Carlos Soria no está conforme con que lo reemplacen al frente de la SIDE. Y menos que lo haga Miguel Angel Toma, un manzanista como él que viene mortificándolo desde hace meses con esta observación: «Gringo, a vos 'la Embajada' (de Estados Unidos) no te quiere porque te metiste con empresas de ellos cuando investigabas cajas con 'la Gorda' (Carrió)». No es cierto que Soria festeje el traslado a Río Negro para competir por la gobernación: en la provincia posee una baja performance y, además, se la tienen jurada por haber accedido a una diputación apelando a su condición de bonaerense de nacimiento. Tanta es la indignación del funcionario que ha comenzado a mostrar a varios colegas del gabinete una «carta abierta» con severas críticas y hasta imputaciones contra el gobierno. Quienes leyeron la carta -entre ellos un colaborador estrecho del Presidente-dicen haber quedado alarmados. ¿Cuál es la intención de Soria? ¿Pretende convertirse en el primer historiador de este gobierno, antes de que termine? ¿Está dispuesto a quebrar el silencio que le impone su paso por el espionaje? No. Al parecer quiere sólo una cosa: que Duhalde lo designe en otro cargo. O, por lo menos, que le atienda el teléfono
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