Desvirtúa más al Mercosur la presencia de Castro y Chávez
El Mercosur dejó de ser desde ayer un bloque de integración económica liderado por Brasil y la Argentina para hacer un giro político extravagante hacia la izquierda más anticuada. Esa es la imagen que dio Córdoba ayer al mundo, con una cumbre copada por Fidel Castro y Hugo Chávez. En la práctica, el venezolano, incorporado hace apenas 15 días al grupo, ya se comporta como el jefe del grupo, aunque falten cuatro años para el ingreso pleno de su país. Al bloque, con su nueva configuración, le va a resultar imposible desde ahora avanzar en acuerdos con la Unión Europea o resistir las tentaciones de algunos miembros -como Uruguay y Paraguay- de adherir a tratados de libre comercio con EE.UU. No puede considerarse una consolidación del Mercosur, como se promocionó ayer, una fiesta montada por los caribeños que no ayuda a solucionar las tensiones internas que ya existían entre los miembros históricos. Por este camino, el proyecto original quedará en una oportunidad trunca.
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Néstor Kirchner inició oficialmente su rol de anfitrión de Fidel Castro -verdadero centro de la cumbre-, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicanor Duarte Frutos, Tabaré Vázquez, Hugo Chávez y Michelle Bachelet. Se les sumará Evo Morales. Serán todos protagonistas hoy de más desencuentros que acuerdos.
No se descartaba, sin embargo, que a último momento se programe un encuentro con Tabaré Vázquez, que ayer, apenas bajó del avión, llamó a reanudar el diálogo por el «lamentable conflicto de las papeleras». Por la noche, se abrazó con Kirchner. Ante esos gestos, ayer se especulaba con la posibilidad de una bilateral.
En las reuniones cara a cara, el más activo será el boliviano. Además de Kirchner tiene agendados encuentros bilaterales con Kirchner, Bachelet y Lula, Evo se verá a las 11 de la mañana con Castro.
Es un reflejo de los sacudones que abruman al Mercosur: la crisis del gas que involucra a Bolivia, Chile, la Argentina y Brasil, más el de las papeleras que mantiene en permanente tensión a la Argentina con Uruguay, estarán presentes en la cumbre, aunque no de manera oficial sino por encuentros bilaterales.
En la cumbre, en tanto, sobresaldrán dos hechos puntuales: la incorporación formal de Venezuela y la firma de un acuerdo comercial para abrir el Mercosur al mercado cubano. Además de lo formal, suponen gestos de marcados contenidos políticos. Casi nada: Cuba y Venezuela, son enemigos declarados de EE.UU.
Recién integrado al bloque, Chávez entró gritando condiciones. «Hay que terminar con las asimetrías», reclamó ayer en sintonía con Tabaré Vázquez que, una vez más, alertó que «tal como está, el Mercosur no le sirve a los países más pequeños». Es un planteo que avala, también, Paraguay.
Merece atención el planteo de Chávez, no sólo por lo que advierte sino, sobre todo, por el rol que se atribuye: el de árbitro. Obliga a revisar el argumento de Kirchner de que al bolivariano hay que « contenerlo».
En esa línea hoy el patagónico puede anotarse un punto: ayer gestionó una cumbre entre Chávez y el Consejo Judío Mundial, que miraba de reojo al venezolano por su empatía con el régimen de Irán, país que visitará en estos días. «Hay que sentarlo a conversar», decía ayer un traductor del pensamiento de la Casa Rosada.
Como llegó tarde y agotado, Fidel no asistió a la cena: se quedó alojado en la suite del Holiday Inn, edificio fuertemente custodiado, en el que se montó un perímetro casi inaccesible, con francotiradores apostados en el techo del hotel, efectivos policiales y gendarmes, y brigadas antiexplosivos de la Policía Federal. Además las custodias propias de los presidentes: Castro y Chávez se mueven con auténticos ejércitos.
Con menú que mezcló la Patagonia con las sierras -corderito sureño a las hierbas cordobesas, con dulces caseros y frambuesas de postre- Kirchner agasajó a los visitantes: Chávez, Bachelet, Vázquez, Lula y el paraguayo Nicanor Duarte Frutos. Como es un clásico, el discurso de bienvenida fue pura ceremonia.
En lo callejero un foco de tensión se desactivó ayer a media tarde: la movilización convocada por la Cumbre de los Pueblos, devaluada remake de la caravana anti-Bush de Mar del Plata, se acotó a un millar de militantes de izquierda y de los sectores críticos de la CTA, con Víctor De Gennaro a la cabeza. Pero queda un frente abierto: los asambleístas de Gualeguaychú intentarán expresar sus quejas contra las papeleras de Fray Bentos, protesta de desenlace impredecible. El llamado al diálogo de Tabaré, su abrazo con Kirchner y los mensajes de distensión de los cancilleres Taiana y Gargano relevaban esa preocupación.
Pasado el mediodía, luego de ceder la presidencia pro tempore a Lula da Silva, Kirchner se embarcará hacia Capital Federal y se diluirá una cumbre que, según datos oficiales, costó más de 2 millones de pesos.




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