2 de julio 2002 - 00:00

Discurso de Felipe Solá tras asunción de J.P. Cafiero como ministro de Seguridad

Quiero saludar especialmente a todas las autoridades presentes de los tres poderes del Estado, a las organizaciones civiles que se encuentran hoy aquí, a los integrantes de la Policía de la provincia de Buenos Aires, al doctor Juan Pablo Cafiero y a su familia que están hoy aquí acompañándonos. Destaco la presencia del Ministro saliente, doctor Luis Genoud. Quiero agradecerles a todos su presencia en este acto; a pesar de que no es un acto rutilante, ni flamante, ni alegre.

No podemos renunciar a la esperanza, no debemos hacerlo. La esperanza decía Borges significa que hay una forma que tiene el porvenir de anunciarse de apoco en los corazones. Esperemos que este porvenir sea mejor, mientas tanto no podemos dejar de decir que los hombres de este gobierno y creo poder hablar sin haber recibido esa representación exacta de muchos hombres y mujeres de la policía de la provincia de Buenos Aires, sentimos vergüenza e indignación. Desde hace seis días vivimos con un gusto amargo en la boca que se agrega a muchos sinsabores que vivimos en estos tiempos.

Desde hace seis días vivimos consternados, con vergüenza y dolor. No encuentro otras palabras para definir mi estado de ánimo con relación a las escenas vistas, a la respuesta del Estado frente a uno de los requerimientos que, lamentablemente, será casi cotidiano en la Argentina que vivimos. Será un requerimiento más, con el que creíamos que habíamos aprendido a convivir, desde la fuerza del Estado, es decir, desde la civilización que debe representar el Estado. No fue así. Triunfó el matonismo asesino, triunfó la creencia de que podía haber impunidad, impunidad que la democracia ya no permite, hasta por razones tecnologías. Las cámaras de video, los fotógrafos dispuestos a registrar y denunciar lo que vieran, la gente ya no se arregla fácilmente con las amenazas sino que testifica.

Estamos consternados pero no abatidos, estamos consternados pero creemos saber lo que tenemos que hacer. Lo que tenemos que hacer no es salir a nuestra propia caza de brujas dentro de la institución policial, lo que tenemos que hacer es redoblar el esfuerzo de una conducción civil, política desde el Ministerio de Justicia y Seguridad previniendo para no tener que lamentar después. Lo que tenemos que hacer es tener una sola línea de coherencia y de conducta, que no cambie cualquiera sea las circunstancias políticas, con relación a nuestro mensaje hacia los hombres que tienen que enfrentar cotidianamente una realidad tremenda, esos hombres han perdido veintiséis vidas en los meses que llevo gobernando la provincia de Buenos Aires. Esos hombres están sometidos a la presión cotidiana, tienen las cárceles y las comisarías llenas de presos, el número total de presos en la Provincia aumentó de manera dramática en solo dos años, como producto de la inflexibilidad que la ley le deja a los jueces de primera instancia para tomar decisiones de encarcelamiento. Esos hombres tienen hoy que cuidar la vida de los demás, arriesgando la propia en la calle y cuidar la propia vida cuando regresan a la comisaría, dada la alta peligrosidad de muchos de los presos que, en condiciones absolutamente inhumanas, ocupan las comisarías.

Por la mañana los patrulleros deben estar llevando presos a los juzgados y esto hace que no haya patrullaje a la mañana porque los patrulleros están en esa función, esto desnaturaliza la función policial, le quita tiempo, esfuerzo y energía, le quita a la ciudadanía, lo que ésta merece que es patrullaje, prevención y disuasión. Esos hombres también han tenido que manejar el orden publico en miles de los cortes de ruta realizados como parte de una protesta social absolutamente comprensible en un país con el nivel de deterioro creciente económica y socialmente como el nuestro. Esos hombres lo hicieron con sus más y sus menos, exitosamente desde el punto de vista de lo que se puede esperar de un corte de ruta que es la no existencia de víctimas civiles y policiales. En casi todos los casos existió aquello que no se puede obviar en ninguna etapa de la vida publica y privada y mucho más cuando se trata del orden publico y no de la lucha contra la delincuencia que es una negociación humanizante previa, para que las condiciones en que se realizara esa alteración de las normas publicas, estuvieran bajo control. Esta vez no tuvieron la oportunidad de tenerlas, pero quien estuvo a cargo del operativo y quienes eran sus superiores departamentales, no tomaron el más mínimo recaudo para que, frente a la ausencia de esa negociación, no existiera lo que existió, el descontrol, el asesinato, el matonismo.
La verdadera lucha de nuestra policía, del Ministerio de Seguridad y por lo tanto del Estado, ha sido el reclamo en cuanto a mayor seguridad individual, es decir, la lucha contra la delincuencia, que no nos paralice esta circunstancia de vergüenza que esta siendo investigada como se debe por la Justicia, a pesar de que se han borrado pruebas de la escena del crimen, mientras los detenidos se negaban a declarar para ganar tiempo como me ha comunicado el señor Fiscal de la causa.

Nuestra misión fundamental es que los hechos no nos paralicen, es respaldar a la policía en la lucha contra la delincuencia y controlar a través de jefes policiales idóneos, nuestro accionar frente a los problemas que plantea la protesta social y el orden publico.
He designado, ante la renuncia indeclinable del doctor Genoud, al doctor Juan Pablo Cafiero, hay una especie de patología en la interpretación de los nombramientos y de los hechos de los hombres que estamos al frente del Estado que no quiero que contamine este nombramiento.

