23 de noviembre 2001 - 00:00

De la Rúa copó acto UCR y contestó ayer a Menem

Fernando de la Rúa construyó, ayer, una escena subliminal: la de la despedida de Raúl Alfonsín y la inauguración de un nuevo orden en la conducción del radicalismo. La puesta en escena se pudo realizar gracias a que Alfonsín dejó ayer la presidencia del comité nacional de la UCR en manos del gobernador del Chaco, Angel Rozas.

De la Rúa visitó por la mañana a Alfonsín en su domicilio de la calle Santa Fe. Pasaron juntos 20 minutos, a solas, por más que en la casa estuvieran Raúl Borrás y Mario Brodersohn, «el escapista». Se intercambiaron agradecimientos y se consolaron mutuamente por las dificultades que cada uno encontró en el ejercicio de su función. Formalidades a las que los radicales son tan propensos. De paso, la visita le permitió a De la Rúa participar por la tarde en la reunión del comité nacional y reservarse allí el rol de primera figura: Alfonsín ya había partido hacia Venezuela después de leer su discurso.

La cúpula del radicalismo quedó conformada ayer como estaba previsto. Rozas en la presidencia y Juan Manuel Casella en la vicepresidencia primera. El bonaerense aseguró ayer a sus íntimos que abandonará pronto la embajada en Uruguay y uno de sus allegados se demoró en explicar la urgencia: «'Cachi' decía que no podía dejarse el partido en manos de gobernadores exclusivamente porque no se pueden cumplir las dos tareas en plenitud. Ahora él estará de hecho cotidianamente en el comité nacional de tal manera que sería una falta de respeto al Uruguay que siga ejerciendo la representación en ese país». Correcto lo de Casella. Debajo del embajador se ubicaron Pablo Verani (Río Negro) y Jorge Lizurume (Chubut) como vicepresidentes segundo y tercero.

Disgustados

Heridos, varios. Los cordobeses no se pusieron de acuerdo para representar a la provincia en el partido. Quiso ocupar una vicepresidencia Ramón Mestre pero se opuso Eduardo Angeloz, quien también es delegado mediterráneo. Perdió Mestre. También quienes circulan en torno de Jesús Rodríguez quedaron disgustados: querían llevarse la secretaría general para Walter Cevallos (San Luis) pero se suprimió ese «raviol» en la estructura de la conducción partidaria. Hasta ayer lo ocupaba Enrique Nosiglia.

Para cumplir con el ritual partidario, en un salón de actos colmado e irrespirable -el de la sede partidaria de Alsina y Entre Ríos-, comenzó la serie de discursos. Abrió Alfonsín con una de esas piezas a las que recurre cuando no quiere definirse sobre cuestiones concretas. Habló de «los sectores internos que a través de sus lobbies piensan que pueden ser más fuertes que las democracias representativas» y de la «necesidad de defender las empresas nacionales frente a un proceso de extranjerización aguda». Los efectos de la visita de la mañana se hicieron sentir en el discurso: agradeció la reestructuración de la deuda y los esfuerzos por la reactivación porque «se dio respuesta a los pedidos de la UCR», como si el default selectivo en que ingresó la Argentina fuera un capítulo de la plataforma de la Alianza.

De la Rúa concurrió a la casa radical y habló en mangas de camisa, enérgico y veloz. Casi desconocido. Agradeció a Alfonsín y elogió a Rozas, poniéndose por encima como si fuera él el presidente del partido. Destacó que «el que gobierna es el presidente de la República», casi una justificación por seguir teniendo a Domingo Cavallo en el gabinete. También recordó que su gestión sigue el programa del radicalismo y, finalmente, se dedicó a contestar a Carlos Menem las diatribas del día anterior. Dijo que «le faltó liderazgo para impedir el endeudamiento y para evitar el fenomenal déficit fiscal que nos dejaron».

Entre uno y otro líder habló Rozas, quien hizo el papel que se esperaba de él: «Tenemos que asumir que somos el partido de gobierno. No pretendemos hacer un acompañamiento con vendas en los ojos, pero somos el partido del gobierno». También él le agradeció a Alfonsín, seguramente molesto con homenajes que parecían sacarlo del juego diario. «Querido presidente de todos los argentinos, de todos los radicales, extrañaremos su presencia al frente del comité nacional», dijo, para anunciar después, tal vez contradictoriamente, que «se acabaron las peleas menores, es necesario cerrar la etapa de las luchas por espacios políticos y avanzar hacia la unidad de una UCR renovada».

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