Debut entre la CGT y la Ezeiza sangrienta
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Hugo Moyano
«Los compañeros Hugo y Caló», dijo Kirchner, y sus palabras sonaron a bendición: en estos días, la CGT discute cómo se integrará la cúpula que asumirá la conducción de la central sindical a partir del 14 de julio próximo, cuando Moyano sea reelecto.
Salvo el moyanismo, el resto de los sectores sindicales quiere que Caló sea proclamado secretario adjunto de la central en un intento por poner como segundo del camionero a un dirigente de peso y que tiene, detrás, a un gremio poderoso como el metalúrgico.
Moyano preferiría que siguiera Lingieri, pero hasta el propio Kirchner, se afirma, intercedió para que ese lugar lo ocupe Caló. Ayer, al nombrar a ambos, el patagónico pareció enviar una señal.
Entre fuegos artificiales, y una versión remozada de la «Marcha Peronista» con guitarras distorsionadas y velocidad de banda trash, Kirchner debutó como jefe partidario, aunque siguió usufructuando los beneficios de ser «primer caballero»: a Ezeiza llegó en un helicóptero de la flota presidencial. Evitó, sin embargo, rodearse de funcionarios: en la FAM, diez días atrás, el patagónico se había mostrado con medio gabinete. Ayer, sin embargo, llegó flanqueado por la plana mayor del nuevo PJ, desde Daniel Scioli hasta Moyano, pasando por el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, también vice del partido, y por el vicegobernador bonaerense, el matancero Alberto Balestrini.
Territorial, Kirchner juntó a buena parte de los intendentes del conurbano: Julio Pereyra (Varela), Alberto Descalzo (Ituzaingó), Fernando Espinoza (La Matanza), Aníbal Regueiro (Perón), Joaquín De la Torre (San Miguel) y Darío Díaz Pérez (Lanús).
El elenco que lo acompañó en el escenario se completó con diputados como Agustín Rossi y Carlos Kunkel, piqueteros como Emilio Pérsico y operadores silenciosos, como el caso de José «Pepe» Salvini.




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