Interesa conocer la visión que se tiene en el Uruguay de la crisis con la Argentina por las plantas de celulosa. El semanario «Brecha», de Montevideo, hizo en su último número un resumen de esa percepción que muestra cómo el gobierno de Tabaré Vázquez sigue manteniendo el apoyo de la oposición política. También describe al gobierno argentino desenganchado de sus adversariosen este conflicto, y lo ilustra con las expresiones de Rodolfo Terragno de crítica a Kirchner. Imperdible además la calificación de Aníbal Fernández como el López Rega del Presidente. Veamos una síntesis de la nota de «Brecha» que lleva el título: «¡Flor de Semana de Turismo! Un informe controvertido en tiempo de misiles».
El viernes 7 la Cancillería recuperó la conducción de la política exterior, que -al menos en todo lo relacionado con el conflicto con la Argentina por la instalación de las plantas de celulosa en Fray Bentos- desde hace meses había quedado a cargo del secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández. Ese día, el ministro Reinaldo Gargano anunció que, por decisión del presidente Tabaré Vázquez, se daba por terminada la etapa de la negociación directa entre ambos mandatarios que había comenzado el 11 de marzo en Santiago de Chile (y aclaró por las dudas que durante ese tiempo había sido informado permanentemente por el presidente de todas las gestiones).
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(...) También en la tarde del viernes 7 Gargano convocó a la Cancillería al embajador argentino Hernán Patiño Meyer, a quien entregó una carta en la que se comunicaba al presidente Néstor Kirchner la decisión de dar por concluidas las negociaciones. El sábado 8, entrevistado por radio «Mitre», el ministro del Interior argentino, Aníbal Fernández, como si se hubiera propuesto terminar de pudrir una situación que ya tenía un olor pestilente, lanzó un verdadero misil: «No se tiene que reunir el presidente Kirchner con el presidente Tabaré Vázquez; se tendría que reunir el presidente Kirchner con el presidente de Botnia, porque son los dos únicos que pueden tomar decisiones de fondo».
(...) Después de las intervenciones del canciller Gargano y del ministro Fernández, se hizo evidente que ninguno de los gobiernos se proponía bajar la pelota al piso y arreglar las diferencias por las buenas. Hubiera sido menos farandulesco que las autoridades argentinas se hubiesen limitado a tomar nota de la decisión de Vázquez, pero fue flagrante su propósito de contribuir a ensuciar todavía más la cancha en que se disputa el diferendo.
Poder empresario
Es casi un axioma en el mundo entero que, por lo menos en sus áreas específicas de actividad, las empresas trasnacionales tienen más poder que los gobiernos (y por cierto no lo desaprovechan). Aunque tampoco debería sorprender al ministro argentino del Interior que en un país donde funcionen las instituciones el Estado no intervenga en las decisiones de una empresa privada, trasnacional o no, fuera de los casosprevistos por la ley; de ahí que la interrupción de las obras de Botnia y ENCE hayan sido un pedido del gobierno y no una imposición. Por otra parte, el ministro del Interior argentino no era, ni mucho menos, el funcionario más indicado para hacer este tipo de comentarios, teniendo en cuenta que entre sus cometidos está el de mantener el orden público y, en consecuencia, impedir que en el territorio de su país haya, por día, más de cien cortes de ruta, entre ellos, algunos que afectan las relaciones internacionales con una nación limítrofe. Con la intervención del ministro Fernández se llegó al momento más crítico del conflicto entre la Argentina y el Uruguay, que había tenido uno de sus hitos el 23 de diciembre, cuando se cortó por primera vez el puente General San Martín.
(...) Las declaraciones de Fernández generaron un fárrago de reacciones. La mayoría de ellas estuvo encaminada a buscar un diálogo más civilizado entre las partes. La pauta la marcó el canciller Gargano, al sostener que lo que había que intercambiar eran argumentos y no epítetos ni agravios.
Salieron a luz algunos antecedentes penales del ministro Fernández -no de carácter político ni de los tiempos de la dictadura- y el ex ministro colorado José Villar, que además fue consejero en la embajada uruguaya en Buenos Aires, opinó que « Fernández es el López Rega de Kirchner» (radio «Sarandí», lunes 10).
Por su parte, el ministro José Mujica hizo un llamado al diálogo, pidió a los dos presidentes que se reunieran en algún boliche -previos intercambios «por debajo de la mesa»- y sostuvo que la empresa Botnia debía mirar un poco más lejos, llegando a sugerir que para satisfacer los intereses argentinos podría montar en ese país una fábrica de papel -la parte limpia del negocio- que trabajase con la celulosa elaborada en Río Negro.
Reconciliación
(...) En la Argentina el frente político sigue disperso en relación con el conflicto. El senador radical Rodolfo Terragno, por ejemplo, señaló que su país «puede conseguir solidaridad para luchar contra la contaminación, pero no para violar leyes». En Uruguay, la tensión del conflicto facilitó la reconciliación de todos los partidos. Las tres colectividades de la oposición -y en particular blancos y colorados,que un mes antes se habíanpuesto en la vereda de enfrente cuando el encuentro con Kirchner en Santiago de Chilevolvieron a reunirse el martes 11, convocadas por el canciller Gargano para conocer los próximos pasos del gobierno, al que respaldaron plenamente a la salida de la reunión.
(...) En el encuentro, Gargano también recordó que, desde hace meses, en la Cancillería se reúne informalmente un grupo de ex ministros de Relaciones Exteriores y profesores de derecho internacional, pertenecientes a distintas colectividades partidarias, que asesoran al Ministerio. Esa constancia del ministro fue una implícita respuesta al ex presidente Jorge Batlle, quien un par de días antes formuló públicamente una propuesta en esa dirección, como si fuese una idea suya.
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