26 de junio 2003 - 00:00

Duhalde demora regreso hasta que aclare la interna porteña

Eduardo Duhalde dio el esquinazo ayer en el aeropuerto de Roma. Se preparaba para embarcar y lo pensó mejor, despachó a Chiche rumbo a Buenos Aires, y se quedó hasta nuevo aviso en Europa junto a su hija María Eva.

La decisión no la explicó con rodeos a quienes lo esperaban ansiosos hoy de regreso: prefiere esperar a que decante la pelea que ha estallado en el peronismo por el apoyo a los candidatos que pelean por la Jefatura de Gobierno de la Capital Federal.

Una vez que se haya descubierto más el juego verá qué actitud tomará en una pelea para la cual su gente ya optó en favor de Mauricio Macri y en contra del hoy socio de Néstor Kirchner, el frentista no peronista Aníbal Ibarra.

•Temor

Además, se enteraron los duhaldistas que tuvieron el privilegio de escucharlo por teléfono desde Roma (algo inusual porque el ex presidente padece el creciente síndrome de pánico a las pinchaduras), que Duhalde le teme a la demanda de su tropa en queja por desaires de un gobierno que no los atiende. Como graficó un veterano intendente bonaerense: «Nos sacamos la lotería, pero venimos a cobrar y nadie nos quiere pagar».

Es decir, jugaron por la elección de Kirchner, pero ahora el santacruceño los trata como adversarios, algo que debieron prever como una necesidad política si hubieran repasado no ya el Maquiavelo, apenas el Perón básico.

La furia duhaldista la alimenta además un dictamen que el ex presidente transmitió ya desde Europa la semana anterior: rechaza la política de división del peronismo que alienta Kirchner desde la Casa de Gobierno. Le recuerdan que eso lo inventó él para derrotarlo a Carlos Menem y responde que era una táctica con plazo fijo. Imposible que Kirchner admita hoy no usar esa palanca formidable para lograr en el orden nacional lo que consiguió en su provincia, pulverizar cualquier liderazgo que le hiciera sombra.

Pocos creen que lo logre en la cancha grande, más cuando bajo el mismo techo alberga el amanuense de esa táctica y que hoy sufre a los dos patrones. Es
Juan Carlos Mazzón, viejo empleado de Kirchner, pero que sirvió, cual Arlequino criollo, a más de un patrón, entre ellos a Duhalde. Este le reclama diariamente por teléfono por las circunvalaciones partidarias que recorre Kirchner agraviando a los caciques provinciales que lo apoyaron. Mazzón responde que él no tiene nada que ver con esas picardías y que las sufre como un duhaldista más.

•Distancia

Arlequino quiere tomar distancia ante esos reclamos por las demandas de gente que no ve con buenos ojos cómo Kirchner consiente el esmeril sobre Carlos Juárez en Santiago del Estero, o cómo alienta a una decena de candidatos que van por afuera del PJ en varias provincias referenciándose en el Presidente.

Duhalde
no termina de entender el juego de Arlequino que desde la Casa de Gobierno, cuyo dueño hoy apoya a Ibarra, sostiene a su propio hijo, Mauricio, en las listas de candidatos a legisladores de Macri. Mazzón Jr. es hasta nuevo aviso vicario de los movimientos de su padre, ya que carece de peso propio en la política como para estar anotado ya en una candidatura legislativa.

•Intereses

El ex presidente no tiene claro si en definitiva el apoyo de Kirchner irá a fondo en favor de Ibarra, con lo cual la suerte electoral del frentista mejoraría mucho ante Macri. No quiere decidir tampoco nada que lo muestre aún expresamente diferenciado del santacruceño; tiene muchos intereses todavía en el actual gobierno y teme perderlos por una pelea en distrito ajeno.

Parece obligado a respaldar lo que haga el PJ de
Miguel Toma -apoyarlo a Macri - o su jefe en Diputados, Eduardo Camaño, cuyo socio Eduardo Rollano también milita en el macrismo. Además se siente forzado a apoyar adonde esté el PJ formal, y ese sello está anotado junto al presidente de Boca. Es inevitable que Macri empiece a aparecer en fotos junto a peronistas eminentes como Ramón Puerta (anoche junto a él en el palco oficial de Boca-Santos), Rubén Marín o Carlos Reutemann.

Duhalde
permanecerá hasta la primera semana de julio en Europa, pero tendrá oportunidad de conocer algo más del escenario político donde se precipita una pelea inevitable. Entre hoy y el martes próximo podrá cruzarse en Roma o París con Daniel Scioli, un hombre cuyo criterio para él es decisivo sobre qué conducta tomará en la Capital. También anda por allá el presidente de la CAP, Comisión de Acción Política, el gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner.

•Decisión

Ese nucleamiento de gobernadores peronistas y jefes partidarios del interior ya proclamó su apoyo a Macri y debe sentarse a decidir qué harán con los disidentes del PJ en cada distrito que han preferido irse por afuera con la venia de Kirchner, pero arriesgando hasta una silla en la mesa de conducción del peronismo.

Cualquier gesto que haga, además, lo obliga a revisar su pasado inmediato:
Menem -desde anoche de regreso en la Capital Federal-es el más veterano sponsor de la postulación de Macri. La gente del riojano, sin decir nada, ayudará a la candidatura del empresario y Duhalde no sabe si esta coincidencia no es aún inoportuna.

El, como
Kirchner o Menem, es peronista y está obligado a ganar, y lo último que querrían es quedar atados a una derrota por algo tan extraño a su estirpe como puede ser una convicción; el peronismo tiene la pena de muerte para quien se equivoca y pierde.

Hasta nuevo aviso es claro además que
Duhalde hará lo que le indique Scioli, en quien él siempre depositó su estrategia en la Capital Federal. Al vicepresidente lo último que le conviene es abrir la boca sobre la elección en su distrito, porque sabe que puede volcar voluntades en favor de uno o de otro candidato. El es el PJ oficial -ganó la elección interna para jefe de Gobierno-; y hay encuestas que hoy mismo siguen indicando que si se presentase ganaría la elección, pero su compañero de fórmula y presidente mira hacia el adversario del PJ que es Ibarra. También la distancia del océano le da una oportunidad, aunque sea de pocos días, de pensar qué hacer en una pelea que nadie esperaba para tan pronto.

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