Despejó Kirchner dudas de empresarios en Francia
Néstor Kirchner mantuvo anoche una cena con la liga de inversores más poderosos de Francia en la Argentina, en la sede del Senado. Acompañado por Roberto Lavagna y Rafael Bielsa, el Presidente pidió a los empresarios que miraran la «Argentina del largo plazo», frase que entusiasmó y moderó el trago agrio para los inversores que antes habían escuchado el repetido planteo de Kirchner sobre las culpas del FMI. La respuesta del presidente de los senadores franceses fue contundente: «ordenamos a nuestras empresas que permanezcan en la Argentina». Pero marcó una diferencia: «El rol del Senado que presido es estar al servicio de las empresas. Le pido -remató- que nos ayude a que lo ayudemos». Estaban presentes los titulares de France Telecom, Accor, Total, EDF, y el jefe del grupo Suez (socios en Aguas Argentinas). También insistió el presidente argentino en que el país logrará un acuerdo de largo plazo con el Fondo en setiembre. Pero para compensar, Kirchner no asistirá al desayuno con miembros de la corporación industrial francesa y, aunque no les avisó, sólo enviará a Lavagna.
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La de mañana la arma el nuevo embajador que sucedió a Dijou, Francis Lott, que anoche ingresó a la cena de su adversario corriendo, 20 minutos antes de que terminara y con el desaliño de quien venía del aeropuerto para no perdérsela -venía vía Roma). En la que está anotado el embajador argentino aquí Juan Archibaldo Lanús, repuesto de una angioplastia en el Hospital Americano de País, tras dos infartos de campaña. A la cena de anoche Kirchner se hizo acompañar también por Lavagna, Bielsa, los espías Sergio Acevedo -que se va- y Héctor Icazuriaga -que viene- y la animó con el mismo rap de que se viene del desastre y se va a la recuperación, que la culpa la tiene el FMI y Menem, que se van a revisar los '90, pero que habrá seguridad jurídica. En el discurso el Presidente agregó dos nuevas imágenes. Una retórica y otra con más contenido: «El modelo de los años '90 -bisbiseó el Presidente, que arrastra las sibilantes cuando habla- le costó a la Argentina tres gobiernos, pero no le costó el puesto a ningún funcionario permanente del FMI». Miró al público, no advirtió ningún gesto. Miró a los suyos y lo saludaron con el discreto pulgar hacia arriba, a la altura de la cintura.
Los presentes eran cerca de 45 que devoraron un coquetísimo menú que no se hubiera soñado el senador jamás en el palacio del barrio de Congreso donde se sirve bife con papas fritas y vino, nada más: rouger de roches aux grenades en filet; puré de courgettes a l'huole d'olive de entrada; de plato principal un confit d'agneau en bariigoule de legumes y de postre el plateau de fromages affinés, el militon aux framboises y el citron confit et sorbet. Los caldos, un chablis Butteaux del '98, y Chateau Carbonnieaux Pessac Leognan del '97 y un champán Duval Leroy. Tan rica mesa les permitió a los empresarios retener con más interés una segunda frase del Presidente: «Ustedes lo que tienen que mirar es la Argentina del largo plazo, que es la que para la que estamos poniendo las condiciones». Esto movió a entusiasmo, porque el arranque había sido algo agrio con frases como «todos hemos perdido en la Argentina, pero hay algunos que han perdido más», y por cierto no se refería a los inversores.
La respuesta del presidente de los senadores franceses, Christian Poncelet recogió ese guante y dijo en un pasaje también para retener: «Le hemos ordenado a nuestras empresas que permanezcan en la Argentina». El resto fue prosa legislativa con menciones al Teatro Colón, a la Recoleta, la arquitectura francesa y tuvo un punto ideológico que remarcó bien: fue cuando llamó a un diálogo entre política y empresa, reproduciendo casi un debate que se ventila en Buenos Aires: «Creo que los dirigentes empresarios aquí presentes hoy y yo mismo, estamos íntimamente convencidos de que la política se proyecta sobre la economía -el fracaso del modelo marxista y sus avatares lo prueban bien-. Estoy convencido igualmente de que están ligadas entre sí y que es necesario evitar la confrontación entre dos mundos que no se hablan entre sí». Destacó después que el rol del Senado que preside «es estar al servicio de las empresas», un lema que hizo que Kirchner se cruzase las miradas con sus comprovincianos. «Le pido, remató el francés - que nos ayude a que lo ayudemos»- y levantó la copa del brindis.
• Asistentes
Entre los presentes estaban los titulares de France Telecom (Didier Lombard y Therry Breton)), Accor (André Martinez), Dassault (Serge Dassault), EDF (Francois Roussely), Thales (Jean Pual Perrie y Guillaume Dehollain), el presidente de la MEDEF (gremio empresario, se fue a dormir creyendo que hoy lo va a ver de nuevo a Kirchner), Air France (Pierre-Henri Gourgeon), Renault (Pierre-Alain Smedt), Total (Thierry Desmarest) y Jacques Petri el jefe del grupo Suez, dueños de Vivendi, socios en Aguas Argentinas. Con la manía que ha tomado Kirchner al contrato con el agua, que cree la madre de todos los excesos a corregir, todos esperaban algún choque. Pero nada pasó salvo los saludos y la indicación de Poncelet a Kirchner en un pasaje de la cena: «Ese hombre que está ahí, el tercero a la derecha -y lo señaló a Petit-es un hombre que ha invertido mucha, mucha plata allá en la Argentina». Petit cabeceó a lo lejos y Néstor respondió. Los eruditos creen que eso justificó ya la cena y su entorno problemático. Hubo mucho cotilleo entre mesas que los testigos registraron para este cuento. Por ejemplo, cuando uno de los legisladores le explicó al Presidente: «Ud. no me va a creer, si le digo que a nosotros nos está pasando lo mismo que a ustedes. Estamos complicadísimos, tenemos un déficit de 15% del PBI, hemos tenido que ir a recortar el empleo público, que es la única variante que podemos manejar». Se lamentó, además, que una baja en el Estado por renuncia o fallecimiento no se puede cubrir. «Estamos como ustedes», se relamió. Poncelet agregó a esta explicación que otra partida que va a castigar Francia para mantener su gasto en caja son los subsidios agrarios. Bielsa, que escuchaba, sonrió, pero le explicaron: «A ustedes les conviene, pero a nosotros se nos viene la noche porque van a saltar los sindicatos agrarios que son los dueños acá del Ministerio de Trabajo. Vamos a ver cómo nos va». Bielsa memoró para su sector de la mesa -los 45 ocuparon una inmensa en un dorado salón del Senado-la visita que había hecho a la Lancaster-shire House en Londres en la noche del lunes, adonde lo había invitado a cenar el presidente del Senado inglés, el lord socialista William Malloy, que había concurrido a la asunción de Kirchner y quería tener una cena con Bielsa y sus acompa-ñantes. En la mesa sentó, entre otros, al ex ministro de Thatcher Kenneth Clark, quien sin decir agua va reivindicó su amistad con Domingo Cavallo -que después de todo es uno de los semidioses ocultos del olimpo kirchnerista-. Más todavía, en frase casi menemista se despachó para gusto de la mesa, que compartían entre otros Jorge Taiana (h) y el embajador Federico Mirré. «Si en la Argentina se hubieran hecho las reformas de segunda generación que estaban programadas, ahora ustedes estarían gozando de los frutos de Menem como gozó Tony Blair de las reformas que había hecho Thatcher en los '80".




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