3 de marzo 2003 - 00:00

Desdén del Congreso en adiós a Duhalde

Eduardo Duhalde y Chiche González entran alborozados el sábado al Palacio del Congreso para que el Presidente diga su discurso de apertura del año legislativo. La pompa del acto convenció a José Luis Gioja, jefe de los senadores, a honrar el hábito de la corbata. Serio, casi melancólico, Eduardo Camaño y detrás Antonio Arcuri, secretario legal y técnico.
Eduardo Duhalde y Chiche González entran alborozados el sábado al Palacio del Congreso para que el Presidente diga su discurso de apertura del año legislativo. La pompa del acto convenció a José Luis Gioja, jefe de los senadores, a honrar el hábito de la corbata. Serio, casi melancólico, Eduardo Camaño y detrás Antonio Arcuri, secretario legal y técnico.
Salvo por el clamor bonaerense, Eduardo Duhalde sintió en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso que es un presidente en retirada. En una ceremonia opaca, la mayoría de los presentes -y también los ausentes-se comportaron de acuerdo con las atípicas circunstancias: el que daba el mensaje ante la asamblea legislativa no era un presidente en pleno ejercicio de sus funciones sino apenas un primer mandatario electo por diputados y senadores en enero de 2002, y con menos de 3 meses de gestión por delante.

Por lo tanto, no hubo anuncios -excepto que «nuestras tropas no irán a ninguna guerra contra Irak»- sino un balance, para muchos, demasiado optimista y parcial. Media hora resultó tiempo suficiente para enumerar logros, y para que se utilizara -en una decisión inusual-la cadena nacional de radio y TV.

•Sin autocrítica

La autocrítica estuvo ausente -ni siquiera para arrepentirse de la devaluación-. «Si no se ha hecho más no ha sido por falta de convicciones o de coraje; es, simplemente, porque no he podido», se disculpó. El resto fueron loas a sí mismo y su gabinete.

En ese sentido, apuntó que, a 14 meses del «derrumbe, la Argentina ya no se encamina hacia la disolución» y el «25 de mayo -siguió con aires de grandeza-, me iré con la satisfacción de saber que ha sido el pueblo, con su voluntad soberana, en ejercicio pleno de las libertades constitucionales, quien ha decidido el futuro de la patria, optando por la ancha avenida de la democracia». «Fortalecidas las instituciones, recuperada su economía, inserto nuevamente en el mundo, el país avanza hacia las elecciones del 27 de abril, muestra más que evidente que la democracia está a salvo», impostó la voz para recibir aplausos del PJ de Lomas de Zamora.

En esta línea argumental, Duhalde sostuvo que decidió asumir el gobierno de transición «con la convicción patriótica de que había que tomar con fuerza el timón de la República en el peor momento en materia económica-social de la Argentina contemporánea». «Estábamos inmersos en una fuerte crisis de representatividad, falta de fe del pueblo en sus instituciones, y lo que era peor con la democracia en peligro», señaló. «En lo personal, me voy con la certeza de haber dado todo de mí», dijo como si fuera una frase para quedar en la historia.

También apeló a una frase de Carlos Pellegrini para resumir la responsabilidad que le otorgó el Congreso cuando le encomendó hacerse cargo de la presidencia en medio de una fuerte crisis institucional. «Consideraré siempre como un alto honor haber presidido los destinos de la República en una época de profunda ansiedad para el patriotismo, y como la más grande satisfacción de mi vida haber conseguido salvar incólumes las instituciones; desarmar las pasiones embravecidas; levantar la autoridad más arriba de los intereses de partido, y preparar de ese modo la nueva era constitucional en que ha de entrar el país, lleno de vida y de esperanza», citó a Pellegrini, quizás ante la falta de creatividad de Carlos Ben y sus ghost writers.

•Defensa

A lo largo de su discurso, Duhalde defendió el plan económico instrumentado, y destacó que las políticas fiscales y monetarias que se aplicaron «evitaron la suba descontrolada de los precios y la inestabilidad cambiaria». «Hoy la hiperinflación es una pesadilla del pasado y ha desaparecido la desesperación de muchos por comprar dólares como refugio a su angustia», concluyó.

Duhalde resaltó la postura mantenida ante el Fondo Monetario Internacional y dijo que
«las negociaciones fueron tan largas como firme la actitud de la Argentina para no aceptar condiciones que entorpecieran el camino de la recuperación y que empeoraran aun más las condiciones de vida del pueblo». Por supuesto, no se atrevió a reconocer que se firmó una carta intención paralela.

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