6 de julio 2004 - 00:00

El caso de este diario

Ambito Financiero sufre discriminación, pero de ninguna manera, debemos reconocerlo, en el nivel que registra el cuadro de «Noticias». Nos gustaría jugar de «víctima» aprovechando lo que dice una revista con la cual no congeniamos y hasta tenemos pleitos judiciales. Pero no es cierto lo que expresa sobre este diario.

Quizá sea para tenernos como «medio testigo no oficialista», o no sabemos por qué, pero no sufrimos tal grado de discriminación como tener menos avisos oficiales que el «Cronista Comercial» o «Diario Popular».

Por supuesto, nos estamos refiriendo a la publicidad del gobierno abierta, legal. De la otra, «bajo cuerda», no participamos. Nunca, por principios, lo hicimos con ningún gobierno.

La discriminación de Ambito viene en relación con un diario como «Página/12». La Secretaría de Justicia de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, publicita en «Pravda Página/12» los antecedentes de un nuevo procurador y no en Ambito porque somos críticos de León Arslanian. Eso sí es tratar de sancionar a la prensa que no hace oficialismo porque ¿alguien de un diario de ultraizquierda, dirigido a un público similar, va a objetar algo acordado con el superkirchnerista Arslanian? Ahí se discriminan porque los lectores de Ambito podrían impugnar. Si hubiera motivo, desde ya.

También es cierto que jamás nos dieron gratis viajes al exterior, donde se amontonan los demás diarios y hasta con varios cronistas. Pagamos los pasajes o nos informan del «otro lado» del oficialismo lo cual al efecto de objetividad de prensa es mejor, sobre todo en una época donde existe un gobierno proclive a unificar la información en su enfoque sobre hechos.

Este diario nunca tuvo endeudamientos grandes, internos ni externos, como para beneficiarse con la «ley cultural» para «Clarín». Por supuesto, no le ha sido fácil, como a toda la prensa, sobrellevar la crisis del país en los últimos años. Pero la diferencia es que optó por sobrevivir vendiendo bienes (lo hizo con dos muy apreciados diarios en el interior del país, «La Mañana del Sur» y «La Mañana de Córdoba»), mientras que otros medios colegas, lamentablemente, prefirieron perder su independencia, engañar a sus lectores y entrar en complicidad con el gobierno recibiendo privilegio de avisos oficiales o, peor aún, haciendo acuerdos espurios en las sombras.

Pero, repitamos, sin haber tenido que acordar nada -inclusive reconociendo cuando el gobierno realmente hace cosas buenas-que en la publicidad legal que se puede exhibir no ha recibido -al menos hasta ahora- gran discriminación. Sí alguna, como se dijo.

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