13 de diciembre 2006 - 00:00

El gobierno celebra victoria decorativa

El gobierno festeja con un énfasis digno de mejor motivo el traslado de la papelera ENCE de un punto fronterizo con el Uruguay (Fray Bentos) hacia otro del interior de ese país donde a Buenos Aires ya no le importa si se contamina o no. «Está a 65 kilómetros de la desembocadura del río Uruguay, no es en aguas compartidas, no se viola ningún tratado, y la planta cumple lo que exige el Uruguay», le explicó ayer Alberto Fernández a Néstor Kirchner antes de introducir en su despacho al propietario de ENCE, José Luis Arregui.

No había ya problemas con esta firma española: tampoco la fórmula resuelve el diferendo que tiene clavado la Argentina con Botnia, que es el que debería preocuparle al gobierno. ¿Por qué los festejos? Porque es la pieza central de una estrategia que como otras tiene que probar si es acertada o no: exponer la intención y la pericia de la Argentina en el manejo de una empresa privada a la que se logra conmover al punto de que cambia de localización. Exhibir también al Uruguay como desinteresado en presionar a Botnia para que haga lo mismo; mostrarlo a Tabaré Vázquez arrinconado por una empresa y débil ante su propios aliados políticos para torcer a una multinacional.

Dos estilos contrarios:

Vázquez se ha quejado de que en su país no se les ordena a las empresas el rumbo de los negocios, algo que provoca risas e ironías entre funcionarios argentinos que se solazan en el maltrato de Guillermo Moreno cuando habla de precios con empresarios que salen temblando de su despacho.

¿Hay algún tribunal donde esta táctica del gobierno vaya a producir algún rédito? El anuncio de anoche no modifica la crisis con Botnia, ni los reclamos del Uruguay ante La Haya, ni los que se anuncian ante la ONU (oficina de turismo) o el Mercosur por los nuevos cortes de rutas.

Tampoco acerca más al gobierno a los vecinos de Gualeguaychú, enojados anoche al conocer el anuncio del gobierno de que acepta la planta a 65 km del Río de la Plata y porque Néstor Kirchner no los recibió pese a juntar más de 6 mil manifestantes en la Plaza de Mayo. La mesa de arena del Presidente debe estar en una trastienda lejos del público al que le costará entender la utilidad de esta larga negociación con ENCE, que había cumplido al levantar la obra en Fray Bentos.

  • Protagonistas

    El trámite que se anunció anoche -un negocio de españoles en el Uruguay-fue el final de una negociación que se quiso mantener en secreto, pese a que se trata de un costado de la cuestión de las papeleras contaminantes de Fray Bentos. Duró seis meses y la protagonizaron en persona el jefe de Gabinete con el dueño de ENCE, que decidió retirarse de la zona del conflicto apenas se hizo de la mayoría accionaria de la firma con sede en Pontevedra.

    Pese a que el problema era Botnia, que no se mueve ni se conmueve, Fernández dedicó cuatro reuniones con Arregui, dos en Madrid, dos en Buenos Aires, para escuchar las propuestas de ENCE al gobierno argentino de nueva localización. Primero trajeron Paysandú, después Nueva Palmira, terminó en Punta Pereyra.

    En el medio le acercaron a la Argentina un estudio ambiental que prueba que no hay posibilidades de que desde Punta Pereyra lleguen efluvios malsanos a las costas del Plata. También que los estándares de la obra están dentro de lo que exige la ley en Uruguay. En algún momento, dice la leyenda, hasta intervino el rey de España, presuntamente amigo de este Arregui, cuyo principal desvelo es el valor de las acciones de su empresa, que no han dejado de subir desde que se apoderó del control de ENCE.

    El gobierno se preocupó por alejar a ENCE de la frontera argentina como si fuera la propietaria de la empresa o del territorio; cuanto más podrá pasarle ahora una factura al presidente Vázquez por haberle evitado un juicio internacional a su país por incumplimiento del contrato que le permitía la obra de Fray Bentos. A lo mejor confían en Buenos Aires que esto mejorará el trato con Montevideo, pero se parece más a esos maridos de ficción que, separados, les buscan un novio a la ex para «colocarlas» y que se distraigan de otras represalias. «Te coloqué a ENCE», le podrá decir Kirchner a Tabaré, como si éste se lo hubiera pedido. En la comedia esos entuertos terminan mal. Tampoco la comparación ayuda a explicar el énfasis del gobierno en mostrarse logrando este traslado que ha entusiasmado a los funcionarios de Kirchner, seducidos por un triunfo que se entiende entre cuatro paredes pero no modifica el rumbo del principal conflicto exterior que padece hoy la Argentina.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar