El modelo inglés, el peor para imitarlo
El senador radical -aunque disidente- Rodolfo Terragno analizó el resultado electoral de los comicios que le dieron a los laboristas de Gran Bretaña un tercer mandato de gobierno bajo una luz singularmente interesante para la Argentina: desmenuzar cómo funciona el sistema electoral. Conoce la política de ese país como pocos argentinos -residió allí varios años y desarrolló la tarea periodística- y conoce también los prejuicios que hay aquí sobre algunos modelos extranjeros que suelen proponerse para reformas locales. El sistema inglés, concluye Terragno, es malo porque impide la participación; aplicado a la Argentina sólo contribuiría a perpetuar el poder de los partidos que se intenta achicar. Lo que no dice Terragno es que ese sistema hasta en Inglaterra está sujeto a revisión y quizás en esta reelección de Tony Blair haya sido la última vez que se utiliza. Aquí sus argumentos en una columna de la revista «Debate».
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6 - Cuentan los asientos, no los votos. Si un partido gana por amplio margen los distritos grandes, pero pierde en muchos distritos chicos, puede lograr más votos que otro partido y, sin embargo, menos diputados.
7 - O diputado o nada. A la vez, no se puede ser primer ministro ni integrar el gabinete si no se es miembro del Parlamento. Si Blair hubiese perdido en Sedgefield, hoy ya no sería primer ministro. Traslademos el caso a la Argentina, donde el presidente Kirchner tiene un apreciable apoyo nacional. Si hoy hubiera elecciones generales, y a Kirchner le pasara otra vez los del 18 de setiembre de 2003 -cuando su partido perdió en Río Gallegos-, quedaría fuera del poder.
8 - El puesto es del partido. No hay «primer ministro electo». La elección la gana un partido; no un candidato. Es el partido el que determina cuál de sus candidatos será propuesto a la Reina para encabezar el gobierno.
9 - El cargo de primer ministro es provisorio. Tony Blair será primer ministro en tanto conserve el apoyo de su partido. Si por alguna razón lo perdiera, también perdería su puesto.
10 - La disciplina partidaria es estricta. Laboristas y conservadores ocupan 84 por ciento de los asientos en el Parlamento. Además, la libertad dentro de los respectivos bloques está restringida. La disciplina es asegurada por los llamados whips («látigos»), de los cuales el Partido Laborista y el Partido Conservador tienen 14 cada uno. Antes de una sesión, cada diputado recibe una lista de los asuntos a tratar, que le llega con marcas hechas por un whip de su partido. Un ítem con subrayado simple significa «importante»; con subrayado doble, «muy importante»; con subrayado triple, «indispensable concurrir y votar junto con el partido». Todos los whips oficialistas son altos funcionarios de la Corona; los tres principales whips de la oposición están a sueldo de la Corona.
La Argentina funcionaría más o menos igual que ahora con un régimen parlamentario y voto uninominal.
Acaso peor: contra lo que imaginan algunos cándidos promotores de la «reforma política», los grandes partidos afianzarían su oligopolio, y los candidatos «a dedo» llenarían el Congreso.




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