27 de marzo 2008 - 00:00

El dilema del aceitoso Urquía

Hubo un caso emblemático ayer dentro del bloque peronista del Senado frente a la crisis por el paro agropecuario. Sin dudas, fue curiosa la posición que tomó el kirchnerista cordobés Roberto Urquía, aliado incondicional, hasta ayer de Cristina de Kirchner y hombre de tal confianza para la Presidente que hasta lo nombró jefe de la Comisión de Presupuesto y Hacienda en esa Cámara.

Urquía quedó atrapado en esta crisis en medio de dos lealtades: con el gobierno, por un lado; y con su negocio personal, por el otro. Es el accionista mayoritario de Aceitera General Deheza, uno de los principales productores y exportadores de aceites del país. Gracias a esa actividad, recibe subsidios por compensaciones por parte del gobierno.

Hasta ahora, Urquía parecía estar alineado junto al gobierno. Pero ayer no apareció en el recinto del Senado a la hora de votar la resolución de apoyo a Cristina de Kirchner y el rechazo al paro agropecuario. En lugar de eso, el cordobés, jaqueado por la protesta de los productores de su provincia -los mismos que le venden materias primas a su fábrica en General Deheza-, emitió un comunicado que, curiosamente, sólo distribuyó en los medios de su provincia, creyendo que no llegaría a la prensa nacional y, por lo tanto, tampoco a la Casa de Gobierno.

Allí exhorta «al gobierno nacional y al sector agropecuario a una mesa de diálogo con la finalidad de alcanzar una solución que permita recuperar la normal convivencia y paz social». Hasta ahí sin mayores problemas, aunque poco se habla de diálogo por estas horas en la Rosada, si antes no se menciona un levantamiento de la protesta.

Pero además, solicita «la suspensión de las medidas tomadas por ambas partes, que han generado el estado de situación actual, a los efectos de hacer posible la referida mesa de diálogo». Es decir, que le pide al gobierno que dé marcha a atrás con la suba de las retenciones, una posibilidad descartada por el kirchnerismo durante todo el día.

Por si algo le faltaba, Urquía también decidió apoyar el pedido que le hicieron a Juan Schiaretti casi todos los intendentes cordobeses -guiados en esto por José Manuel de la Sota desde la clandestinidad-para que conformara una mesa de diálogo y recibiera a los productores del agro. Schiaretti finalmente los recibió y por esa acción se ganó la acusación de traición ayer por parte del gobierno.

En realidad, las dudas sobre Urquía en el gobierno comenzaron hace dos semanas. Fue cuando a la Secretaría de Comercio Interior llegaron los primeros reportes sobre faltantes de alimentos, antes de que se iniciara el paro agropecuario. Uno de los primeros productos que empezó a escasear en las góndolas -ayer en algunos supermercados había desaparecido- era precisamente su aceite Natura. Fue un golpe para la Presidencia, que pocos días antes le había hecho aprobar al senador la creación de una aduana especial en General Deheza, justo donde Urquía produce.

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