21 de diciembre 2001 - 00:00

Entran en Kabul las primeras tropas de la fuerza de paz

En vísperas de la investidura del primer gobierno transitorio de la era postalibán en Afganistán, dirigido por el monárquico pashtún Hamid Karzai, la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) bajo mandato de la ONU comenzó este viernes en Kabul.

Mientras los norteamericanos seguían buscando al líder fundamentalista Osama bin Laden, la capital afgana se preparaba para recibir al nuevo poder, que, respaldado por la comunidad internacional, asumirá la dura tarea de levantar un país destrozado por 23 años de guerra.

Treinta marines británicos entraron el viernes en Kabul y un contingente de otros 53, precursor de la fuerza internacional, tenía previsto el viernes empezar a escoltar a las personalidades llegadas para asistir a la ceremonia de investidura del nuevo gabinete desde la base aérea de Bagram, al norte de Kabul.

El Pentágono anunció este viernes el bombardeo de un convoy en el este de Afganistán, que podría ser un error, según los primeros elementos.

La agencia Afghan Islamic Press (AIP) anunció en efecto que 65 personas de un convoy de notables que viajaban hacia Kabul para asistir a la ceremonia de investidura murieron el jueves por la noche en un bombardeo norteamericano en la misma región del este.

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el jueves por unanimidad una resolución que precisaba el mandato de esa fuerza de seguridad, que se desplegará en Kabul y sus alrededores durante seis meses, bajo mando británico.

Los comandos norteamericanos y las fuerzas locales afganas antitalibanes seguían con sus operaciones de rastreo en los valles y las numerosas cuevas de las montañas de Tora Bora, en el este de Afganistán, en busca de los últimos fugitivos de Al Qaida y de su jefe, Osama Bin Laden.

Un comandante local, Haji Hazrat Ali, afirmó que el multimillonario saudita, buscado por los atentados del pasado 11 de setiembre en Estados Unidos, "sigue en las montañas" de Tora Bora (este de Afganistán), aunque no precisó en qué se basaba esa información.

Los primeros integrantes de la fuerza internacional llegaron el jueves a Bagram, una base construida por los soviéticos a 50 km de Kabul y único aeropuerto actualmente practicable de la capital afgana.

Tropas británicas, muy discretamente, y norteamericanas ya estaban presentes en esa base desde hace varias semanas.

En Kabul, parecía que muchas armas habían desaparecido de las calles de la ciudad, donde los muyaidines recibieron orden de entregar sus Kalachnikovs, metralletas y otras armas.

Las nuevas autoridades afganas prohibieron el jueves a la población llevar a armas, salvo algunas excepciones. Reticentes a la presencia de la fuerza internacional, que aceptaron a regañadientes, pretendían demostrar que podrían garantizar por sí mismas el orden.

En la carretera que lleva de la base de Bagram a Kabul había el viernes un soldado afgano cada 500 metros.

Las distintas facciones afganas se enfrentaron en una sangrienta guerra entre 1992 y 1996, que dejó muy malos recuerdos en Kabul.

Los señores de la guerra, jefes de clanes y tribus volvieron a ser, tras la caída de los talibanes, los dueños de Afganistán.

El gobierno alemán decidió enviar hasta 1.200 hombres a Afganistán para participar en la fuerza, anunció el ministro de Defensa, Rudolf Scharping.

Esa fuerza, según la resolución de la ONU, tendrá como principal misión "ayudar" al nuevo gobierno a "mantener la seguridad en Kabul y sus alrededores, con el fin de que la autoridad afgana transitoria y el personal de Naciones Unidas puedan actuar en un entorno seguro".

El ex rey afgano, Mohammed Zaher Sha, expresó su confianza en la capacidad del gobierno de transición para manejar la situación tras la caída de los talibanes y anunció su voluntad de regresar a su país antes del 21 de marzo próximo, fecha del comienzo del nuevo año en Afganistán.

El ex rey, de 87 años y exiliado en Roma desde 1973, presidirá una "Loya Jirga de emergencia", la asamblea tradicional afgana, convocada en primavera para nombrar un nuevo gobierno que preparará las elecciones.

Paralelamente al despliegue de la fuerza de paz, seguía la búsqueda de los dirigentes de Al Qaida, a la que podrían unirse los marines británicos.

"Nuestro primer objetivo sigue siendo atrapar a los más altos dirigentes de Al Qaida y de los talibanes. Queremos trabajar sistemáticamente en esos túneles y esas grutas para ver lo que encontramos. Entonces, haremos lo que sea necesario, asignando los recursos adecuados", declaró la portavoz del Pentágono, Victoria Clarke.

Según el New York Times, "varios centenares" de marines o tropas terrestres podrían ser llamados en refuerzo, una decisión que se tomará en los próximos días.

Mientras los periodistas no están autorizados a penetrar en el sector rastreado, uno de los comandantes locales, Haji Hazrat Ali, aseguró el viernes que Bin Laden seguía en la región.

El jefe supremo de los talibanes, "el molá Omar, y Osama bin Laden siguen vivos. Bin Laden sigue en las montañas", declaró a la prensa en Jalalabad (este de Afganistán).

No obstante, el presidente estadounidense, George W. Bush, reconoció el viernes que Estados Unidos ignora dónde se encuentra Bin Laden.

Entretanto, la atención se centraba cada vez más en los miles de talibanes y miembros de Al Qaida hechos prisioneros.

Pakistán capturó a más de 500 talibanes y combatientes de Al Qaida que habían huido a las zonas tribales fronterizas de Afganistán.

El portavoz de la coalición antiterrorista en Islamabad, Kenton Keith, aseguró que unos 7.000 talibanes y miembros de Al Qaida estaban detenidos en la actualidad en Afganistán.

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