«Ya trituré todos los papeles inservibles y me siento más liberado», le comentó Lisandro Barry, anoche, a Jorge Remes Lenicov. «Hacés mal, Lisandro, porque ahora vamos a Economía a seguir trabajando», le contestó Remes. Ese diálogo, intrascendente, quiso ser visto por varios funcionarios del gobierno como la señal de una novedad: que el ministro renunciado seguirá dentro del gobierno. No en el cargo que ocupó hasta ahora, tampoco el que aceptó anoche (jefe de asesores) sino como jefe de Gabinete.
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Otros datos que abonan esta conjetura. A la misma hora que se producía la conversación anterior, Eduardo Duhalde describía delante de tres ministros suyos cuál sería el ministro de Economía ideal. Cuando terminó uno de sus colaboradores le hizo ver: «Negro, acabás de describir a Remes». « Sí, ¿no?», contestó Duhalde.
Esta impresión se articuló con una operación política concreta: Felipe Solá, José Manuel de la Sota y Carlos Reutemann, con distinto énfasis e insistencia le sugirieron a Duhalde que ubicara a Remes en la Jefatura de Gabinete. «Es importante porque eso nos daría una idea de continuidad, en el exterior, que permitiría cerrar más rápido el acuerdo con el Fondo.» ¿Sería disparatado que Duhalde recuperara a su ministro? Sólo para quienes no conocen el imperio bonaerense: Remes sigue siendo un soldado de Duhalde y el presidente no se siente inhibido por este tipo de enredo, tanto que ya perdió con su esposa en la provincia de Buenos Aires y se propone llevarla de nuevo como candidata en esa provincia si hubiere elecciones de constituyentes.
Los senadores del PJ también propusieron ayer a Eduardo Duhalde que Remes Lenicov se hiciera cargo de la Jefatura de Gabinete. El jefe de la bancada venía de intercambiar puntos de vista con sus colegas de bloque, entre ellos, la ultraduhaldista Mabel Müller, el salteño Marcelo LópezArias y el cordobés Juan Carlos Maqueda. Duhalde no respondió, aunque admitió que el ministro renunciado continuaría en el cargo hasta el viernes. En la propuesta subyacía un cierto sentimiento de culpa: la mayoría de los peronistas del Senado había llegado a la conclusión de que, a ojos de los medios, se los consideraba poco menos que verdugos de Remes.
A puertas cerradas, Gioja y compañía repetían en voz alta: «Tendríamos que salir a aclarar que nosotros no lo echamos a Remes; en todo caso, nos opusimos a sancionar el plan BONEX. El ministro ya estaba virtual-mente ido desde que Duhalde no le quiso firmar el decreto contra los amparos», se defendieron con un argumento bastante convincente.
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