Crítica a la Corte fue por jubilaciones
-
Reforma laboral: la apelación de la CGT pasará al fuero Contencioso Administrativo Federal
-
Caso ANDIS: Spagnuolo y Garbellini se negaron a declarar
Por primera
vez,
Cristina de
Kirchner
imitó a su
marido en
actos
públicos.
Tras su
mensaje al
Congreso,
se zambulló
entre los
piqueteros
que le
habían
organizado
una fiesta
en la plaza.
Un fallo (el caso Badaro) y dos interpretaciones de la Corte Suprema en materia de jubilaciones dejaron a la Casa Rosada a la derecha de los reclamos por mayores haberes. Cada aumento que se anuncia en los haberes previsionales es respondido por la Corte no sólo como insuficiente sino, además, inadecuado, para restablecer una movilidad previsional que, a fuerza de ser objetivos, es hoy imposible de pagar por parte del Estado.
Por eso Cristina de Kirchner le respondió desde el propio Congreso, utilizando el camino más largo de culpar ahora al tribunal por la demora en los juicios por delitos de lesa humanidad: «Así como tienen facultades para poder instruir al Poder Legislativo para que dicte alguna ley, o al Poder Ejecutivo para que cumpla con alguna cuestión, ¿cómo no van a tener facultades dentro de su propio poder?».
Traducido: si pueden ordenarme que pague lo que no se puede, antes revisen los expedientes demorados que tienen en casa. «Tomemos las facultades, y que cada poder, con las facultades que le da la Constitución y las leyes vigentes, se haga cargo de la parte de responsabilidad que le compete.» Guste o no, hubo una definición sobre el tema.
También volvió a hablar Cristina de Kirchner sobre una cuestión que fue tabú en el gobierno de su marido: la seguridad. Y allí volvió a cargar contra los jueces. Tras ganarse los aplausos del recinto -sobre todo del palco que siempre les reservan a las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas frente a ella y separadas convenientemente por Eduardo Luis Duhalde- al identificar la impunidad en materia de delitos de lesa humanidad con delitos comunes como un mismo problema del sistema, levantó curiosamente una de las quejas populares más comunes. «Pensaba, por ejemplo, en el policía que detuvo en el año 2000 a quien luego resultó ser el francotirador de Belgrano. Lo detuvo. Cumplió con su deber. Y un juez, a los cuatro meses, lo sobreseyó.» Fue la versión presidencial de la vieja teoría sobre que los delincuentes «entran por una puerta y salen por la otra». Increíble, hasta ahora, en boca de un Kirchner.
El tema obviamente ya no puede ser soslayado por la Casa Rosada. Fue la segunda vez en una semana que el gobierno habló de la preocupación sobre el tema seguridad.




Dejá tu comentario