El gasto político no se baja sólo con una ley
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Hay una cuestión de tiempo que conspira, ya que reglamentar las cláusulas podría llevar varios años. El antecedente de la reforma constitucional de '94 es el mejor ejemplo de la parsimonia legislativa: todavía no existe régimen para los decretos de necesidad y urgencia (la última semana se discutió un dictamen de Asuntos Constitucional, a casi 8 años de la convención, y no hubo unanimidad sobre si el silencio parlamentario produce la caducidad de un decreto) y tampoco se sancionó la nueva ley de coparticipación que reclama hasta el FMI.
• Resistencia
Por un lado, auspicia la incorporación del sistema de preferencias en las boletas, gracias a la cual cada votante decide el orden de los postulantes y, en consecuencia, selecciona quién puede ocupar cargos.
Por el otro, ya imaginó la forma en que se franqueará a ciudadanos sin filiación partidaria a presentar nominación en comicios: en principio, bastaría con eliminar la palabra «exclusividad» de la ley de partidos políticos y, acto seguido, se establecen los requisitos exigidos para competir con los pretendientes tradicionales, por caso, mínimo de avales.
Juan Carlos Maqueda (PJ-Córdoba), al igual que su colega de La Rioja, redactó un completo paquete de leyes de reforma política que incluyen no sólo las preferencias - le agregó las tachas (es decir, la posibilidad de suprimir candidatos no deseados en el cuarto oscuro)- y la habilitación de aspirantes independientes, sino también la reducción de bancas en la Cámara baja.
• Amputación
Este aspecto, que figura entre los puntos centrales del acuerdo federal con una amputación de 25 por ciento de puestos (quedarían alrededor de 193 sobre 257 actuales), sólo podría ser debatido a instancias de los mismos diputados, a pesar de que los proyectos en danza pertenecen a senadores como Maqueda y Yoma.
Hay cuestiones de cortesía para ceder paso a los supuestos afectados por la poda, ya que basta con elevar por el piso de representación (cantidad de habitantes por legisladores). En el caso de los senadores, curiosamente no contemplado en el acuerdo, el trá-mite de racionalización es más engorroso: debe hacerse mediante una nueva reforma constitucional. Esto genera cierto sentimiento de culpa a la hora de poder diputaciones.


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