Crítica a la Corte fue por jubilaciones

Política

Cristina de Kirchner habló el sábado ante la Asamblea Legislativa con un mensaje que distó bastante de los cánones que siguió su marido en sus discursos sobre el Estado de la Nación. Si bien hubo datos en materia de desocupación, crecimiento de la economía, inversiones y energía, faltaron definiciones sustanciales, como en el caso de la inflación. Ese tema fue eludido por la Presidente quizá para no tener que pelearse con uno de los aspectos más conflictivos del gobierno de Néstor Kirchner y no parece que esté ya la jefa de Estado en condiciones de comenzar a hablar de herencia recibida, cuando en realidad todavía hace todo lo contrario.

Pero más allá de insistir con demostraciones de una memoria prodigiosa al no leer ni una letra de todo su discurso y de notorias exclusiones, el mensaje estuvo lejos de ser vacío en algunos temas puntuales. Por ejemplo, la Justicia. Cristina de Kirchner le envió un mensaje claro a la Corte Suprema el sábado pasado: no utilicen la independencia de poderes para dar órdenes al Poder Ejecutivo o al Legislativo si antes no la ejercen para poner en regla el funcionamiento de la Justicia. Así podría resumirse el mensaje de una Presidente que no puede criticar a una Corte autónoma -armada por su marido-, pero que sufre ya las consecuencias de esa independencia.

  • Causa común

    Quedó claro que al gobierno le molesta que la Justicia le ordene qué política seguir en materia previsional y que, en esas condiciones, no está dispuesto a avanzar en la «movilidad» que pide garantizar la Corte. Por eso hace causa común con el Congreso en materia de independencia de poderes.

    «Creo que hoy esta Corte prestigiosa y prestigiada tiene instrumentos en sus manos, a través de leyes vigentes, para poder también brindar un mejor servicio de justicia.» Lo dijo Cristina claramente al anunciar que la lentitud en los juzgamientos a represores de la dictadura no sería ya más culpa exclusiva de los jueces de primera instancia y las cámaras, sino también de los máximos representantes del Poder Judicial.

    Y hasta le sugirió caminos al grupo presidido por Ricardo Lorenzetti: «En el caso de los delitos de lesa humanidad, se me ocurre que el antecedente de la AMIA, en el que la Corte ordenó que un solo tribunal se ocupara de la causa, constituye un antecedente a tener en cuenta».

    Un fallo (el caso Badaro) y dos interpretaciones de la Corte Suprema en materia de jubilaciones dejaron a la Casa Rosada a la derecha de los reclamos por mayores haberes. Cada aumento que se anuncia en los haberes previsionales es respondido por la Corte no sólo como insuficiente sino, además, inadecuado, para restablecer una movilidad previsional que, a fuerza de ser objetivos, es hoy imposible de pagar por parte del Estado.

    Por eso Cristina de Kirchner le respondió desde el propio Congreso, utilizando el camino más largo de culpar ahora al tribunal por la demora en los juicios por delitos de lesa humanidad: «Así como tienen facultades para poder instruir al Poder Legislativo para que dicte alguna ley, o al Poder Ejecutivo para que cumpla con alguna cuestión, ¿cómo no van a tener facultades dentro de su propio poder?».

    Traducido: si pueden ordenarme que pague lo que no se puede, antes revisen los expedientes demorados que tienen en casa. «Tomemos las facultades, y que cada poder, con las facultades que le da la Constitución y las leyes vigentes, se haga cargo de la parte de responsabilidad que le compete.» Guste o no, hubo una definición sobre el tema.

    También volvió a hablar Cristina de Kirchner sobre una cuestión que fue tabú en el gobierno de su marido: la seguridad. Y allí volvió a cargar contra los jueces. Tras ganarse los aplausos del recinto -sobre todo del palco que siempre les reservan a las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas frente a ella y separadas convenientemente por Eduardo Luis Duhalde- al identificar la impunidad en materia de delitos de lesa humanidad con delitos comunes como un mismo problema del sistema, levantó curiosamente una de las quejas populares más comunes. «Pensaba, por ejemplo, en el policía que detuvo en el año 2000 a quien luego resultó ser el francotirador de Belgrano. Lo detuvo. Cumplió con su deber. Y un juez, a los cuatro meses, lo sobreseyó.» Fue la versión presidencial de la vieja teoría sobre que los delincuentes «entran por una puerta y salen por la otra». Increíble, hasta ahora, en boca de un Kirchner.

    El tema obviamente ya no puede ser soslayado por la Casa Rosada. Fue la segunda vez en una semana que el gobierno habló de la preocupación sobre el tema seguridad.
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