De la Rúa pactó con el PJ en su despacho
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Afectados
Colombo, al tanto de que el PJ podía llegar a transigir en la poda a los estatales pero no a la clase pasiva, explicó que el tijeretazo sólo afectaba a 15% de los jubilados y a 22% de los empleados. «Entiendan también que si modificamos el tema del recorte de sueldos, vamos a tener que subir la escala más allá de $ 1.000; en ese caso, ¿cómo podemos garantizar la seguridad si a los policías les sacamos 25% de lo que cobran?», dramatizó con un ejemplo más que sensible.
De todos modos, Verna promovió su plan alternativo. «Podemos gravar las transferencias financieras y que las cuentas corrientes de los bancos en el Central paguen una tasa», dijo el titular de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado. Esa fue una de las pocas intervenciones de Verna en la reunión, ya que el senador se subordinó al dicurso del gobernador pampeano y dejó de lado muchas de las ideas que llevó desde el Senado. Carbonell apuntó la imposición de un gravamen a los plazos fijos de 0,1%. Pero el gobierno necesitaba la ley y no quería sucedáneos.
Como Domingo Cavallo entraba y salía de la reunión, las visitas aprovecharon una ausencia del ministro de Economía para hacer comentarios maliciosos a De la Rúa. «Presidente, nosotros no nos comemos eso del riesgo-país y de que los mercados se sacuden si el Congreso no aprueba un proyecto de ajuste; los mercados -levantaron la voz- viven pasándole facturas a Cavallo», se divirtieron delante de la desesperación gubernamental. En una de las visitas de Cavallo a la reunión, el ministro perdió la compostura y les dijo a los peronistas: «No hay un peso para nadie». Gioja saltó y le contestó: «Si no tienen plata por qué especulan. No mientan».
De regreso en el Senado, los peronistas se distribuyeron entre labor parlamentaria y la discusión de bloque. También recibieron una delegación de caciques del interior. A Marín y Miranda, se acoplaron el riojano Angel Maza y el jujeño Eduardo Fellner. Cuando faltaban quince minutos para las 21, la chicharra de la Cámara comenzó a sonar convocando a sesión.
Los empleados del Congreso seguían concentrados en el Salón de Pasos Perdidos y el Azul, debajo de la cúpula, esperando novedades. La asistencia de los taquígrafos estaba condicionada a que no se tratara el paquete de ajuste y nadie servía agua ni café en las bancas, tal como sucedió el viernes pasado en Diputados.
Hasta ese momento el único acuerdo a que habían llegado los bloques era sesionar para derogar el decreto que modificó el marco regulatorio para el sector eléctrico y aprobar una preferencia para tratar la ley de déficit cero en una sesión especial el próximo martes. En el bloque PJ los gobernadores seguían negociando con los senadores.




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