21 de noviembre 2000 - 00:00

Demora otra vez el gobierno reforma previsional clave

Hoy firmamos el acuerdo con los gobernadores, pero igual el Fondo no viene todavía. Necesitamos más". Con esta frase dramatizó ayer ante ministros y legisladores oficialistas José Luis Machinea la necesidad del gobierno por lograr la reforma previsional prometida desde hace diez días, pero que es rehén de la principal batalla política que enfrenta la administración.

Hoy el gabinete simulará un análisis detallado de una iniciativa con el objeto de simular que el presidente recibirá esta tarde un proyecto final que Fernando de la Rúa simula no conocer en detalle. Eso le permite simular que duda entre dictarla por decreto simple, decreto de necesidad y urgencia o promover la sanción de una ley del Congreso. Los funcionarios de la Presidencia bromean con que De la Rúa recibió antes de viajar a Panamá el proyecto en las tres versiones (decretito, decretazo y ley). Admiten, como los ministros involucrados en este entuerto, que el tironeo que sufre el gobierno es terminal. Los operadores financieros piden esta reforma que elimina el sistema estatal de reparto para ya mismo y por decreto de necesidad y urgencia. Ese gesto salvaría inmediatamente al gobierno de todos los acosos, pero le haría estallar todas las alianzas actuales y potenciales hacia adentro y hacia afuera.

El envío de un proyecto de ley al Congreso, en cambio, no lesiona la relación con amigos y adversarios pero sería mandar la idea a la sepultura con todas las consecuencias frente a los mercados.

Anoche el presidente, que se tomó un respiro para ir a tomarse la foto como personaje del año para la revista «GENTE» en el porteño Alvear Palace Hotel, había elegido - con originalidad suma-el camino del medio. La estrategia, provisoria como el ánimo caviloso del presidente, era ésta:

1) Postergará cualquier decisión para después de la sanción del presupuesto nacional para el año 2001. Si adelantara un decretazo rompería el apoyo que hoy tiene del Frepaso para sacar la sanción en Diputados y mantendría la frágil alianza legislativa con el chachismo.

2) Cuando esa ley tenga media sanción (eso puede ocurrir el martes que viene) y el Senado acelere el tratamiento rápido del presupuesto con el viento a favor de los gobernadores De la Rúa enviará la iniciativa al Congreso; reclamará la necesidad extrema que tiene el gobierno de que se haga la reforma previsional para asegurar el auxilio externo a la economía.

3)
Como el Congreso le hará saber inmediatamente que no hay ánimo mayoritario para la sanción de la reforma, De la Rúa dictará entonces un decreto de necesidad y urgencia. Acá hay una bifurcación táctica posible: confiar en que la comisión de previsión social de los Diputados apruebe antes un dictamen favorable. Este detalle le permitiría al decretazo una mejor suerte si llega a ser discutido en la Suprema Corte de Justicia porque revelaría la voluntad favorable del Congreso a respaldar la iniciativa.

Gresca

Esta estrategia se devanó en las últimas 24 horas en un maratón de reuniones de las cuales acá se reseñan apenas dos:

La primera fue una gresca más que un copetín, que es a lo que había invitado Raúl Alfonsín el domingo por la tarde en su departamento de la avenida Santa Fe. Estaban Machinea, Leopoldo Moreau -ácido opositor a esta reforma previsional-, Eduardo Santín, moroista experto en pasividades en la cámara de Diputados y el subsecretario del Ministerio de Economía Oscar Cetrángolo, discípulo predilecto de Juan Vital Sourrouille.

Machinea
escuchó con paciencia los argumentos críticos de Moreau, Santín y del dueño de casa. Les expuso la extrema necesidad que tiene el gobierno de hacer reformas profundas y creíbles para responder a las demandas externas. Santín trajo la hipótesis de que un dictamen de comisión aplacaría las críticas de quienes reclaman una ley porque creen que si se trata de un proyecto a futuro se entenderá la «necesidad» pero nunca se podrá justificar la «urgencia».

La mesa se sobresaltó cuando Machinea preguntó, algo irritado: «¿Alguno de ustedes me asegura que puede haber un dictamen de comisión favorable en el corto plazo?». Nadie le respondió y el ministro amagó con irse sin terminar la vianda. Se lo aplacó con poco, pero no le agregaron ninguna respuesta.

La segunda reunión fue ayer en el Ministerio de Economía y convocó a Pablo Gerchunoff, jefe de asesores de Machinea, el secretario de Seguridad Social Jorge Sanmartino y los diputados Santín y María América González, musa previsional del Frepaso que preside la comisión de Previsión Social.

Gerchunoff les hizo la misma pregunta que Machinea había hecho en casa de Alfonsín y sacó la misma respuesta: nadie puede asegurar un dictamen favorable en comisión.

Todo esto lo supo anoche De la Rúa antes de ir a sacarse la foto al Alvear cuando se reunió con Chrystian Colombo y Federico Storani a analizar la situación. Fue allí cuando se decidió la estrategia de asegurar primero el presupuesto, pedir la ley y a la primera resistencia lanzar el decreto. Storani le confirmó que nadie puede pro-meter dictámenes a futuro.

Por todo esto hoy en la reunión a que llama en la ex SOMISA con
Colombo los ministros escucharán la lectura del proyecto en boca de Machinea y de Patricia Bullrich. Con las opiniones que se escuchen Colombo le llevará a De la Rúa las carpetas que el presidente ya conoce. Por la noche en la comida por el Día de la Construcción, que organiza la cámara empresaria de ese sector en salones de la Sociedad Rural, el mandatario hará pública otra vez la necesidad y urgencia con que su gobierno necesita la reforma pero en los mismos términos que usó ayer en una conferencia de prensa. «Voy a tomar todas las medidas necesarias para preservar la economía y para evitar cualquier situación de crisis», dijo. Esto, por supuesto, no excluye la vía el decreto». Y remató: «Se van a analizar muy bien las formas, que por supuesto no excluyen el decreto».

La última versión del proyecto de reforma previsional hasta anoche mantenía el aumento gradual de la edad de jubilación de la mujer hasta los 65 años, pero con la opción de poder retirarse como hoy, a los 60 años, pero sin la garantía del haber mínimo de 300 pesos. También mantiene la eliminación de la PBU (jubilación mínima, hoy de 200 pesos), en forma gradual y decreciente para aquellos que tengan haberes de entre 300 y 600 pesos mensuales. Es decir que aquellos que tengan una jubilación de 600 pesos, no cobra-rán más PBU.

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