5 de noviembre 2003 - 00:00

El juicio a Moliné sigue desprolijo

Cristina Fernández de Kirchner, con la mayoría del Senado a sus espaldas, demostró ayer que no existe imparcialidad en el juicio político a Eduardo Moliné O'Connor. En la ronda de testigos organizada en la Comisión de Asuntos Constitucionales, la primera dama no disimuló fastidio cuando los testimonios resultaban favorables al juez de la Corte. Tampoco se privó de celebrar las declaraciones que afianzaron el proceso en curso, sobre todo, cuando provinieron de un testigo propuesto por la defensa, que, inesperadamente, terminó ratificando la existencia de una «Corte menemista». Resulta imposible creer en la seriedad de un enjuiciamiento cuando los miembros del tribunal -como la señora de Kirchner-se comportan como fiscales y no como jueces, que es para lo que juraron.

Cristina Fernández de Kirchner demostró ayer que le cuesta ser imparcial en el juicio político a Eduardo Moliné O'Connor, durante la primera ronda de testigos en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, donde se sustancia la etapa de definiciones del proceso al ministro de la Corte.

La representante de Santa Cruz, a cargo de Asuntos Constitucionales, no pudo disimular el fastidio que le causaron varias apreciaciones, fueran de los citados o de los defensores. Por momentos, prefería distraerse en cuchicheos con asistentes o con otros senadores adictos. En otros, optó por una sonrisa sarcástica.

Cuando los testimonios le resultaban apropiados, desbordaba de entusiasmo, máxime cuando semejantes frases provinieron de un testigo aportado por la defensa y que, en apariencia, terminó favoreciendo a los acusadores
. Tal el caso de Jorge Gentile, quien llegó a admitir que «hubo una Corte menemista» y que hubiera estado de acuerdo con enjuiciar a sus integrantes -sin excluir, claro, a Moliné-, aunque por causas distintas a las que se le reprochan al ministro del Poder Judicial, Meller, Magariños y Macri.

• Improcedente

A continuación, los tramos salientes de la presentación de Gentile, que se inició con un criterio muy favorable a Moliné, no obstante lo cual dio luego un giro de 180°.

Jorge Gentile:
Me va a costar explicarle a mis nietos que destituyeron a un juez, entre otras cosas, por haberle impuesto una multa de $ 2.000 a un magistrado (por Héctor Magariños)... Porque podía decirse que hubo una Corte adicta hasta el fallo sobre el «corralito»...

Cristina de Kirchner
(con una mueca entre incrédula y gozosa): ¿Usted dice que hubo una Corte menemista?

J.G.:
Sí. Y como diputado, yo voté en contra de la ampliación de la Corte. Quizás, si seguimos profundizando pueda aparecer al lado del diputado Falú...

Ricardo Falú
(interrumpe, en medio de risas): Ya lo está...

C.K.:
Es decir que si hubiéramos hecho una acusación con otros cargos, ¿usted hubiera estado de acuerdo?

J.G.:
Sí, y hasta le aportaría casos.

Finalmente, Gentile terminó opinando que resultaba inconstitucional que la Corte impidiera la aplicación del impuesto a las ganancias para los jueces. «Eso es lo que yo pienso», celebró la señora de Kirchner. «Por eso se lo digo», le rindió tributo el testigo. Incluso consideró improcedente cualquier recusación a los senadores del tribunal, una de las principales banderas de la defensa contra la primera dama. Por lo menos, Gentile dejó claro que los cargos en curso resultaban débiles.

• Pedido

Sin pensar en las vueltas que daría Gentile, Gregorio Badeni pidió, al comienzo de la sesión, la nulidad de la audiencia. «No se respetó el plazo de 10 días y no se resolvieron todos los planteos», protestó el constitucionalista, al mismo tiempo que requería -sin éxito-la sustitución de los testigos de parte que habilitaron los senadores, a instancias de la UCR. «Usted es un hombre grande», retó Cristina de Kirchner al letrado en uno de los tramos más desopilantes.

Falú, a cargo de la fiscalía, apuntó que
«se trata de un pedido extemporáneo», en alusión a la pretensión de los patrocinantes de Moliné. «Se está violando el derecho de defensa», clamó en soledad Badeni, aún cuando estuviera flanqueado por Eduardo Aguirre Obarrio y el mismo juez de la Corte.

Del otro lado, escritorio por medio (ocupado por la presidenta de Asuntos Constitucionales y el secretario parlamentario
Juan Estrada), los diputados acusadores Falú, el radical Carlos Iparraguirre y la frepasista Nilda Garré (siempre de colores fuertes en la ropa, aunque en esta oportunidad mudó del tradicional rojo por un verde) cargaban contra Moliné y compañía cada vez que podían.

La tarde resultó pródiga en roces, atemperados por una
escenografía digna de un tribunal de película (se televisó la audiencia por circuito cerrado e Internet) y una multitud de asesores, cronistas, cameramen, ordenanzas, curiosos y personal de seguridad, algo sofocada por la falta de espacio y la sensación térmica de veintitantos grados centígrados.

La tensión entre la primera dama y el defensor llegó a tal punto que, en un momento dado, transgredieron las normas protocolares y se trataron directamente como
«señora Fernández» y «señor Badeni», sin recurrir a los títulos de «senadora» y «doctor», respectivamente.

El duelo Falú-Badeni no se quedó atrás.
«Se viola el derecho a defensa», insistió el abogado. El fiscal le hizo objeciones constantemente. «Usted no me va a censurar», replicó Badeni. El diputado tucumano hasta protagonizó cruces con Cristina de Kirchner. «Falú, por favor», lo frenó con una sonrisa cuando el titular de Juicio Político se quejó de que Moliné le hiciera una acotación a uno de los testigos. La santacruceña rechazó varias de las objeciones de Falú a los defensores.

Dejá tu comentario

Te puede interesar