poco conocida del titular del bloque radical, Ernesto Sanz (12 páginas de desgrabación), otra en la cada vez más conocida y recurrente voz de la esposa del Presidente, Cristina Fernández de Kirchner (14 páginas en su segunda intervención). No vaya a ser que los desprevenidos se queden, exclusivamente, con los gritos del senador: «No les creo nada, no les creo nada», ni con los de su colega femenina: «Mienten, mienten, mienten».
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Por primera vez, dentro del debate jurídico-político sobre un tema específico, el radicalismo introduce como denuncia sobre actos discrecionales distintas medidas que ha tomado el gobierno, con las cuales éste siempre ha revelado una particular sensibilidad: desde los presuntos sobreprecios en la contratación de obras públicas ( especialmente en tramos viales, viviendas y tendidos eléctricos) hasta la adjudicación tal vez dirigida a determinados oferentes; de las autorizaciones de pesca o de Cuota Hilton, a las ya cuestionadas prórrogas de radio y televisión a través del Confer; de condonaciones de deudas (Aeropuertos) para el ingreso del Estado a operaciones semejantes con Aerolíneas Argentinas, sin olvidar en la cita a los discutibles subsidios al transporte (automotor, sobre todo) y a ciertos sindicatos, casi siempre el de Camioneros. Bajo el paraguas del debate, la UCR por medio de Sanz plantea suspicacias sobre ejercicios gubernamentales que no parecen los más transparentes. Quizás indique una tendencia para la campaña política en la que ya está inmerso el partido.
También, en la misma perspectiva, hay que advertir una defensa -sorpresiva porque no es habitual en el matrimonio oficial- de la senadora Kirchner del peronismo, especialmente de Eva Duarte (no es novedad) y también del General (lo que no es para nada frecuente). Hubo un reconocimiento al origen y filiación política de ella, el PJ, su vocación por el campo popular, un homenaje inclusive a la mayoría de los miembros de su bloque con la misma idea, por lo que se desprende que ese partido -al cual el oficialismo devaluó con transversales o satélites oscuros- volvería a ser columna vertebral, admitida, por el oficialismo para los próximos comicios. Ya que, de nuevo, en la maratón de la antevíspera, volvió nítido el viejo pleito protagonizado por radicales y peronistas, el más entretenido de la política en las últimas décadas y del cual la Argentina no se puede desprender.
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