16 de julio 2003 - 00:00

Despejó Kirchner dudas de empresarios en Francia

Néstor Kirchner mantuvo anoche una cena con la liga de inversores más poderosos de Francia en la Argentina, en la sede del Senado. Acompañado por Roberto Lavagna y Rafael Bielsa, el Presidente pidió a los empresarios que miraran la «Argentina del largo plazo», frase que entusiasmó y moderó el trago agrio para los inversores que antes habían escuchado el repetido planteo de Kirchner sobre las culpas del FMI. La respuesta del presidente de los senadores franceses fue contundente: «ordenamos a nuestras empresas que permanezcan en la Argentina». Pero marcó una diferencia: «El rol del Senado que presido es estar al servicio de las empresas. Le pido -remató- que nos ayude a que lo ayudemos». Estaban presentes los titulares de France Telecom, Accor, Total, EDF, y el jefe del grupo Suez (socios en Aguas Argentinas). También insistió el presidente argentino en que el país logrará un acuerdo de largo plazo con el Fondo en setiembre. Pero para compensar, Kirchner no asistirá al desayuno con miembros de la corporación industrial francesa y, aunque no les avisó, sólo enviará a Lavagna.

El presidente Néstor Kirchner recibió a la madre de Plaza de Mayo María Esther Tello y escuchó los reclamos por sus hijos desaparecidos.
El presidente Néstor Kirchner recibió a la madre de Plaza de Mayo María Esther Tello y escuchó los reclamos por sus hijos desaparecidos.
París - Cuánto le cuesta a un país el aprendizaje de un presidente. Nadie llega a la oficina sabiendo el oficio, pero es conmovedor cómo el ensayo y error en el ejercicio del gobierno abulta el pasivo de un país crítico.

Hoy, por caso, Néstor Kirchner dejará clavados a un centenar de empresarios franceses que pertenecen a la MEDEF (el gremio de empresarios, una especia de UIA) que suspendieron sus vacaciones y pagaron por desayunar con el Presidente en el salón Royal del Hotel Royal Monceau. Para peor nadie les avisó que no irá y que se hará representar por Roberto Lavagna; tampoco les comunicarán la causa, porque en realidad es inconfesable. Este fóbico presidente prefirió anoche cenar en el Senado francés con la liga de los inversores más poderosos de Francia en la Argentina y como le fue bien ahí, ¿para qué arriesgar más? Como además quiere halagar a la barra con desplantes protocolares, que muerdan el freno estos franceses y se enteren de que acá hay un presidente.

El hace alarde de que no recibe a empresarios porque le quieren capturar el poder que ganó en las urnas, no como el presidente del Senado francés, que dijo anoche que esa cámara en Francia está al servicio de las empresas. Ese Kirchner anoche, por caso, se levantó sin aviso cuando servían el café en el Palacio de Luxemburgo (sede de la cámara alta, que no se abre mucho para cena y menos en receso con 42° a la sombra), revoleó los pliegues de su double-breasted coat (saco cruzado) y dijo: «Muchas gracias por la invitación, me voy a retirar», y levantó el condumio. Se fue a pasear rodeado de sus prenseros y custodios por el París by night, que es ver la torre Eiffel decorada con luces navideñas por el 14 de julio, o el palacio del Congreso con las columnas enlazadas de gigantografías con las «Mariannes de hoy» (es el personaje que simboliza aquí a la República -la protagonizó en fotos para una estampilla- la imprescindible modelo Laetitia Casta, que Dios guarde).

Para unos esta ausencia hoy en el desayuno es responsabilidad de la primera dama y senadora Cristina Fernández, que custodia los detalles del viaje con celo que prueba este detalle: por protocolo cuando viaja la esposa del Presidente, los ministros pueden hacerse acompañar por sus cónyuges, algo que se han cuidado bien de hacer en esta visita un Bielsa o un Lavagna. Hay lugar para una sola mujer y se terminó. Ha querido descargar la agenda del esposo a quien los diplomáticos de la Cancillería le habían acumulado tres compromisos con empresarios, el de anoche con los «fat cats» del dinero francés -ya se va a contar-, hoy con la MEDEF que es algo así como el malón de las pymes y en el almuerzo de hoy con el premier Raffarin, adonde hay más invitados del mismo padrón de los negocios.

• Previsiones

Para la Argentina lo que importa es que anoche Kirchner se entregó a la flor y nata del empresariado francés al que intentó convencer con esa mezcla de chavismo y cavallismo que al final no asusta a nadie. No les va a gustar a los pymes que van hoy al desayuno, tanto que anoche un diplomático argentino le dijo a este cronista que hay previsiones hasta para un escándalo cuando vean los empresarios que no viene Kirchner sino Lavagna, que ya fue Duhalde y lo conocen bien. Lo que hacen estos viajes es que la gente sacia la curiosidad sobre los nuevos productos de la góndola sudamericana. Y eso también es importante. Los que ven bajo el agua creen entender que hay una guerrilla interna diplomática entre los franceses que se le simplifica así al lector: la cena de anoche la armó el ex embajador Paul Dijou, a quien vio hace poco aquí ya Daniel Scioli.

La de mañana la arma el nuevo embajador que sucedió a Dijou, Francis Lott, que anoche ingresó a la cena de su adversario corriendo, 20 minutos antes de que terminara y con el desaliño de quien venía del aeropuerto para no perdérsela -venía vía Roma). En la que está anotado el embajador argentino aquí Juan Archibaldo Lanús, repuesto de una angioplastia en el Hospital Americano de País, tras dos infartos de campaña. A la cena de anoche Kirchner se hizo acompañar también por Lavagna, Bielsa, los espías Sergio Acevedo -que se va- y Héctor Icazuriaga -que viene- y la animó con el mismo rap de que se viene del desastre y se va a la recuperación, que la culpa la tiene el FMI y Menem, que se van a revisar los '90, pero que habrá seguridad jurídica. En el discurso el Presidente agregó dos nuevas imágenes. Una retórica y otra con más contenido: «El modelo de los años '90 -bisbiseó el Presidente, que arrastra las sibilantes cuando habla- le costó a la Argentina tres gobiernos, pero no le costó el puesto a ningún funcionario permanente del FMI». Miró al público, no advirtió ningún gesto. Miró a los suyos y lo saludaron con el discreto pulgar hacia arriba, a la altura de la cintura.

