De la Sota hace la suya y no alegra a Kirchner

Política

José Manuel de la Sota desenganchó la elección de autoridades en Córdoba de la fecha de las presidenciales. Las hará el 2 de setiembre, contrariando el deseo de Néstor Kirchner de juntarlas con las del 28 de octubre. Ya estaba enojado con el gobernador de Córdoba por haber elegido a Juan Schiaretti como heredero, recordando mezquindades del pasado cavallista de los tres. Con eso le resta el peso de la elección local, que puede arrastrar sufragios hacia las listas nacionales en un distrito en el cual el peronismo, se presume, hará una buena elección. De la Sota le concedió a Kirchner sólo que coincidan con las elecciones a gobernador de Santa Fe para ilusionarlo con los titulares del día después: una derrota del oficialismo que cree segura a manos de Hermes Binner la compensaría, si gana Schiaretti, con un triunfo en Córdoba.

La estética -algo para muchos trivial en política, ese universo feísta- suele estar detrás de la mayoría de las decisiones que el Presidente reviste de necesidad de Estado. ¿Por qué avanzar en una reforma jubilatoria que ningún experto reclamó y que una vez anunciada no movió la aguja de los mercados porque tampoco lesiona el interés de quienes en teoría serían los afectos -las administradoras de fondo de pensión?- Nada más que porque las encuestas entre los anotados en el régimen de capitalización arrojan que más de la mitad siguen enojados porque no les permitieron elegir hace 10 años, por dónde se iban a jubilar. La estética de dar la libre elección importó más que cualquier otro criterio, incluso que la disponibilidad por el Ejecutivo de los fondos de quienes se pasen al Estado, algo que los gobiernos hacen desde siempre (aunque ahora los montos serán mayores). Esos sondeos tampoco dicen que haya miles de afiliados dispuestos a correr a anotarse en el reparto porque ni siquiera una mayoría se manifiesta insatisfecha con estar afiliada. Pero al Presidente le basta para este retoque de la ley -no es en realidad más que una «reformita»- que se transmita el mensaje al público de que puede elegir, con lo cual cae uno de los últimos emblemas del plan convertibilidad.

También la estética justifica la serenidad con que Kirchner tomaba anoche la decisión de José Manuel de la Sota de adelantar las elecciones provinciales para el 2 de setiembre.

De la Sota sacó ayer de la cancha a casi 2,3 millones de votantes de Córdoba para las presidenciales del 28 de octubre. (Ver nota en Ambito Nacional.) La convocatoria para el 2 de setiembre para elegir gobernador, intendentes y legisladores provinciales, desmoviliza para el partido grande a 8,8 % del electorado del país.

Sin el ancla de las ambiciones locales es difícil mover a los votantes para una elección nacional, de la que está ya desenganchado 37,5% del electorado nacional unos 9,8 millones de votantes habilitados de las provinciales que adelantan la fecha de las elecciones distritales y no coinciden con la nacional: Capital Federal, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Río Negro, Tucumán, San Luis, Tierra del Fuego y Catamarca.

  • Peso mayor

    El resto de los sufragantes -62,5% del padrón, unos 16,2 millones- será el blanco de la campaña del oficialismo y el peso mayor está en la provincia de Buenos Aires, que reúne 37 % de los votantes habilitados en el país -más de 9,7 millones sobre un total de 26 millones-. Ahí está depositada la confianza del Presidente de que habrá Kirchner para otros cuatro años. El resultado que espera de la candidatura de Daniel Scioli le permite enfrentar sin bronca este desaire de De la Sota. Hubiera querido que no siguiera el camino de Jorge Busti de apartarse del proyecto nacional. El gobernador de Córdoba apenas le concedió un triunfo simbólico: que coincida con la elección de Santa Fe y que Kirchner pueda diagramar con un empate la tapa de los diarios del lunes 29: Kirchner perdió en Santa Fe, pero ganó en Córdoba.

    Tampoco lo halagó De la Sota en la elección del candidato a presidente: Kirchner, con quien el gobernador mantiene a veces diálogos violentos a puertas cerradas, insistió con Juan Schiaretti, un protocavallista a quien el Presidente tiene en la lista de sus rencores, que son muchos y bien firmes. Promete, a puertas cerradas, quitarle el pan y la sal en la campaña. Hacia afuera se dedica a sacarse fotos con él, para enojo de un Luis Juez que tiene promesas del Presidente de ayudas que nunca llegan.

    ¿Por qué no es más duro el Presidente con De la Sota?, se enoja el extravagante alcalde de Córdoba, que quiere heredar ahora la gobernación. No obtiene respuestas. Aunque debería suponer una: Kirchner nunca ataca a quien tiene algún poder de fuego -sus andanadas verbales son por general para quien no puede o no quiere defenderse-. El Presidente le teme a De la Sota más de lo que confiesa; cree que es el único peronista que a futuro puede alzarse de manos y plantear un proyecto político para enfrentarlo. Por eso mantiene con él un conflicto de baja intensidad y busca no pelearse en la superficie; hacerlo, cree, sería alimentar la dialéctica y hacerlo crecer como adversario del kirchnerismo. Eso, entiende Kirchner, lo hará una vez que esté afuera de la gobernación y pensando en 2011.

  • Clave

    ¿Cuánto le molesta a Kirchner ir a una elección nacional que coincide con provinciales sólo para 62% de los electores? Los que ven detrás de las paredes (pero que oyen lo que se dice) niegan que Kirchner haya hecho mucho por convencer a De la Sota para que convocase la elección el 28 de octubre. Tampoco que le moleste que queden fuera de esa coincidencia tres distritos llenos de votos como Capital, Córdoba y Santa Fe. La clave está en las encuestasque le acercan a su mesa; los peores números para la candidatura de Cristina son en los grandes centros urbanos. ¿Para qué arriesgarse y más en distritos como Capital Federal o Santa Fe en donde el peronismo no tiene las de ganar?

  • Sustento

    Todo lo que hace hoy Kirchner en materia electoral sirve a sostener el edificio de la candidatura de Cristina. No porque esté convencido de que eso ocurrirá; pero basta con que lo crea el peronismo para desmovilizar cualquier especulación sobre otras nominaciones. ¿Quién se animaría a enfrentar a esa furia que es la senadora? Correría su esposo en auxilio y con ese temor bloquea cualquier discusión sobre la candidatura para sucederlo, algo que vale oro para cualquier presidente que llega al fin del mandato.

    Nada le indica al Presidente sin embargo, que pueda lograr convencer al público de que obedezcan la orden de votar. El «dedazo» es un resabio de la política pestilente de la que dice querer separarse. Tampoco el recurso sirvió en esa bisagra que fue Misiones. Menos aún ayuda el regreso de los muertos vivos con el caso «

    Isabelita». En sus charlas de peña una frase recurrente de Kirchner es «Vivo enojado con el 'Viejo'(Perón). El sabía que se moría, podría haber hecho otra cosa con el peronismo, pero nos condenó a 'Isabelita'». Nada más fascinante que repetir los gestos próceres cuando la vida da la oportunidad. Pero este retorno al peor pasado -que algo alegra a Kirchner- echa una nueva luz sobre estas manipulaciones en la cúpula, que puede hacer aparecer en esta Cristina puesta a dedo a otra «Isabelita», con entorno y Brujo (sobra gente en la mesa chica para repartir esos roles). Una estampa odiosa de cuya conveniencia se tiene aún que convencer Kirchner. Por razones de estética.
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