La estrategia: primero habla De la Rúa, luego Cavallo explica algunas medidas desde el Banco Nación (se frustró el proyecto original por una demora del Presidente y el ministro debió improvisar). El discurso -bastante bueno, bien leído-lo prepararon Nicolás Gallo, Cavallo, De la Rúa y su hijo Antonio. Antes de grabar, el mandatario le pidió moderación a directores de medios y a dirigentes varios. Firmó los decretos casi en cámara y allí le presentaron al nuevo consejero de Cavallo, Jacob Frenkel. Luego se reunió con los gobernadores radicales y empezó a preguntar por la reacción al paquete de medidas. El país se durmió con dudas, pero esperanzado.
Un minuto antes de grabar su discurso ante las cámaras instaladas en el Salón Blanco de la Casa Rosada, Fernando de la Rúa conoció al hombre del que Domingo Cavallo le estuvo hablando, hasta la extenuación, en los últimos diez días: el ministro le presentó a Jacob Frenkel, el negociador de la deuda de Merrill Lynch que contrató Economía.
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Las cámaras, instaladas sobre un carrito que permitiera distintos desplazamientos y enfoques, apuntaban ya sobre De la Rúa para que leyera su discurso. Entre la noche del miércoles y la tarde de ayer, la pieza había sido preparada por Antonio de la Rúa, Nicolás Gallo y Cavallo, quien estuvo largamente reunido con el Presidente antes de que se decidiera la grabación. Fue durante esa entrevista que comenzaron a firmarse los decretos de las principales medidas, de manera algo atolondrada, como se notó cuando Virgilio Loiácono entró en la sala para que le firmaran una de las medidas casi frente a las cámaras encendidas.
El último párrafo que se agregó al texto presidencial estuvo destinado a la comunidad internacional: lo pidió especialmente y con insistencia Adalberto Rodríguez Giavarini. A más de uno le quedó la sensación de que falta bastante para un acuerdo en el exterior.
De la Rúa quiso una escenografía clásica para su aparición. Leería los papeles y no aceptaría el «telepronter», aparato que permite seguir un texto mientras se mira a la cámara. Alrededor estarían todos los ministros y solamente ellos. Por eso, Juan Pablo Baylac, Darío Lopérfido y Ricardo Ostuni se quedarían entre bambalinas. Igual que Inés Pertiné, quien llegó ya comenzada «la obra» y aprobó la coreografía. A último minuto, se descartó también la aparición de dos granaderos como escoltas.
La grabación fue correcta, aunque muy sobre la hora. Por eso, cuando se detectó que había dos errores en lo que leyó De la Rúa, no se pudo corregir: los 8 técnicos encargados de producir el tape advirtieron que se demoraría muchísimo antes de salir al aire.
Cuando finalizó la presentación, De la Rúa se dirigió a su despacho para dialogar con los mandatarios provinciales del radicalismo. Con él se recluyó Chrystian Colombo. Se avanzó bastante hacia un acuerdo y hasta se aventuraron a firmarlo hoy. «Con el peronismo no sigamos negociando y, si alguno de ellos hace alguna macana, caigámosle con todo encima», fue la conjura en ese encuentro. Estaban todos los de la Alianza, salvo Sergio Montiel, «el Quebecois» (lo llaman así por sus ínfulas separatistas), ni Alfredo Avelín, aplacado ayer gracias a fondos que le remitieron para encarrilar la crisis sanjuanina.
Antes de encerrarse a discutir el nuevo pacto federal, De la Rúa dejó flotando dos instrucciones. Logró que se cumpliera sólo una: los ministros Patricia Bullrich (Seguridad Social) y Daniel Sartor (Desarrollo Social) concurrieron juntos y reconciliados a escuchar las explicaciones de Cavallo en el Ministerio de Economía. Se los vio pacíficos: una hora antes, les habían firmado un decreto salomónico de reparto de fondos. En cambio, Rodríguez Giavarini no visitó Economía, palacio que le resulta cada vez más «tierra de infieles». Pero, al parecer, no fue por mala voluntad: se entretuvo dialogando largamente con Daniel Marx. El secretario de Financiamiento casi no llega a la alocución de Cavallo. Se hubiera perdido de saludar a Frenkel, que estaba en primera fila sin que nadie lo reconociera.
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