15 de mayo 2003 - 00:00

Decidido el no, regaló a su "guardia" 24 horas de ilusión

La Rioja (Enviado especial) - Había decidido el no hacía dos días, pero le regaló al comando del Sí las últimas 24 horas como candidato. Los mandó a dormir el martes creídos de seguir la pelea del ballottage el domingo. «Seguimos», se trasnochó en el restó José Luis, de la Recoleta, el ex diputado Claudio Sebastiani. «Seguimos» masticó a la misma hora el ex senador Alberto Tell al subirse a la camioneta en la que viajó 7 horas para estar ayer en La Rioja. ¿Generosidad? Seguro, pero también ejercicio hasta el final del mando sobre una tropa a la que debe mucho más que a otros que ayer no lo acompañaron. Los que pedían seguir la pelea fueron mayoría aquí. Carlos Menem los escuchó, los besó, se sacó fotos con ellos, los llevó a comer chivito, los distrajo durante ocho horas en un salón de la residencia del gobernador de La Rioja, mientras que en la sala de al lado, en otra sintonía, haciendo bromas y con paciencia de funebreros, un grupo de técnicos empleó la misma cantidad de horas en montar un estudio de TV para grabar la despedida.

•Esperanza

Nunca les dijo Menem a ninguno de ellos que se bajaba y los ilusionó hasta el final con una luz de esperanza a la que nadie le encontraba razón alguna. Cuando salió de ese improvisado set, a las 18, se acomodó en un sillón y les sonrió como si nada para anunciar, por primera vez, que no tenía sentido seguir luchando. Se acomodaron en torno a él Mirtha Pérez ( candidata a vicegobernadora en la fórmula de Alberto Pierri), los «jóvenes economistas» -como los llama siempre riendo, no se sabe por qué- y demás miembrosdel gabinete que no fue, como Rogelio Frigerio, Carlos Torres, Jorge Susmel, Paola Spátola, Pablo Rojo, Diego Estévez. Más lejos, colgado a su habano, Francisco de Narváez daba órdenes. Se abrazaban Marta Alarcia, Sebastiani, Tell, el ex senador Héctor Maya, el sindicalista Antonio Cassia, el ex vocero Adalberto Díaz García, el sobrino y vocero Eduardo «Lule» Menem.

«Una derrota con Carlos Menem el domingo hubiera significado un daño tremendo a los compañeros de las provincias que tienen sus elecciones. Desde el 8 de junio, que se elige gobernador de Córdoba hay una elección por mes. Esa es nuestra pelea, que empieza el lunes, hasta ganar»,
dijo. Uno gritó «Menem 2007». Le responden de atrás «¿Por qué 2007 si éstos no van a poder llegar?».

Menem
apaciguó con ademanes de cariño, mencionando en voz alta a quienes iba reconociendo. «Ministro de Defensa», rió mirando a Pablo Rojo, « ministro de Salud», y miró a Raúl Matera (h). No era un buen chiste, más bien lo contrario, entonces los consoló: «Van a ser, ¿por qué no? Van a ser ministros todos...». El ánimo era sombrío y sólo a Menem se le ocurrían gestos para animar. «¿A qué hora sale su avión? ¿A las siete? Pero quédense hasta mañana, así charlamos, comemos algo...». Nadie respondió y llegaba la sensación de que mejor era irse. Menem los retuvo con algunas anécdotas: «Bueno -dijo adelantando detalles del mensaje que en ese momento estaban editando los funebreros del salón de al lado- son diez minutos donde explico cuál es nuestra pelea ahora. Recordé las palabras de Evita en su renunciamiento, cuando dice 'renuncio a los cargos, pero no a la lucha'.»

«No usé un argumento que me pareció fuerte poner, para no irritar. Les iba a decir ' ustedes quédense con el 18% de los votos que yo me quedo con la gente, pero me pareció que iba a dividir'.»


La grabación había coincidido con el discurso que había dado Néstor Kirchner en el porteño Hotel Panamericano. «Fue durísimo, agresivo, lapidario», alzó la voz Cassia.

Esta gente es así, si no, miren lo que dijo la señora de Kirchner el 5 de mayo en el programa de Lanata: «Venimos a continuar la tarea del gobierno interrumpido el 24 de marzo de 1976, es decir el gobierno montonero», recordó en Menem en la frase que no le gustará conocer a la señora Isabel Perón, quien creyó que ella había terminado con esa fracción violenta de su gobierno en 1974. Suavemente, Menem fue llevando la charla al tono de un té amable y casual con un grupo de amigos, lo más distante de una despedida que puede ser para siempre. «¡Qué elegante!», lo halaga una entusiasta. «Aquí me ven, como dice de mí Fidel Castro, con mi pañuelito -se toca el que lleva en el bolsillo izquierdo del sacoy mi corbatita. Así siempre me van a ver». Risas. Como viene de Fidel, habla de los fusilamientos:«Yo me quedo con mi elegancia, él que siga fusilando. ¿Qué prefieren?». Y viene la enmienda. «Pero pese a todo es mi amigo. Miren lo que me pasó estando en Venezuela, en cumbre de presidentes. ¿No voy y me encuentro con él, los dos solos, en un ascensor? Y me dice 'Oye chico, me dicen que has estado haciendo declaraciones muy fuertes sobre mí'. Mi querido amigo, te recomiendo que no las leas». «Pero lo peor se lo dijo el primer ministro de Portugal que era socialista». «Gutérrez, un caballerazo», lo interrumpe Maya, conocedor. «Sí

Gutérrez, cuando Fidel hablaba que el socialismo esto, que el socialismo lo otro, lo interrumpe este portugués y le dice en la cara, delante de todos: 'Tú eres un caradura porque lo haces en tu país no tiene nada que ver con el socialismo, es un mamarracho, y te lo digo yo como socialista. Para colmo se le suma la mujer de este Gutérrez y le pregunta por qué habla de democracia en Cuba, si no ve que los ciudadanos puedan elegir candidatos de varios partidos en las elecciones. Fidel le respondió: 'Es que en Cuba hay un solo partido, el nuestro y allí es donde hay que elegir!». Esas anécdotas ya era difícil escucharlas porque atronaba un altavoz frente a la residencia con frases de exaltación al ya ex candidato y gritos de «Se siente, se siente, Menem presidente». Curiosa, la barra acompañó al ex mandatario hasta el jardín, donde un millar de militantes, la mayoría mujeres, gritaba pidiendo que no se bajara. Cercado por policías llegó hasta la valla de no más de medio metro y transportado casi en andas se entregó a una ordalía de besos, abrazos, gritos, llantos que se convirtió en una fiesta insólita donde las consignas de triunfo chocaban con el motivo, una despedida sin retorno a la vista.

Dejá tu comentario

Te puede interesar