22 de agosto 2005 - 00:00

El gran enojo del gobierno

Los comentarios políticos del fin de semana deben haber agradado al gobierno: centraron el análisis sobre la activa semana piquetera vivida en cómo afecta la imagen de la Casa Rosada para los comicios de octubre. Efectivamente mostró inacción oficial frente a la usurpación de las calles. Sin embargo en esta puja lo más importante fue que la semana piquetera instaló en favor de los violentos el pedido de que el monto de los planes asistenciales jefes/jefas de hogar sea llevado de los $ 150 actuales (sin variantes desde hace dos años) a $ 350. Era una estrategia del gobierno más cercana al momento de la elección que, al reivindicarla ahora con tanto impacto público por toma de plazas, puentes y calles, quedó como estandarte de lucha de los grupos piqueteros. Si Néstor Kirchner concede un aumento allí quedará como logro de los violentos lo cual les dará prestigio y les mantendrá vigencia.

El gobierno sabe -tiene razón, además- que las cúpulas de esos movimientos piqueteros están de capa caída. Pero no lo está la pobreza, aun con índices por arriba de 40%.

Enardece al Presidente que le anticipen sus estrategias políticas, como aquellos dos funcionarios que se adelantaron a hablar del aumento de 10% a jubilados que era otro fortísimo elemento a jugar preelectoralmente, teniendo en cuenta que involucra a más de 4 millones.

El centrar tanto el periodismo la cuestión en el escalón siguiente, la pérdida de imagen oficial por no actuar ante la molesta toma de calles, puentes y rutas, le facilita en parte el problema a la Casa Rosada: bastaría que con el máximo cuidado, sin armas de fuego, con escudos y palos, unos perros, unos gases, una mínima cobertura judicial y alguna eventual bala de goma, buscara disciplinar las ciudades de encapuchados para recuperar esa imagen. Inclusive se ha creado tanta atmósfera de «necesidad de actuar» que se le permitiría algún inevitable exceso menor al reprimir.

Pero la algarada de los piqueteros y la unificación, aunque sea para el festejo, de sus líneas opuestas si logran que se eleven los $ 150 que ellos plantearon primero, les ocasionaría peor pérdida de imagen y votos a los candidatos del presidente Kirchner que su inacción, simplemente por haber cedido. Y si no otorga ningún aumento quizás el daño de imagen deba ser peor. Donde más flaquean las encuestas de intención de voto para el gobierno es en el rubro «desocupados», que son más de 3 millones para los comicios.

En definitiva, los moderados y clases media y alta no lo quieren cualquiera sea la forma como gobierne. A los de bien abajo tampoco los atrae mucho la pareja presidencial y su peculiar estilo pero con agudas necesidades económicas el dinero que les llegue crea reciprocidades. El dinero, el subsidio, el uso de «cajas» es la gran apuesta del gobierno Kirchner para la elección próxima. Pero no es cuestión de consolidar a los grupos piqueteros cuando ya existen dudas de que tanto apoyo a intendentes, gobernadores y políticos « neokirchneristas» no termine en traición al volcarse las urnas.

Los juegos de la política, más allá de foros, personajes y despachos, son más sutiles que los análisis. La semana de violencia piquetera fue una estrategia de gente con mucho conocimiento de la calle, además de cortarlas para uso político. El gobierno, con demasiada simpleza para hacer política, muy encerrado para decisiones con pocos que piensan -y sin seguridad de que sean buenos fue sorprendido la semana anterior. Por ejemplo un simple «trascendido periodístico» sobre el propósito oficial de aumentar los $ 150 de los planes les hubiera sacado la bandera de esa reivindicación a los alicaídos jefes piqueteros que, en el mejor de los casos, hubieran quedado como alborotadores apresurados por medidas ya previstas. No ocurrió así.

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