Los conocen como los autores del «plan Laxante». Son los encargados de Seguridad de la Nación, Gustavo Béliz, y de la Provincia de Buenos Aires, León Arslanian. Fueron fotografiados juntos por primera vez esta semana. La inseguridad frente a la delincuencia y a los desbordes piqueteros supera a ambos totalmente. Son creadores de planes de seguridad teóricos, extensos, casi utópicos por carecer de fondos para llevarlos a la práctica, además de requerir años su vigencia cuando los acontecimientos adversos son actuales. Por eso aplican continuamente el Plan B, que consiste en «purgas» y más «purgas» en la Policía Federal y en la Bonaerense. Se los nota más preocupados en cuidados personales que de servicio público, porque quieren sacar cuantos efectivos sea posible para no arriesgarse a alguna corrupción de subalternos que afecte el prestigio elevado que creen tener. Pero en ese empeño personal cambiaron la prioridad que es hoy restituir la seguridad. Más aún, la agravaron porque al menguarle el prestigio y respeto a ambas policías envalentonaron a los delincuentes, a los activistas políticos tipo Quebracho y a los piqueteros proclives a la violencia, los «duros» y ahora también los «blandos» desde la toma de la comisaría de La Boca. Han logrado ambos funcionarios -acoplados al modelo de intolerancia e irascibilidad que emana continuamente del gobierno en todos sus actos-asegurarse en sus cargos pero sentar a la sociedad sobre un polvorín.
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