Eduardo Duhalde, en cumbre reducida, apuntalará esta noche la estrategia que gestó para presionar a Carlos Menem a compartir la cena del acuerdo o, ante una ruptura terminal, importunarlo en la interna de diciembre movilizando al PJ de Buenos Aires en su contra o a su favor si el riojano cede una negociación.
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Ayer, jefes bonaerenses y hasta un ministro admitieron en rondas privadas que ése es el objetivo primario de la convocatoria para renovar la cúpula partidaria del PJ -tienen mandato hasta setiembre de 2003- en paralelo con la primaria presidencial del 15 de diciembre.
En San Vicente, luego de la cumbre del 17 de octubre, Duhalde ordenará la mesa chica del Congreso del PJ bonaerense -la preside Osvaldo Mércuri-que delineará el orden del día del encuentro del sábado 26 de octubre donde se ratificará el llamado a comicios partidarios.
No es una aventura aislada. Un ministro confesó que encaja en una táctica global junto a la apelación de ayer al fallo de Servini de Cubría que abortó las simultáneas y la convocatoria al Congreso Nacional del PJ, en cuarto intermedio, desde el encuentro de Lanús de noviembre pasado.
Nadie, sin embargo, operó plan alguno para hacer claudicar a Chiche Duhalde en su negativa a pactar con Menem. Resulta más fácil la alquimia electoral que convencer a la primera dama.
Es parte de una película que empezó al ritmo etílico del casamiento de la hija de José Pampuro, siguió el lunes en Lomas de Zamora y se profundizó el martes a media tarde en una cita en Casa de Gobierno entre Duhalde, Mércuri, Eduardo Camaño, Alberto Balestrini y Aníbal Fernández.
Ese mismo día, a la noche, antes de cenar en «Lola» -el duhaldismo hard se mudó de «Puro Humo»- en la sede porteña del PJ provincial, Balestrini, Hugo Curto y Baldomero «Cacho» Alvarez contaron el plan presidencial.
Dijeron que el peronismo de Buenos Aires no puede ser ajeno a la interna presidencial y que, como protección, debían elegir en diciembre de 2002 a la cúpula partidaria que asumirá a fines de 2003 con mandato hasta 2007. Inédita previsión. «No entiendo lo que quieren hacer, no entiendo», dijo Manolo Quindimil y se escudó en un acto en Lanús para abandonar la reunión nocturna del martes.
Fue entonces que Balestrini -crítico feroz del duhaldismo y cercano a Adolfo Rodríguez Saá- desnudó un perfil inusual: se convirtió en vocero del Presidente, dicen que abrumado por el temor a perder La Matanza en manos de Alberto Pierri.
De hecho, el matancero se alineó con los hiperduhaldistas Curto, Alvarez y Carlos Catterbeti para defender la convocatoria electoral.
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