15 de junio 2004 - 00:00

Espías K también pelean por plata

Por un momento, pensó en volver a la actividad bancaria, quizá como director del Banco Nación. Es que antes de ser el subsecretario de Inteligencia del Estado, Francisco Larcher fue director del Banco de Santa Cruz, y ese cargo le determinaba una especialidad.

Se entiende que alguien con estos antecedentes financieros se haya reservado para sí la administración de los fondos en la SIDE. Sonia Fornacero, la encargada de manejar esos recursos secretos -de tan cuestionables destinos-por encargo de Kirchner, tenía orden expresa: «Sólo Larcher puede pedir y manejar plata».

Esa orden implicaba una responsabilidad de poder, tanto para Fornacero como para Larcher: una señal que todo el entorno del gobierno supo leer.

• Conflicto

Fornacero conoce lo celosos que son sus jefes. Fue la mano derecha de Cristina Fernández en la Comisión de Investigación de Lavado de Dinero, época en la que el matrimonio presidencial se ganó la sospecha de Elisa Carrió sobre cierta duplicidad entre los dichos y los hechos (finalmente, razonable, la actual primera dama no suscribió el dictamen de la Carrió y prefirió alinearse con Daniel Scioli, quien desconfiaba de ciertas conclusiones de la jefa del ARI).

Desde aquella comisión, Fornacero llegó a la SIDE y debió asistir a un conflicto estridente. Fue el día en que el titular del organismo, Héctor Icazuriaga, pidió un dinero, por ser la máxima autoridad del organismo. «Tengo orden de sólo darle plata a Larcher», le contestó la contadora, angustiada por contrariar a su jefe, quien presuntamente autoriza el destino de los fondos. Icazuriaga, con lógica, perdió los estribos y mandó a redactar una resolución abriendo la caja también para él.

• Especialidad

Lo único que faltaba es que se dudara de su lealtad en el manejo de dinero cuando es alguien casi de la familia Kirchner: ¿o no lo hicieron dormir en Olivos hasta que consiguió un departamento acorde con su jerarquía?

Ahora, postergado Larcher, Icazuriaga ganó un espacio pecuniario, nada despreciable en ese mundo de espías y que le permitirá, según lenguas bonaerenses, el reclutamiento de duhaldistas arrepentidos o de arrepentidos en general que, como se sabe, es una especialidad de esta administración.

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