En el interior de la Legislatura, personal policial y del SAME custodiaban los pasillos del recinto donde se decidió la suspensión de Aníbal Ibarra.
Néstor Kirchner desamparó ayer a Aníbal Ibarra, suspendido en su cargo por el voto a favor del juicio político que terminó definiendo el bloque kirchnerista. Con la oposición, representada por el macrismo, el ARI y la izquierda, que ya había conseguido 29 de los 30 votos necesarios para enjuiciar al jefe de Gobierno, la suerte final la selló el kirchnerismo. El vicejefe de Gobierno, Jorge Telerman, asumirá el cargo de Ibarra mientras se sustancia el juicio político, o bien hasta completar el mandato, dos años más, si Ibarra renunciara.
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En los despachos del Palacio Municipal, el silencio se alternaba con escenas de congoja, mientras se extendía por la tarde una tensa reunión de gabinete. La última a cargo de Ibarra, durante la cual se seguía por TV la sesión de la Sala Acusadora que debatía en la Legislatura porteña. Finalmente, el voto del folclorista Chango Farías Gómez, que se anunció como segundo orador de la tarde, definió que Ibarra fuera enjuiciado políticamente, una tarea que deberá llevar adelante ahora la Sala Juzgadora y una realidad que no podían comprender ni propios ni ajenos. Es que dentro del macrismo muchos legisladores no estaban convencidos de dejar a Ibarra al borde del desplazamiento, como del lado del kirchnerismo tampoco de salvarlo. La peor parte de esos desencantos, ya sin retorno, se la llevaba la llamada «operación Borocotó». Un macrista, apesadumbrado, detrás del estrado del recinto lo explicaba: «Esta es la consecuencia del miércoles pasado. Si no hubieran hecho el anuncio de su pase, no había 30 votos, porque Borocotó iba a votar en contra del juicio político, pero se incineró y ahora ya está, que asuma la responsabilidad Alberto Fernández».
A Ibarra se lo acusa de mal desempeño en sus funciones en relación con el caso Cromañón, cuando perdieron la vida 193 jóvenes, el 30 de diciembre pasado, al lanzarse bengalas en el local cerrado. El lugar tenía la habilitación vencida que otorgan los Bomberos de la Policía Federal en cumplimiento de las medidas de seguridad, entre otras anomalías, que en definitiva pasaron a segundo plano.
• Varias pujas
La pelea central y las consecuencias de la definición de ayer tienen su origen en varias pujas. La que mantiene Ibarra con la oposición parece obvia desde la competencia por el sillón principal de la Capital Federal que disputó con Mauricio Macri, pero la enemistad con el ARI fue posterior, ya que el propio Ibarra llevó en sus listas a los dos legisladores de ese partidopolítico que terminaron (Fernando Cantero y Fernando Melillo) emitiendo un dictamen en su contra, con luz verde de Elisa Carrió. El izquierdismo sumó sus votos en contra de todas las porciones, pero además le sumó a Ibarra para el desplazamiento su ex ladero Ariel Schifrin, quien fue el hombre de más confianza que tuvo el jefe porteño en su época de albor, cuando era vicepresidente de la Legislatura porteña, antes de consagrarse en 2000 por primera vez como jefe de la Capital, con la Alianza en efervescencia, pero ya a un año de su caída.
Entonces Ibarra supo armar buenas relaciones con el presidente Eduardo Duhalde, mantuvo a radicales en sus despachos (algunos procesados ahora por el caso Cromañón) y para 2003 había elegido a Daniel Filmus (ex secretario de Educación porteño) como su candidato a vicejefe. Pero las elecciones se postergaron, y Filmus ascendió al gobierno nacional. Telerman, por entonces secretario de Cultura porteña, fue agraciado.Ahora resulta el heredero.
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