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7 de agosto 2026 - 07:00

El costo político de una batalla perdida y las fracturas internas que dejó la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada

El oficialismo admite en privado que perdió la batalla comunicacional. El revés abrió pases de factura internos, dejó a Patricia Bullrich y Federico Sturzenegger bajo la lupa y reavivó el debate sobre la estrategia de impulsar grandes paquetes de reformas.

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Manifestantes protestan frente al Congreso en el marco de la sesión de lnviolabilidad de la Propiedad Privada.

Mariano Fuchila

La sesión por la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y la caída de los capítulo de la ley de Tierras y de Manejo del Fuego en el Senado, dejaron una marca que excede el traspié legislativo y la represión de la protesta social, que dejó durante la jornada del jueves un saldo de nueve detenidos y centenares de heridos.

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El proyecto original con cinco reformas -expropiaciones, desalojos, registro de la propiedad, tierras rurales y manejo del fuego- llegó a votación tras 79 días de la firma del dictamen, perdiendo en sus últimas 48 horas dos capítulos clave y catorce artículos debido a la presión social y los roces con aliados.

En Balcarce 50 admiten por lo bajo que el Gobierno perdió el control de la narrativa de un debate que, en sus cálculos iniciales, debía presentarse como una reforma destinada a atraer inversiones y modernizar el régimen de propiedad.

Funcionarios del Ejecutivo admitieron a este medio que el oficialismo nunca consiguió explicar el alcance del proyecto y quedó a la defensiva frente a una ola de cuestionamientos que trascendió rápidamente el sistema político. La discusión dejó de estar limitada al Congreso y pasó a instalarse en las redes sociales y en el mundo del espectáculo, un terreno donde el Gobierno suele sentirse cómodo pero que esta vez jugó en su contra.

Los pronunciamientos de artistas e influencers terminaron amplificando ese cambio de clima. Las publicaciones de artistas como Tini Stoessel y Emilia Mernes, quienes no suelen manifestarse sobre temas políticos y cuenta con millones de seguidores, multiplicaron el alcance del rechazo al proyecto. En los pasillos de Casa Rosada se hicieron eco de ambas publicaciones, y reconocieron que nunca lograron revertir esa percepción pública.

Diversos artistas se manifestaron en contra de la ley de Tierras.

En la misma línea se inscribe el video de la humorista Malena Pichot en Futurock, que se convirtió en un fenómeno viral con más de 10,7 millones de reproducciones y un alcance superior al de los principales emisores oficialistas, la pieza acumuló de manera individual casi el 18,4% de toda la conversación nacional sobre la reforma de la extranjerización de tierras.

La velocidad con la que se instaló sorprendió incluso a dirigentes libertarios acostumbrados a dominar la conversación digital. Durante buena parte de la gestión, la estrategia comunicacional consistió en responder de manera inmediata cada polémica y disputar el sentido de los debates en redes sociales. En esta oportunidad ocurrió lo contrario. Cuando el Ejecutivo intentó aclarar el contenido del proyecto, el eje de la discusión ya había cambiado y el costo político estaba instalado.

En el Ejecutivo hace tempo que tomaron nota de ello. Como contó este medio, el propio Javier Milei se puso en los últimos días al frente de la comunicación y se convirtió en su propio vocero en un raid mediático en el que intentó evangelizar sobre las reformas del segundo semestre e instalarse como candidato de cara a 2027.

Pase de facturas en el oficialismo

La derrota también abrió una nueva ronda de reproches internos. Una de las principales apuntadas fue la titular del bloque de senadores, Patricia Bullrich, una de las impulsoras políticas del capítulo vinculado a la ley de Tierras y una de las dirigentes que más defendió públicamente la iniciativa.

Patricia Bullrich durante la sesión de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.

Otro de los funcionarios alcanzados por las críticas fue Federico Sturzenegger. El ministro había sido uno de los principales arquitectos del paquete de reformas impulsado por el Ejecutivo y volvió a quedar asociado a una estrategia legislativa que terminó chocando con la resistencia parlamentaria y con una reacción social mucho más amplia de la prevista. Dentro del oficialismo algunos consideran que el diseño técnico de las reformas volvió a subestimar el costo político de determinadas iniciativas.

El episodio reavivó además un debate que atraviesa al Gobierno desde el inicio de la gestión. La decisión de concentrar decenas de reformas en grandes proyectos de ley responde a una lógica que el oficialismo considera exitosa. La apuesta consiste en enviar paquetes amplios, asumir que algunos artículos caerán durante la negociación y conservar el resto de las modificaciones, aun cuando impliquen concesiones importantes durante el trámite legislativo.

Ese método ya había sido utilizado con la ley Bases y volvió a repetirse con las reformas enviadas este año al Congreso. En Casa Rosada sostienen que, aunque algunos capítulos se pierdan en el camino, el balance final suele ser favorable porque terminan aprobándose cambios que, presentados de manera individual, encontrarían mayores dificultades para avanzar. Es una estrategia de acumulación legislativa que privilegia el resultado global por encima de cada artículo en particular.

Bartolomé Abdala presidió la sesión de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.

Sin embargo, el caso de la ley de Tierras expuso uno de los riesgos de ese mecanismo. Al incorporar iniciativas de alto impacto político dentro de un paquete mucho más amplio, el Gobierno terminó otorgando a la oposición un punto de concentración para ordenar el rechazo. La controversia alrededor de ese capítulo terminó condicionando la discusión del resto del proyecto y obligó al oficialismo a retroceder para evitar una derrota todavía más costosa.

Mientras algunos responsabilizaron a la estrategia parlamentaria y otros cuestionaron la comunicación política, también aparecieron críticas hacia la falta de coordinación entre los ministerios involucrados y quienes llevaron adelante las negociaciones con los bloques dialoguistas. El consenso interno es que el Gobierno llegó tarde a explicar una iniciativa que ya había quedado encapsulada en una narrativa adversa.

Más allá del revés legislativo, el episodio dejó una enseñanza incómoda para la administración de Javier Milei. Por primera vez en mucho tiempo, el oficialismo comprobó que su capacidad para fijar la agenda y dominar la conversación pública tiene límites cuando confluyen resistencia política, rechazo social y una amplificación masiva desde actores ajenos al sistema partidario.

Con ese diagnóstico sobre la mesa, el Gobierno intentará dar vuelta la página apenas Milei regrese de su gira por Ecuador y Colombia. Para el martes próximo ya está prevista una nueva reunión de la mesa política en la Casa Rosada, donde el oficialismo buscará reordenar prioridades después del revés legislativo y redefinir la estrategia para las próximas semanas.

Entre los temas que se terminarán de coordinar figuran la organización de la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para los próximos meses, y los detalles del encuentro que Milei pretende encabezar con líderes de la derecha de la región. En Balcarce 50 buscan que ambas iniciativas permitan recuperar la iniciativa política y volver a instalar una agenda propia.

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