21 de julio 2006 - 00:00

Desvirtúa más al Mercosur la presencia de Castro y Chávez

El Mercosur dejó de ser desde ayer un bloque de integración económica liderado por Brasil y la Argentina para hacer un giro político extravagante hacia la izquierda más anticuada. Esa es la imagen que dio Córdoba ayer al mundo, con una cumbre copada por Fidel Castro y Hugo Chávez. En la práctica, el venezolano, incorporado hace apenas 15 días al grupo, ya se comporta como el jefe del grupo, aunque falten cuatro años para el ingreso pleno de su país. Al bloque, con su nueva configuración, le va a resultar imposible desde ahora avanzar en acuerdos con la Unión Europea o resistir las tentaciones de algunos miembros -como Uruguay y Paraguay- de adherir a tratados de libre comercio con EE.UU. No puede considerarse una consolidación del Mercosur, como se promocionó ayer, una fiesta montada por los caribeños que no ayuda a solucionar las tensiones internas que ya existían entre los miembros históricos. Por este camino, el proyecto original quedará en una oportunidad trunca.

Néstor Kirchner inició oficialmente su rol de anfitrión de Fidel Castro -verdadero centro de la cumbre-, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicanor Duarte Frutos, Tabaré Vázquez, Hugo Chávez y Michelle Bachelet. Se les sumará Evo Morales. Serán todos protagonistas hoy de más desencuentros que acuerdos.
Néstor Kirchner inició oficialmente su rol de anfitrión de Fidel Castro -verdadero centro de la cumbre-, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicanor Duarte Frutos, Tabaré Vázquez, Hugo Chávez y Michelle Bachelet. Se les sumará Evo Morales. Serán todos protagonistas hoy de más desencuentros que acuerdos.
Córdoba - «Aquí llegamosy ya no podemos retroceder», saludó, con una sonrisa, Fidel Castro al descender del BMW gris. Eran las 20.56 cuando el líder cubano, en medio de un riguroso operativo de seguridad, llegó al hotel Holiday Inn y sepultó toda duda sobre su concurrencia o no a la Cumbre de Presidentes que se realiza en esta ciudad.

De chaqueta color verde oliva, con paso lento en el centro del corralito que su custodia armó para apartarlo de la prensa, Castro llegó pocos minutos antes de que Néstor Kirchner abandone el complejo hotelero para cumplir con el rito de anfitrión en la cena de gala programada que brindó anoche en el Palacio Ferreyra.

La cumbre es, desde anoche, Castro. Ni Hugo Chávez con sus pintorescas gorras coloradas con la leyenda que reza «Somos Mercosur» -una especie de alarido feliz por la integración de Venezuela al bloque regional-, ni Kirchner o Lula da Silva, empardan el impacto y el atractivo que genera el mandamás cubano.

Si Castro acepta compartir marquesina con Chávez y Evo Morales, en un acto organizado al margen de la agenda oficial, el eje de la cumbre se habrá corrido definitivamente. Juntos, en un acto masivo, esa trinidad -donde dos miembros no integran el bloque-, sin Kirchner, terminará de opacar a la Cumbre.

Excepto el boliviano Evo Morales, que arribará esta madrugada, a las 6, Castro fue el último en llegar ayer a Córdoba, escoltado por un comitiva numerosa, en número sólo superada por la de Chávez.

El retraso de Morales, que impidió participar de la cena de anoche, obligó a postergar la foto oficial de la cumbre para esta mañana cuando comenzarán las sesiones oficiales donde abundarán las reuniones bilaterales. Kirchner tiene confirmadas dos: con Michelle Bachelet a las 9; con Evo a las 9.30.

No se descartaba, sin embargo, que a último momento se programe un encuentro con Tabaré Vázquez, que ayer, apenas bajó del avión, llamó a reanudar el diálogo por el «lamentable conflicto de las papeleras». Por la noche, se abrazó con Kirchner. Ante esos gestos, ayer se especulaba con la posibilidad de una bilateral.

En las reuniones cara a cara, el más activo será el boliviano. Además de Kirchner tiene agendados encuentros bilaterales con Kirchner, Bachelet y Lula, Evo se verá a las 11 de la mañana con Castro.

Es un reflejo de los sacudones que abruman al Mercosur: la crisis del gas que involucra a Bolivia, Chile, la Argentina y Brasil, más el de las papeleras que mantiene en permanente tensión a la Argentina con Uruguay, estarán presentes en la cumbre, aunque no de manera oficial sino por encuentros bilaterales.

En la cumbre, en tanto, sobresaldrán dos hechos puntuales: la incorporación formal de Venezuela y la firma de un acuerdo comercial para abrir el Mercosur al mercado cubano. Además de lo formal, suponen gestos de marcados contenidos políticos. Casi nada: Cuba y Venezuela, son enemigos declarados de EE.UU.

Recién integrado al bloque, Chávez entró gritando condiciones. «Hay que terminar con las asimetrías», reclamó ayer en sintonía con Tabaré Vázquez que, una vez más, alertó que «tal como está, el Mercosur no le sirve a los países más pequeños». Es un planteo que avala, también, Paraguay.

Merece atención el planteo de Chávez, no sólo por lo que advierte sino, sobre todo, por el rol que se atribuye: el de árbitro. Obliga a revisar el argumento de Kirchner de que al bolivariano hay que « contenerlo».

En esa línea hoy el patagónico puede anotarse un punto: ayer gestionó una cumbre entre Chávez y el Consejo Judío Mundial, que miraba de reojo al venezolano por su empatía con el régimen de Irán, país que visitará en estos días. «Hay que sentarlo a conversar», decía ayer un traductor del pensamiento de la Casa Rosada.

Como llegó tarde y agotado, Fidel no asistió a la cena: se quedó alojado en la suite del Holiday Inn, edificio fuertemente custodiado, en el que se montó un perímetro casi inaccesible, con francotiradores apostados en el techo del hotel, efectivos policiales y gendarmes, y brigadas antiexplosivos de la Policía Federal. Además las custodias propias de los presidentes: Castro y Chávez se mueven con auténticos ejércitos.

  • Agasajo

    Con menú que mezcló la Patagonia con las sierras -corderito sureño a las hierbas cordobesas, con dulces caseros y frambuesas de postre- Kirchner agasajó a los visitantes: Chávez, Bachelet, Vázquez, Lula y el paraguayo Nicanor Duarte Frutos. Como es un clásico, el discurso de bienvenida fue pura ceremonia.

    En lo callejero un foco de tensión se desactivó ayer a media tarde: la movilización convocada por la Cumbre de los Pueblos, devaluada remake de la caravana anti-Bush de Mar del Plata, se acotó a un millar de militantes de izquierda y de los sectores críticos de la CTA, con Víctor De Gennaro a la cabeza. Pero queda un frente abierto: los asambleístas de Gualeguaychú intentarán expresar sus quejas contra las papeleras de Fray Bentos, protesta de desenlace impredecible. El llamado al diálogo de Tabaré, su abrazo con Kirchner y los mensajes de distensión de los cancilleres Taiana y Gargano relevaban esa preocupación.

    Pasado el mediodía, luego de ceder la presidencia pro tempore a Lula da Silva, Kirchner se embarcará hacia Capital Federal y se diluirá una cumbre que, según datos oficiales, costó más de 2 millones de pesos.
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