Es posible que la mayor parte de los argentinos recuerden a Juan Pablo Cafiero como el hombre que viajó, sorpresivamente, para sentarse a conversar con argentinos que estaban cortando la ruta, hombres que a partir de ese momento comenzamos a llamarse
piqueteros, que es un rotulo más. Esa es la imagen publica que más se recordará de él, razón por la cual, inmediatamente, empezó una especulación alrededor de su nombramiento en términos de que el nuevo ministro venía porque tenía relación con los hombres que cortaban rutas, eso es absolutamente falso.

El nuevo ministro viene porque tiene una suma de condiciones que yo creo necesarias para este momento, primero porque tiene convicción moral fuerte y no hay lucha que se pueda mantener si no se tiene esa convicción, sin convicción moral, el que va a pelear está quebrado de antemano, el doctor Cafiero tiene, probadamente, esa convicción; en segundo lugar, tiene conocimiento del Gran Buenos Aires, es bonaerense, es un hombre que comulga con las ideas que sostenemos quienes llegamos al gobierno desde el justicialismo, que ha sido independiente y valiente tanto intelectual como físicamente. Estas condiciones se necesitan para estar en cualquier ministerio y más aun, en le ministerio de Justicia y Seguridad, además Cafiero es un hombre justo que no se apresura y que no actúa por prejuicios sino por juicios. Por estas razones es que esta hoy, Juan Pablo Cafiero, en el Ministerio de Justicia y Seguridad.

El problema de la protesta social no es un problema de seguridad, es un problema derivado del hambre, de la imposibilidad de salir del barro, de la falta de caminos para la juventud. Los jóvenes fueren violentos, porque fueron muy violentos el día Miércoles, tan violentos que la sociedad, que desconocía lo que había ocurrido en la estación Avellaneda, el día Jueves, se había volcado en contra de la violencia que había visto por las cámaras de televisión. Desconocía lo que más tarde, duramente, supimos. Cuando estos jóvenes, miran a la cámara y dicen “'bfqué prefieren, qué luche o que salqa a robar?”Nos pone a todos en un aprieto indiscutible y frente a un dilema de hierro, es muy difícil dar respuesta a esa pregunta.
Entonces se trata de un problema social, humano, de justicia, que no justifica la violencia, porque la violencia escala a la otra violencia, nosotros no vamos a escalar a la violencia, vamos a cuidar el orden publico, esa es la responsabilidad el Estado, mantener la cordura, la razón.

Quiero agradecerle el esfuerzo que hizo el doctor Genoud en estos meses en el Ministerio de Justicia y Seguridad, su dedicación plena, su honestidad para manejar los temas, su honestidad intelectual para admitir lo bueno y lo malo, su apoyo incondicional, su lealtad, su consejo cotidiano que voy a extrañar mucho. A él también lo sorprendió la falta de respuesta veloz el día Miércoles, de la cadena superior de mandos, que no le dio ni al ministerio ni al gobierno, ninguna otra explicación que no fuera la del propio jefe del operativo, es decir que no fuera una mentira falaz, producto de un psicópata.

Asumamos nuestras responsabilidades, Genoud lo ha hecho y supo, desde ese momento, que no se quedaba más en el ministerio y así me lo hizo saber. No tengo más que un enorme agradecimiento por estos meses.

Los argentinos necesitan de la policía, los bonaerenses necesitan de la policía de la provincia de Buenos Aires, mal llamada “a bonaerense” Existen miles de policías que cuando oyen esa palabra se indignan y se duelen, existen familiares de policías, viudas, hijos huérfanos que cuando oyen esa palabra sienten que se generaliza y que se comete una dura injusticia con quienes están en sus lugares de trabajo cumpliendo. Nosotros, no vamos a caer en ninguna generalización porque estamos en falta con temas fundamentales que hacen a la seguridad y que afectan a la policía.

Para que una democracia deba seguir, tiene que haber un aire democrático en el ambiente y la responsabilidad de que ese aire exista es del Estado, la defensa de ese ambiente es de todos. Esta vez, los que no están en el Estado, cumplieron, defendieron ese ambiente, denunciaron para que no ocurriera más.

Que quede claro, que desde este gobierno nunca se hicieron declaraciones para crear un clima de represión en los días previos al Miércoles 26, que quede claro que pensamos, ingenuamente, que íbamos a tener un nuevo corte, más difícil por las condiciones anticipadas de mayor posibilidades de violencia que había. Debe quedar claro que detestamos la creación de ambientes previos, que cada uno se ponga el sayo y asuma su responsabilidad en ese sentido porque desde el gobierno provincial nunca salió ni saldrá la creación de ambientes de ese tipo.

Que quede claro que vamos a seguir en nuestra función sin aflojar, que estamos en democracia, con leyes, con policías, con ciudadanos, todos de la misma categoría, no hay piqueteros duros y piqueteros blandos, hay gente que protesta, no hay policías duros y policías blandos, no los habrá. Habrá una sola clase de policías, los que cumplan con su deber y con la ley. Que quede claro que este es el compromiso que hacemos hoy desde la vergüenza y desde el dolor.

Muchas gracias.

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