Duhalde insiste con su fórmula ideal: Lavagna vice de Kirchner
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•Confusión
«Se me atribuyen tantas cosas, pero ¿cómo se explica que sorpresivamente Menem pasase a apoyar la ley de lemas que es una abominación legal?» Porque ustedes se la ofrecieron en la mesa chica del congreso. «Eso fue una confusión, yo hablé siempre de la variante Romero, de los lemas que no suman.» Periodista: Pero Camaño dijo otra cosa cuando fue a negociar con los menemistas.
¿Menem cree eso? «Por lo menos lo creen los estrategas mejores que tiene al lado.» ¿Quién es el mejor?» El más lúcido aunque el más pícaro -sonríe, quizá con añoranzaes Alberto Pierri.»
•Padrones
Insiste Duhalde, empecinado, en que «Menem se equivoca al no aceptar la propuesta Romero. Al final se va a perjudicar porque si no hay interna ni variante Romero el Congreso del PJ se va a reunir y va a elegir candidato».
¿Cómo ocurriría eso? « Si pasa el tiempo, llega la fecha de elecciones y no se resuelve quién es el candidato. El que diga el consejo que domina Menem no vale» -se defiende-. « El candidato lo elige el congreso del partido, como siempre ocurrió. Por eso le conviene que no haya internas, no hay padrones.» ¿Desde cuándo no le gustan los padrones que lo hicieron a usted concejal, intendente, diputado, gobernador, convencional, senador, presidente? Son los mismos padrones de donde salieron los congresales del miniestadio de Lanús. « Por eso lo digo, porque conozco cómo son las cosas», sonríe.
¿Cómo son? « Estamos en una época distinta. Cuando todos los adversarios de una interna aceptan los padrones no hay problemas. Pero en la crisis que vivimos, las denuncias de fraude ya son parte de la campaña previa, se hacen antes de que se vote.» ¿Usted no hizo nada en tantos años que manejó su partido o tuvo poder?
« Lo intenté, pero no me dejaron. Quise la ley para que dé lo único posible, que las internas obligatorias se hagan con el padrón general sacando a los afiliados y que lo controle el Estado, y salieron con que los radicales iban a ir a votar en la interna peronista.» Aquí luce más convincente. Lo planteó mal y sin un consenso mayoritario pero lanzó el intento de superar su propia base adulterada con afiliaciones falsas u obligadas sin ratificar.
« No sé, mire a los radicales. Son maestros en internas, y vean lo que les pasa. Por eso la variante Romero es la mejor», insiste.
No explica, raro en un hombre de pensamiento blindado y circular, por qué Menem rechaza esa variante. Claro, no admite que hoy implique una disminución de poder para cualquier candidato del PJ en una elección general donde corran todos sin el escudo del partido porque todos los sublemas la ley electoral no lo permite y para renovarla se necesitaría mayoría especial en el Congreso nacional, casi imposible hoy de obtener. Todos sin los signos partidarios. Quiebra el eje del voto peronista histórico, que fue el aparato como artillería electoral que juega junta a favor de un candidato.
«Mire, no hay que olvidar, Romero nos llevó a todos los gobernadores y a mí a su casa, en Salta, y nos explicó esa idea. Nos gustó a todos, menos a Marín, que hubo que contársela porque no había ido.Y después terminó diciendo que a él tampoco le disgustaba. Después no sé qué les pasó», expresa aferrándose con picardía al mal paso de Romero. Rechazar esa idea no es la única equivocación que le atribuye a quien tiene más chance hoy de ser su sucesor. « Menem se apuró en cerrar la candidatura de Romero. ¿Qué le agregó?» Ensaya una estrategia para su enemigo: si hubiera esperado un poco más, cree, Menem podría haber cerrado con más distritos. « Ahí se equivocó, no la persona, pero los tiempos. Si el voto del norte del país ya era todo de él», acepta.
Igual error en la elección del vice le atribuye a Adolfo Rodríguez Saá. «¿Qué ganó el Adolfo con Melchor Posse? Nada. Otro que debió esperar», remata este hombre a quien muchos le reconocen una sola virtud política, ser el gran «esperador» en el juego de la política argentina.
•Ajedrez
Hundido en el sillón del Belvedere, Duhalde anima la confesión compartiendo un menú raro de media tarde, más raro para los camareros suizos: un plato de quesos con café con crema, casi un atentado a la salud. ¿Hace deporte? «Sí, ajedrez.» Riendo toma un ejemplar del «International Herald Tribune» y mira la página de ajedrez con el problema de mate en tres jugadas. «¿A ver, a ver...? Es fácil, la resuelvo en un minuto. Hoy más que nada ajedrez y tenis. ¿Fútbol? Una vez por semana, pero ojo, con todos de más de cincuenta años, jugar lo que dice jugar, por favor... caminamos la cancha. La salud bien, me cuido», y se toca la parte más grande de su anatomía que tanto gusta a los caricaturistas.
Refluye la política. ¿Chiche vice de Felipe? «Hay que preguntarle a ella.» Nadie se lo va a creer nunca, Presidente. « Es así, no saben cómo es. Unas veces está eufórica y dice que quiere ser candidata, otras veces que no, que se quiere ir conmigo. Hoy me parece que se va conmigo. Que va a dedicarse a lo social desde el instituto que tiene en la Universidad de Lomas. ¿Sabe qué pasa? ¡Es que no para nunca!» Y vende el producto con una metáfora de escuela rural: «Hace todas las materias, música, banda rítmica, manualidades, todo, no se puede creer, pero pregúntele a ella».
¿Si no es Chiche la vice? Responde con un lugar común: « Un hombre de la primera o de la tercera sección electoral de la provincia, pero no se pueden dar nombres, son todos amigos». ¿Todos? « Todos, incluso Pierri, que es el mejor operador que tiene Menem.»
•Descanso
¿Duhalde se va? Asegura que sí, que nunca más un cargo ejecutivo, que es la frase que le sirvió para pasar de gobernador a presidente, aunque designado. ¿Legislador? «Por favor, estamos hablando de 2007, de muchos años hacia delante.» Ahora lo que siempre promete: dos meses de descanso y después abrir el estudio de abogado. Siempre dice lo mismo. «Y hago lo mismo, desde que fui intendente, creo que he cerrado más estudios de los que abrí», ríe. El último, el que abrió en 1999 con el ex embajador chileno en Buenos Aires y amigo de Carlos Menem, Eduardo Rodríguez Guarachi. «Sí, nos íbamos a dedicar a derecho de empresas en los dos países, pero también lo tuve que cerrar. Pero la verdad, la verdad, no sé qué voy a hacer cuando deje el gobierno. Cada vez que me preguntan eso tengo que improvisar.»
Curioso, pregunta sobre qué es la cumbre de Davos, quién la organiza, discurre sobre Anne Krueger, a quien entrevistó el sábado y su propuesta de tratar a los países como a empresas cuando entran en quiebra. «Qué raro, en 1992 presenté un proyecto similar en la OEA. Partía de la idea de que los países son equiparables a las empresas, hay empresas grandes y PyMEs, hay países grandes y países PyMEs. Los países grandes que prestan tienen que crear un fondo de garantía para cuando el país PyME no paga. Cuando no paga, la deuda la honra ese fondo, pero si el país PyME no aporta a ese fondo entonces sí, queda afuera del sistema.» Se entusiasma con este punto de identidad que descubre con la odiosa vicedirectora del FMI. «Vi que en Estados Unidos existían esos fondos para PyMEs y cuando era gobernador impuse el FoGaBa, un fondo de garantía para que las PyMEs salieran a pedir créditos.»



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