Nos solicita -y así lo haremos- la gentil gente de prensa del Merval que difundamos los horarios que se aplicarán en las dos fechas clave: los viernes 24 y 31 de diciembre. En ambos casos habrá operaciones de Bolsa, el viernes de Nochebuena el recinto se abrirá entre las horas 11 y 14. Y para la rueda que clausura el año, el 31, el horario se extenderá desde las 11 hasta las 15. Y el ejercicio se nos escurre de las manos, ya desde el día de hoy todo se ve envuelto por un clima más proclive a las salutaciones y deseos que a los negocios. A menos, claro, que se quieran utilizar para dotar al índice de cierto vuelo extra que no tuvo desde octubre y solamente se mantuvo planeando: sacando partido -como el cóndor- de las corrientes de aire y dejándose llevar, sin batir las alas. La diferencia es que el ave lo realiza para ahorrarse energías, en cambio el índice lo vino ensayando: por insuficiencia de las mismas. Habrá que estar atentos inclusive hasta la última fecha, del 31, que resultaba feriado bursátil en casi todo el historial y cuando se cerraban los bancos «por balance», finalizando los ejercicios los días previos. El retoque de esas pocas horas, de 11 a 15, aunque resulte con volumen escaso podría resultar clave no solamente para definir al mes, sino las diferencias de las carteras de todo el curso de 2004. Doce meses que se pueden ver realzados, o desagiados, en una sola rueda. Lo vimos al cerrar noviembre, con una rueda totalmente desenganchada de lo anterior y donde un Merval que iba camino a perder 10% se vio recortado a menos de 6%. La gobernabilidad que otorga la acción conjunta de tres elementos -bajo volumen, polarización de carteras fuertes, incidencia de tres títulos sobre el índice ponderado- deja expuesto a que, con simples técnicas precisas, se consiga hacer variar el curso natural. Exposición que no es producto de otra cuestión que la propia debilidad de nuestra plaza, huérfana del debido caudal y con ausencia de inversores comunes en cantidad.
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Abogamos para que todo resulte un curso natural, dentro de lo que la plaza vino mostrando -planeando- a lo largo del mes. Batir las alas buscando el efecto estadístico haría desviar el resultado sin otro beneficio que engañarnos entre todos (sea en una, o en otra dirección). Ya tenemos bastante con estadísticas oficiales en ciertos rubros, que no se las deben creer muchos, aunque muchos las admiten y soportan. El ejercicio 2004, en la práctica, ha quedado atrás antes de arribar a estas pocas ruedas impregnadas de un clima de fin de año. La imagen del año ya está impresa, con sus picos y valles, y podría decirse que -acorde al contexto- salió bastante atildada. Informate más
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