El gobierno celebra victoria decorativa
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El trámite que se anunció anoche -un negocio de españoles en el Uruguay-fue el final de una negociación que se quiso mantener en secreto, pese a que se trata de un costado de la cuestión de las papeleras contaminantes de Fray Bentos. Duró seis meses y la protagonizaron en persona el jefe de Gabinete con el dueño de ENCE, que decidió retirarse de la zona del conflicto apenas se hizo de la mayoría accionaria de la firma con sede en Pontevedra.
Pese a que el problema era Botnia, que no se mueve ni se conmueve, Fernández dedicó cuatro reuniones con Arregui, dos en Madrid, dos en Buenos Aires, para escuchar las propuestas de ENCE al gobierno argentino de nueva localización. Primero trajeron Paysandú, después Nueva Palmira, terminó en Punta Pereyra.
En el medio le acercaron a la Argentina un estudio ambiental que prueba que no hay posibilidades de que desde Punta Pereyra lleguen efluvios malsanos a las costas del Plata. También que los estándares de la obra están dentro de lo que exige la ley en Uruguay. En algún momento, dice la leyenda, hasta intervino el rey de España, presuntamente amigo de este Arregui, cuyo principal desvelo es el valor de las acciones de su empresa, que no han dejado de subir desde que se apoderó del control de ENCE.
El gobierno se preocupó por alejar a ENCE de la frontera argentina como si fuera la propietaria de la empresa o del territorio; cuanto más podrá pasarle ahora una factura al presidente Vázquez por haberle evitado un juicio internacional a su país por incumplimiento del contrato que le permitía la obra de Fray Bentos. A lo mejor confían en Buenos Aires que esto mejorará el trato con Montevideo, pero se parece más a esos maridos de ficción que, separados, les buscan un novio a la ex para «colocarlas» y que se distraigan de otras represalias. «Te coloqué a ENCE», le podrá decir Kirchner a Tabaré, como si éste se lo hubiera pedido. En la comedia esos entuertos terminan mal. Tampoco la comparación ayuda a explicar el énfasis del gobierno en mostrarse logrando este traslado que ha entusiasmado a los funcionarios de Kirchner, seducidos por un triunfo que se entiende entre cuatro paredes pero no modifica el rumbo del principal conflicto exterior que padece hoy la Argentina.



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