Alberto R. Saá, Cristina Kirchner, Luis Patti y Jorge Sobisch.
A casi una semana del cierre de inscripción de candidaturas, el Partido del Gobierno parece lograr su principal herramienta para asegurarle una continuidad a la familia Kirchner en el poder: desbaratar cualquier intento de que el peronismo opositor presente un candidato único en las elecciones del 28 de octubre. Ese, y no el fracaso de la alianza Carrió-López Murphy -como se dice en algunas confiterías de la Capital Federal- es el hecho eficiente de la estrategia presidencial. Que esa entente entre los dos ex radicales pudiera modificar sustancialmente un resultado electoral es una presunción tan frágil como cualquiera que se formule sobre el futuro.
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Lo que mejora sustancialmente la chance de Cristina de Kirchner de no disputar el cargo de su marido en una segunda vuelta electoral es que el peronismo antikirchnerista no se haya unificado. Ese es un dato actual y no una presunción sobre lo que podría pasar y es más un acierto del peronismo kirchnerista que un fracaso de una oposición que se mueve -como Elisa Carrió en el sainete de la alianza con Recrear- sin mentalidad ganadora.
El resultado de todas las elecciones provinciales que se han realizado en 2007 revelan un dato que ha sido aterrador para los Kirchner: cuando hubo una alternativa no kirchnerista en el mostrador, peronista o no, el público la eligió frente a la marca kirchnerista Frente para la Victoria, que sólo ganó Tucumán aunque con un candidato como José Alperovich que preexiste al kirchnerismo (fue radical, despuésduhaldista, ahora kirchnerista).
Esos resultados muestran que hay un voto mayoritario para el peronismo kirchnerista, cuyas posibilidades de continuar en el gobierno se hubieran visto amenazadas si el peronismono kirchnerista hubieralogrado unificarse detrás de un solo candidato. Pareció que se lograría en la asamblea de Potrero de los Funes, cuando el arco de los Rodríguez Saá, Carlos Menem y el primo Jorge Sobisch (dice que su padre era peronista) se mostraron juntos. Pero duró poco y terminó fracturado con cada uno de esos protagonistas con un juego distinto. Un candidato que surgiera de ese sector peronista antikirchnerista no hubiera ganado las elecciones pero seguramente hubiese capitalizado a los sectores de la sociedad -especialmente en el peronismo- muchos más votos de los que pudieran soñar Carrió y López Murphy o Roberto Lavagna.
Festejo
La división del peronismo es lo que festeja hoy el Partido del Gobierno, que conoce las leyes profundas de la política: el peronista sólo vota a otro peronista, por eso quien quiera ganar una elección tiene que entregar todo a cambio de que el peronismo no esté dividido. Cada vez que el peronismo se partió en fracciones, ganaron sus opositores (1983, 1999), por eso los Kirchner entregaron y entregarán todo con tal de que sus contradictores de adentro no les ofrezcan a los peronistas una ventanilla auxiliar como la que tuvieron en todas las elecciones provinciales que el kirchnerismo prolijamente perdió.
El énfasis en que el peronismo no kirchnerista no tenga una candidatura unificada necesita de otros fusibles, a saber:
Que los candidatos provinciales con capacidad de voto en distritos grandes no tengan candidato a presidente. Eso lo logra en Buenos Aires con Unión, de Francisco De Narváez, y Paufe, de Luis Patti, que se anotarán como postulantes sólo a gobernadores. De Narváez junta dos sectores con chances de sacar una buena cantidad de votos en la lista a gobernadores, rango en el cual el gobierno no ve peligrar la elección de Daniel Scioli (tiene más intención de votos que Cristina de Kirchner): el nombre Macri y una señal del duhaldismo que no cerró con Kirchner en la provincia. De Patti, el gobierno no olvida que en 2003 fue la segunda fuerza más votada a gobernador en la elección que ganó Felipe Solá (el ex comisario sacó 733.262 votos, 12,39% del total). En 2005, Patti sacó para diputados 394.398 votos, 6,00% del total.
De Narváez y Patti han comunicado con una formalidad digna de mejor causa que no irán con candidato a presidente. Una rareza tratándose de hombres con chance de juntar votos del peronismo; el jefe de campaña de De Narváez es Gustavo Ferri, el yerno de Eduardo Duhalde y padre de los «mellicitos» que tanto alegran la dulce abuelidad de « Negro»; Patti soportó en 2005 la candidatura de Chiche Duhalde. ¿Canjeó alguno de ellos la legalización de su candidatura por parte del oficialismo a cambio de no llevar postulante a la Presidencia? Sin prueba es una canallada afirmarlo, pero no faltan quienes las están buscando en estas horas.
El caso de candidatos a gobernador que no tienen postulante a presidente se repite en varias provincias. Es interesante dirigir la mirada hacia dos antikirchneristas conspicuos, como Ramón Puerta en Misiones o Eduardo Arnold en Santa Cruz, víctimas del Big Bang de Potrero de los Funes que especulan si colgar sus boletas locales de Alberto Rodríguez Saá, Jorge Sobisch o Roberto Lavagna (impensable que lo hagan de Carrió o López Murphy). Es muy probable que al final también se abstengan de adherir a una boleta nacional para no comprarse peleas ajenas.
Para todos ellos el gobierno tiene previsto un plan que graciosamente llaman «los gallegos», en evocación de aquel lema publicitario de la tienda marplatense que decía «Viaje sin valijas, Los Gallegos tiene de todo». El partido del gobierno les dirá a esos huérfanos: «Vayan sin candidato a presidente, nosotros tenemos a Cristina». El plan consiste en organizar una campaña de distribución de boletas distinta de la habitual, cuando un candidato a intendente o a gobernador reparte sobres con su boleta y dentro del sobre pone la de un candidato a cargos más altos para beneficiarse de la campaña de éste. En esta oportunidad, el kirchnerismo repartirá, sabiéndolo ellos o no -nunca lo admitirán- sobres con boletas de Cristina en un mismo sobre con la de esos candidatos (De Narváez, Patti, Puerta o Arnold, eventualmente). Especulan en el gobierno que un porcentaje considerable de peronistas decididos a votar a esos postulantes a gobernadores provinciales que no tienen candidato a presidente pueden llegar a meter las dos boletas. ¿Se negará alguno de estos antikirchneristas a la maniobra, que a su vez puede acercarle votos cristinistas enojados con sus adversarios locales?
Con ese expediente, una picardía mansa dentro de las que se pueden hacer en campaña, especulan en el Partido del Gobierno que la candidatura de Cristina de Kirchner podrá acercársele algo a Scioli en cantidad de votos. El plan explota un fracaso del peronismo no kirchnerista que con el correr de las horas se revela tenía dos alas internas: quienes son antikirchneristas y quienes sin serlo buscan algún acuerdo con el gobierno y frustraron por medios que hasta exhiben cierta torpeza que el otro peronismo, el que no está en el gobierno, pudiera armar una alternativa para el voto de su partido pero que no digiere a los Kirchner.
El fracaso de la alianza CarrióL. Murphy lo que produjo es desconcierto en el electorado opositor, que no ha terminado de entender por qué se pelearon ni por qué se juntaron en algún momento. Sirvió para que se produjeran rencillas hacia adentro de PRO-Recrear y también hacia adentro del ARI; pero el gobierno fue apenas un espectador, aunque aplaudiera el final. Lesionó no tanto una oportunidad de sumar votos -algo improbable en política- sino el plan de sostener varias candidaturas presidenciales activas hasta el 28 de octubre de manera de inducir una segunda vuelta electoral. Este fue el plan de López Murphy que sigue siendo una hipótesis a la que no ayudaron nada las dos semanas en las que se distrajo en este divorcio más que anunciado.
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