16 de mayo 2005 - 00:00

El modelo inglés, el peor para imitarlo

El senador radical -aunque disidente- Rodolfo Terragno analizó el resultado electoral de los comicios que le dieron a los laboristas de Gran Bretaña un tercer mandato de gobierno bajo una luz singularmente interesante para la Argentina: desmenuzar cómo funciona el sistema electoral. Conoce la política de ese país como pocos argentinos -residió allí varios años y desarrolló la tarea periodística- y conoce también los prejuicios que hay aquí sobre algunos modelos extranjeros que suelen proponerse para reformas locales. El sistema inglés, concluye Terragno, es malo porque impide la participación; aplicado a la Argentina sólo contribuiría a perpetuar el poder de los partidos que se intenta achicar. Lo que no dice Terragno es que ese sistema hasta en Inglaterra está sujeto a revisión y quizás en esta reelección de Tony Blair haya sido la última vez que se utiliza. Aquí sus argumentos en una columna de la revista «Debate».

Rara vez se analizan las consecuencias de adoptar un sistema como el británico, que se combina en el Reino Unido con una democracia parlamentaria. La elección del jueves 5 ayuda a comprender cómo funciona ese sistema.

1 - Nada más que un diputado. Un ciudadano británico no elige gobierno nacional. No elige, tampoco, un conjunto de legisladores. Lo único que elige es al diputado por su distrito. Todos los votos que obtuvo Blair fueron los 24.429 que sumó en Sedgefield: el único lugar donde fue candidato.

2 - Como en la perinola. En cada distrito del Reino Unido, quien sale primero gana todo. No importa cuántos votos saque, ni cuál sea su ventaja sobre el segundo.

3 - Bajando línea. Los candidatos británicos no surgen de elecciones internas. Tanto el Partido Laborista como el Partido Conservador forman, en cada distrito, un «constituency selection committee» -un grupo de caciques locales- que designa al candidato. De todos modos, ese comité no tiene plena libertad: debe escoger un nombre de la «lista de candidatos aprobados», que es un menú preparado en Londres por la conducción nacional.

4 - La reelección. Todo se simplifica cuando se trata de reelegir. Si en la última elección, el distrito lo ganó Mr. X, en la próxima, Mr. X será candidato a la reelección. El laborista Tam Dalyell está retirándose después de 43 años seguidos como diputado. No alcanzó el récord del conservador Edward Heath, que fue diputado durante 51 años.

5 - Bipartidismo forzado. Como en cada distrito gana un solo partido, el Laborista y el Conservador tienen asegurada la supremacía. Un tercer partido que salga segundo en los 659 distritos del país no tendrá un solo diputado en el Parlamento.

6 -
Cuentan los asientos, no los votos. Si un partido gana por amplio margen los distritos grandes, pero pierde en muchos distritos chicos, puede lograr más votos que otro partido y, sin embargo, menos diputados.

7 -
O diputado o nada. A la vez, no se puede ser primer ministro ni integrar el gabinete si no se es miembro del Parlamento. Si Blair hubiese perdido en Sedgefield, hoy ya no sería primer ministro. Traslademos el caso a la Argentina, donde el presidente Kirchner tiene un apreciable apoyo nacional. Si hoy hubiera elecciones generales, y a Kirchner le pasara otra vez los del 18 de setiembre de 2003 -cuando su partido perdió en Río Gallegos-, quedaría fuera del poder.

8 -
El puesto es del partido. No hay «primer ministro electo». La elección la gana un partido; no un candidato. Es el partido el que determina cuál de sus candidatos será propuesto a la Reina para encabezar el gobierno.

9 -
El cargo de primer ministro es provisorio. Tony Blair será primer ministro en tanto conserve el apoyo de su partido. Si por alguna razón lo perdiera, también perdería su puesto.

10 -
La disciplina partidaria es estricta. Laboristas y conservadores ocupan 84 por ciento de los asientos en el Parlamento. Además, la libertad dentro de los respectivos bloques está restringida. La disciplina es asegurada por los llamados whips («látigos»), de los cuales el Partido Laborista y el Partido Conservador tienen 14 cada uno. Antes de una sesión, cada diputado recibe una lista de los asuntos a tratar, que le llega con marcas hechas por un whip de su partido. Un ítem con subrayado simple significa «importante»; con subrayado doble, «muy importante»; con subrayado triple, «indispensable concurrir y votar junto con el partido». Todos los whips oficialistas son altos funcionarios de la Corona; los tres principales whips de la oposición están a sueldo de la Corona.

La Argentina funcionaría más o menos igual que ahora con un régimen parlamentario y voto uninominal.

Acaso peor: contra lo que imaginan algunos cándidos promotores de la «reforma política», los grandes partidos afianzarían su oligopolio, y los candidatos «a dedo» llenarían el Congreso.

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