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Comenzó a correr el café, una y otra vez. Y el juez español derivó la conversación hacia el terrorismo actual. Ahora interrogaba Kirchner, sobre todo en relación con los atentados de Londres del 7 de julio. «Tengo la experiencia directa de la ETA y de la crueldad y el dolor que significa perder un compañero por un atentado» comentó Garzón, quien lleva encima la foto de una colaboradora que perdió la vida en esas circunstancias. La charla derivó hacia la Scotland Yard y la confusión que originó la muerte del brasileño Jean de Menezes, acribillado con cinco balas en la cabeza. Quejas del juez por las declaraciones que se están produciendo en España en los últimos días.
Disfrutaba Kirchner de la charla, de las referencias al padre del magistrado, un humilde empleado de una estación de servicio, y -claro- de los halagos: «Es la primera vez que estoy con un presidente de la Argentina y me alegro de que sea con usted, a quien quiero agradecer como ciudadano su política de derechos humanos», elogió Garzón. Fue en ese momento en que el santacruceño, embalado, fijó un porcentaje.
También Michelini participó bastante de la charla. Se recordó allí a su padre Zelmar, ex periodista de «La Opinión» de Jacobo Timerman y desaparecido en Buenos Aires en 1976. El caso lo investiga todavía la Justicia. La conversación con el hijo de aquel senador se llevó un largo párrafo sobre las gestiones del gobierno ante Uruguay para que se castigue a los culpables de la desaparición de la nuera del poeta Juan Gelman, cuya hija fue hallada durante el gobierno de Jorge Batlle. Tabaré Vázquez excluyó este caso, junto con otros dos, de la Ley de Anmistía que rige en Uruguay desde el fin del régimen militar.
Desde la Casa Rosada el huésped del Presidente se dirigió hacia la ESMA, donde recorrería las instalaciones de ese ex centro de detención en compañía de Cristina Fernández de Kirchner y de dirigentes de los organismos de derechos humanos, como Tati Almeida y Laura Bonaparte, entre otras Madres de Plaza de Mayo. Garzón asistió allí con Rosario, su esposa, una abogada que ejerce como maestra en una escuela pública. Era la primera vez que pisaba ese predio, comentó el juez, a pesar de que había visitado el país en otras oportunidades, invitado por sus amigos Hugo Cañón (fiscal en Bahía Blanca), Adriana Arce y la rosarina Ana Villarreal. Se mostró emocionado. Sobre todo cuando le hicieron notar la presencia del nieto de Rosa Rosemblit, una de las Abuelas de Plaza de Mayo, quien regresó ayer, en esa ceremonia y por primera vez, al lugar donde nació, con su madre en cautiverio.
C.P.



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