16 de julio 2002 - 00:00

Duhalde firma eximición de ir a internas a las listas únicas

El gobierno decidió finalmente eximir a los partidos que presenten ante la Justicia listas únicas de candidatos, del esfuerzo político y económico de ir a internas abiertas. Esa excepción al cumplimiento de la última reforma electoral que fuerza a todos los partidos a ir a internas y el mismo día la decidió Eduardo Duhalde, como anticipó este diario, a raíz de un pedido expreso de Elisa Carrió.

Ese decreto irá acompañado de otro que convoca a elecciones presidenciales y de legisladores nacionales para el próximo 30 de marzo, proceso al que se llegará con un cronograma que, de manera secreta, se gatilló el 27 de junio pasado. Ese día cerró el padrón electoral, es decir que desde los 15 días antes de esa fecha ya no se ha sumado ningún nuevo elector y los documentos de identidad de todos los fallecidos con esa fecha deben ser incinerados en acto público. Es para evitar la inocentada más tradicional de los comicios en todo el mundo, hacer votar a los muertos usando sus documentos. Se agrava en la Argentina donde los jubilados con más de cien años se suman por centenares, un padrón que se alimenta presumiblemente también de fallecidos cuyo tránsito nunca fue comunicado por quienes siguen cobrando el beneficio.

•Adhesión provincial

Esa convocatoria para el 30 de marzo será para elegir presidente y vice, senadores nacionales donde corresponda y diputados nacionales en todo el país. Las provincias, con la excepción de la Capital Federal, podrán adherir o no a esa fecha en lo que hace a legisladores nacionales de forma de acomodar los comicios a los intereses de las elecciones locales ya que esta vez toca elegir gobernadores, intendentes, además de legisladores provinciales y municipales. Es la oportunidad que le da el código a los caciques locales de enganchar o desenganchar en su beneficio la elección en el distrito respecto de la nacional.

La excepción de la interna para la lista única expresa también el deseo de los partidos de izquierda que intentarán, como Carrió, agotar el debate dentro de sus partidos en asambleas, peñas, seminarios y otras formas de debate a puertas adentro, convencer a sus seguidores de que les conviene adherir a los candidatos que decida la cúpula, so pena de tener que salir a buscar fondos para solventar las elecciones internas abiertas.

Es cierto que los partidos nuevos que se aparta de las formaciones tradicionales han surgido siempre de fuertes liderazgos. Chacho Alvarez, Gustavo Béliz, Domingo Cavallo, por caso, fueron candidatos siempre por el amor de sus militantes, nunca por una interna. La que formó en 1995 la dupla presidencial Bordón-Alvarez fue el parto de un escrutinio conversado. El líder de la porteña Nueva Dirigencia siempre entendió como una afrenta que surgieran disidentes del belicismo y eso generó varias ramas disidentes que desplumaron su partido. Cavallo fue candidato a intendente y a presidente por decisión de la junta partidaria de su Acción por la República.

Carrió y Zamora no quieren ser menos y la aparición de fracciones que intenten disputarles el control de sus agrupaciones -no tienen en realidad partidos legalmente constituidos-les parecen más bien maniobras de sus adversarios para forzarlos a discutir su poder. Algo que pueden pensar otros hombres salidos de partidos tradicionales como Ricardo López Murphy (UCR), Adolfo Rodríguez Saá o Néstor

Kirchner
, que hoy intentan candidaturas por afuera de sus compañeros de siempre y lo último que esperan es además someterse a una elección interna, para ellos cara e inoportuna. La situación, además, los pondría al borde de la ironía: ¿por qué alguien su sumaría al ARI para inmediatamente desafiar a su alma mater Carrió a una elección interna?

Esa eximición de la interna abierta a los candidatos de lista única es el punto más firme del decreto reglamentario de la ley de reforma política que tiene a su firma Duhalde y que se conocerá formalmente antes del viernes, una vez que los jueces federales con competencia electoral aprueben el borrador final que les acercó el ministro Jorge Matzkin.

El decreto suma una curiosidad que
es la obligación de abrir un cuarto oscuro por cada partido que se presente a la interna. Es decir, que si se presentan 20 o 30 partidos a las internas para presidente o legisladores nacionales habrá que habilitar ese número de claustros donde estarán las boletas de cada agrupación.

Hasta anoche
Duhalde no había decidido algo que no es un detalle: si se le dará en este decreto la opción al votante en la interna de elegir candidatos de cada agrupación para cada categoría (por caso un presidente menemista con un legislador duhaldista) o se le impondrá la obligación de optar por una lista completa que abarque todas las categorías. Todo un detalle porque la decisión limita o expande el abanico de opciones con que puede contar un vecino que se acerque a estos comicios que, según el cronograma ya confirmado, se hará el 24 de noviembre próximo.

La mano de la ley no se mete en cómo los partidos distribuirán las candidaturas que surjan de estas internas; expresamente giran la decisión al método que cada carta orgánica partidaria decida. El PJ, como se sabe, suele darle en las listas una banca a la minoría por cada cuatro que obtenga la mayoría; la UCR, en cambio, le reconoce una banca cada tres de la mayoría, algo que suele frustrar el cupo femenino (el varón en minoría termina siempre en el cuatro lugar).

Para los casos límite el decreto confirma lo que adelantó este diario:
si un candidato a presidente o vice muere o renuncia el reemplazo será dispuesto según lo que dicta el código nacional electoral. Si el candidato a presidente o a vice muere antes de la primera vuelta electoral el reemplazo lo dispone el partido según la metodología que resuelva. Si el candidato a presidente muere después de la primera vuelta su puesto es ocupado por el candidato a vice y este puesto puede ser cubierto después de la asunción mediante otra elección, lo mismo que si quien muere o renuncia es el vicepresidente entre la primera vuelta y la asunción (si gana, claro).

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