Por primera vez en una elección presidencial no se registró un comportamiento homogéneo del electorado en las distintas provincias. Tanto en 1983 como en el '89, '95 y '99, y más allá de alguna particularidad, quien se imponía en el nivel general, lograba triunfos en la gran mayoría de los distritos. Ahora, en función del fraccionamiento del justicialismo, el comportamiento de los electores quedó atado a los aparatos provinciales, muy especialmente aquellos que orientaron el apoyo a Néstor Kirchner. Esto es claro por los triunfos de éste en Jujuy, Formosa (donde era prácticamente un desconocido) y la buena elección en Capital Federal. Desde luego, se suma la provincia de Buenos Aires. En la mayoría del resto de los distritos ganó Menem con un voto propio fuera de la estructura. Sorprendió Rodríguez Saá ganando todo Cuyo, donde se sabía que haría una buena elección, pero nadie esperaba el primer lugar en Mendoza y San Juan. También fue imprevista la performance de Elisa carrió en Santa Fe. Se sabía que haría buen papel en Rosario, pero extendió esto a toda la provincia. Al cierre, peleaba la candidata del ARI el primer lugar con Menem, en un distrito que se suponía más volcado al ex presidente. También fue sorpresa el comportamiento de Río Negro, que dio la victoria a Kirchner. Estuvo dentro de lo previsto Córdoba (la diferencia de Menem con Kirchner llegó a 15 puntos), donde el gobierno provincial no puso su aparato en favor del candidato oficialista.
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