Los presentes eran cerca de 45 que devoraron un coquetísimo menú que no se hubiera soñado el senador jamás en el palacio del barrio de Congreso donde se sirve bife con papas fritas y vino, nada más: rouger de roches aux grenades en filet; puré de courgettes a l'huole d'olive de entrada; de plato principal un confit d'agneau en bariigoule de legumes y de postre el plateau de fromages affinés, el militon aux framboises y el citron confit et sorbet. Los caldos, un chablis Butteaux del '98, y Chateau Carbonnieaux Pessac Leognan del '97 y un champán Duval Leroy. Tan rica mesa les permitió a los empresarios retener con más interés una segunda frase del Presidente: «Ustedes lo que tienen que mirar es la Argentina del largo plazo, que es la que para la que estamos poniendo las condiciones». Esto movió a entusiasmo, porque el arranque había sido algo agrio con frases como «todos hemos perdido en la Argentina, pero hay algunos que han perdido más», y por cierto no se refería a los inversores.

La respuesta del presidente de los senadores franceses, Christian Poncelet recogió ese guante y dijo en un pasaje también para retener: «Le hemos ordenado a nuestras empresas que permanezcan en la Argentina». El resto fue prosa legislativa con menciones al Teatro Colón, a la Recoleta, la arquitectura francesa y tuvo un punto ideológico que remarcó bien: fue cuando llamó a un diálogo entre política y empresa, reproduciendo casi un debate que se ventila en Buenos Aires: «Creo que los dirigentes empresarios aquí presentes hoy y yo mismo, estamos íntimamente convencidos de que la política se proyecta sobre la economía -el fracaso del modelo marxista y sus avatares lo prueban bien-. Estoy convencido igualmente de que están ligadas entre sí y que es necesario evitar la confrontación entre dos mundos que no se hablan entre sí». Destacó después que el rol del Senado que preside «es estar al servicio de las empresas», un lema que hizo que Kirchner se cruzase las miradas con sus comprovincianos. «Le pido, remató el francés - que nos ayude a que lo ayudemos»- y levantó la copa del brindis.

• Asistentes

Entre los presentes estaban los titulares de France Telecom (Didier Lombard y Therry Breton)), Accor (André Martinez), Dassault (Serge Dassault), EDF (Francois Roussely), Thales (Jean Pual Perrie y Guillaume Dehollain), el presidente de la MEDEF (gremio empresario, se fue a dormir creyendo que hoy lo va a ver de nuevo a Kirchner), Air France (Pierre-Henri Gourgeon), Renault (Pierre-Alain Smedt), Total (Thierry Desmarest) y Jacques Petri el jefe del grupo Suez, dueños de Vivendi, socios en Aguas Argentinas. Con la manía que ha tomado Kirchner al contrato con el agua, que cree la madre de todos los excesos a corregir, todos esperaban algún choque. Pero nada pasó salvo los saludos y la indicación de Poncelet a Kirchner en un pasaje de la cena: «Ese hombre que está ahí, el tercero a la derecha -y lo señaló a Petit-es un hombre que ha invertido mucha, mucha plata allá en la Argentina». Petit cabeceó a lo lejos y Néstor respondió. Los eruditos creen que eso justificó ya la cena y su entorno problemático. Hubo mucho cotilleo entre mesas que los testigos registraron para este cuento. Por ejemplo, cuando uno de los legisladores le explicó al Presidente: «Ud. no me va a creer, si le digo que a nosotros nos está pasando lo mismo que a ustedes. Estamos complicadísimos, tenemos un déficit de 15% del PBI, hemos tenido que ir a recortar el empleo público, que es la única variante que podemos manejar». Se lamentó, además, que una baja en el Estado por renuncia o fallecimiento no se puede cubrir. «Estamos como ustedes», se relamió. Poncelet agregó a esta explicación que otra partida que va a castigar Francia para mantener su gasto en caja son los subsidios agrarios. Bielsa, que escuchaba, sonrió, pero le explicaron: «A ustedes les conviene, pero a nosotros se nos viene la noche porque van a saltar los sindicatos agrarios que son los dueños acá del Ministerio de Trabajo. Vamos a ver cómo nos va». Bielsa memoró para su sector de la mesa -los 45 ocuparon una inmensa en un dorado salón del Senado-la visita que había hecho a la Lancaster-shire House en Londres en la noche del lunes, adonde lo había invitado a cenar el presidente del Senado inglés, el lord socialista William Malloy, que había concurrido a la asunción de Kirchner y quería tener una cena con Bielsa y sus acompa-ñantes. En la mesa sentó, entre otros, al ex ministro de Thatcher Kenneth Clark, quien sin decir agua va reivindicó su amistad con Domingo Cavallo -que después de todo es uno de los semidioses ocultos del olimpo kirchnerista-. Más todavía, en frase casi menemista se despachó para gusto de la mesa, que compartían entre otros Jorge Taiana (h) y el embajador Federico Mirré. «Si en la Argentina se hubieran hecho las reformas de segunda generación que estaban programadas, ahora ustedes estarían gozando de los frutos de Menem como gozó Tony Blair de las reformas que había hecho Thatcher en los '80".

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