Difícil sacar a Moliné pese a juicio viciado
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En esas condiciones, la asistencia no podrá ser superior en el recinto a 58. Por encima de esa cifra, será impracticable ajusticiar a Moliné, salvo que haya amigos radicales o provinciales. Si estuviera todo plenario (71 senadores), los avales deberán trepar a 48 voluntades, número imposible de conseguir sin la complicidad de, por lo menos, una decena de representantes de otras escuderías.
La UCR -aunque sea una parte-deberá subirse a la acusación o retirarse del cuerpo antes de la votación. Es evidente que, si los correligionarios se dejaran llevar por la posición histórica respecto de la ampliación de la Corte en tiempos de Carlos Menem y de Moliné mismo, decretarían ipso facto la capitis diminutio del magistrado. Fueron los principales contradictores de subir de 5 a 9 la cantidad de miembros del máximo tribunal, y encabezaron los pedidos de juicio político contra la denominada «mayoría automática», identificada con el peronismo de Anillaco.
El problema, que advierten Raúl Baglini y el santiagueño José de Zavalía (por mencionar a los que hicieron explícitas sus críticas al trámite anti-Moliné), es que el procedimiento elegido se parece más al de un circo romano, donde leones devoran opositores, que a cualquier juicio en estado de derecho.
El dilema radical es que, si salvan o votan en contra del enjuiciamiento (no a favor del acusado), quedarán como aliados del menemismo y protectores de un juez al que siempre quisieron decapitar, pero con métodos transparentes y causas justificadas, no endebles como las de los expedientes que se le reprochan: Meller, Macri y Magariños.
Conocen, además de las represalias que pueden dedicarles desde el oficialismo, que tratarán de endilgarles la peor vinculación política y judicial, en caso de que se rebelen contra esta embestida. Por otro lado, y esto beneficia al reo, temen estos radicales -a imagen y semejanza de peronistas que sólo lo admiten a sus íntimos, pues están sujetos al PJ-pasar a la historia como partícipes de un modelo de destitución de magistrados poco serio.
De cualquier manera, antes de la resolución, habrá una sesión secreta que comenzará mañana, a las 12. Sin taquígrafos ni asesores (por supuesto, tampoco cronistas u otros testigos), los senadores debatirán a solas lo que ya ha decidido el gobierno. A continuación (puede durar horas), ya con las puertas abiertas del recinto, se hará la votación nominal.
Ayer, la ONG Poder Ciudadano le reclamó a Daniel Scioli que esa discusión privada se haga pública para darle mayor transparencia al proceso.




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