Demoran banca del PJ por la Capital

Política

Cristina Fernández de Kirchner se sumó de manera silenciosa a la campaña porteña. Con el mayor sigilo, sigue las directivas del gobierno y contribuye a la reelección de Aníbal Ibarra de manera indirecta, aún cuando eso le cueste un voto menos al PJ en el recinto del Senado. Sorpresivamente, la primera dama borró del temario de la Comisión deAsuntos Constitucionales, que ella preside, la aprobación del pliego del senador por la minoría de la Capital Federal. Esa butaca, que se disputaron en Tribunales el socialista Alfredo Bravo y el peronista Gustavo Béliz, recayó en manos del actual ministro de Justicia, según falló la Corte Suprema.

Béliz
optó por declinar el cargo parlamentario y volver al rango ministerial de la mano de Néstor Kirchner (había sido responsable de la cartera política durante la gestión de Carlos Menem). Entonces, la banca quedó en manos de la suplente, la legisladora de la ciudad María Laura Leguizamón.

Leguizamón
, de origen duhaldista, confirmó -aunque no hacía falta-que se integraría al bloque oficialista, en cuanto le habilitaran el diploma en la dependencia de Cristina de Kirchner. Semejante compromiso, en lugar de apurar los papeles, no le movió un pelo a la santacruceña.

Alertada de que Leguizamón -al igual que Eduardo Duhalde y la Comisión deAcción Política del PJ-simpatiza con Mauricio Macri, congeló el análisis de sus antecedentes ante la inacción de sus colegas de bancada que no hicieron reclamo alguno. Antes de que Ibarra recibiera la bendición de Kirchner -vía Alberto Fernández-, nadie apostaba en contra del ingreso de Leguizamón al Congreso o imaginaba que podrían cajonearle el expediente.

Vilma Ibarra
, hermana del jefe de Gobierno y única delegada del Frente Grande, fue la primera que pataleó ante la posibilidad de que se le otorgara el escaño a Leguizamón. Por razones electorales, prefería que recayera en manos de la heredera de Bravo -quien falleció unos días antes de que se iniciara el debate en el Senado-, la cantante socialista Susana Rinaldi. Esto derivó, en principio, en un duro (pero efímero) cruce entre Vilma Ibarra y Cristina de Kirchner.

Bravo-Rinaldi, que en 2001 tenían la franquicia del ARI a nivel local, volvieron a refugiarse en la sigla del Partido Socialista, tras la reunificación partidaria y de la ruptura con Elisa Carrió. Sin embargo, el PS y el arismo de Lilita ahora volvieron a compartir listas: forman parte en el distrito metropolitano de Fuerza Porteña, la «entente» que lidera Aníbal Ibarra, en compañía de aquéllos, otras parcelas de izquierda y el kirchnerismo.

El acercamiento del Ejecutivo Nacional hacia el frentista (ayer medio gabinete lo acompañó en un acto) archivó sin fecha la aprobación del pliego en comisión. A pesar de que había sido agendado para la reunión del 31 de julio -cita que debió suspenderse por el receso invernal-, el tema no volvió a figurar en las convocatorias de Asuntos Constitucionales.

En la víspera, la comisión volvió a levantar la deliberación prevista, en la cual no aparecía la definición del tercer senador de la Capital Federal. Pasaron el encuentro para el martes que viene. En el schedule, sólo se menciona la ley de acceso a la información. Seguramente, la continuidad del juicio político a
Eduardo Moliné O'Connor en esta ala del Congreso (anteanoche se aprobó la acusación en Diputados) será motivo ideal para postergar el acceso de Leguizamón al Senado, unos días más, y garantizarle así al jefe de Gobierno que busca la continuidad, por lo menos, una primera vuelta con Macri, sin escándalos que enturbien la relación Kirchner-Ibarra y afectan la imagen pública del aliado metropolitano.

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