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•Temor
Pocos creen que lo logre en la cancha grande, más cuando bajo el mismo techo alberga el amanuense de esa táctica y que hoy sufre a los dos patrones. Es Juan Carlos Mazzón, viejo empleado de Kirchner, pero que sirvió, cual Arlequino criollo, a más de un patrón, entre ellos a Duhalde. Este le reclama diariamente por teléfono por las circunvalaciones partidarias que recorre Kirchner agraviando a los caciques provinciales que lo apoyaron. Mazzón responde que él no tiene nada que ver con esas picardías y que las sufre como un duhaldista más.
•Distancia
Arlequino quiere tomar distancia ante esos reclamos por las demandas de gente que no ve con buenos ojos cómo Kirchner consiente el esmeril sobre Carlos Juárez en Santiago del Estero, o cómo alienta a una decena de candidatos que van por afuera del PJ en varias provincias referenciándose en el Presidente.
Duhalde no termina de entender el juego de Arlequino que desde la Casa de Gobierno, cuyo dueño hoy apoya a Ibarra, sostiene a su propio hijo, Mauricio, en las listas de candidatos a legisladores de Macri. Mazzón Jr. es hasta nuevo aviso vicario de los movimientos de su padre, ya que carece de peso propio en la política como para estar anotado ya en una candidatura legislativa.
•Intereses
El ex presidente no tiene claro si en definitiva el apoyo de Kirchner irá a fondo en favor de Ibarra, con lo cual la suerte electoral del frentista mejoraría mucho ante Macri. No quiere decidir tampoco nada que lo muestre aún expresamente diferenciado del santacruceño; tiene muchos intereses todavía en el actual gobierno y teme perderlos por una pelea en distrito ajeno.
Parece obligado a respaldar lo que haga el PJ de Miguel Toma -apoyarlo a Macri - o su jefe en Diputados, Eduardo Camaño, cuyo socio Eduardo Rollano también milita en el macrismo. Además se siente forzado a apoyar adonde esté el PJ formal, y ese sello está anotado junto al presidente de Boca. Es inevitable que Macri empiece a aparecer en fotos junto a peronistas eminentes como Ramón Puerta (anoche junto a él en el palco oficial de Boca-Santos), Rubén Marín o Carlos Reutemann.
Duhalde permanecerá hasta la primera semana de julio en Europa, pero tendrá oportunidad de conocer algo más del escenario político donde se precipita una pelea inevitable. Entre hoy y el martes próximo podrá cruzarse en Roma o París con Daniel Scioli, un hombre cuyo criterio para él es decisivo sobre qué conducta tomará en la Capital. También anda por allá el presidente de la CAP, Comisión de Acción Política, el gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner.
•Decisión
Ese nucleamiento de gobernadores peronistas y jefes partidarios del interior ya proclamó su apoyo a Macri y debe sentarse a decidir qué harán con los disidentes del PJ en cada distrito que han preferido irse por afuera con la venia de Kirchner, pero arriesgando hasta una silla en la mesa de conducción del peronismo.
Cualquier gesto que haga, además, lo obliga a revisar su pasado inmediato: Menem -desde anoche de regreso en la Capital Federal-es el más veterano sponsor de la postulación de Macri. La gente del riojano, sin decir nada, ayudará a la candidatura del empresario y Duhalde no sabe si esta coincidencia no es aún inoportuna.
El, como Kirchner o Menem, es peronista y está obligado a ganar, y lo último que querrían es quedar atados a una derrota por algo tan extraño a su estirpe como puede ser una convicción; el peronismo tiene la pena de muerte para quien se equivoca y pierde.
Hasta nuevo aviso es claro además que Duhalde hará lo que le indique Scioli, en quien él siempre depositó su estrategia en la Capital Federal. Al vicepresidente lo último que le conviene es abrir la boca sobre la elección en su distrito, porque sabe que puede volcar voluntades en favor de uno o de otro candidato. El es el PJ oficial -ganó la elección interna para jefe de Gobierno-; y hay encuestas que hoy mismo siguen indicando que si se presentase ganaría la elección, pero su compañero de fórmula y presidente mira hacia el adversario del PJ que es Ibarra. También la distancia del océano le da una oportunidad, aunque sea de pocos días, de pensar qué hacer en una pelea que nadie esperaba para tan pronto.




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