La nota política más fuerte del acto de Adolfo Rodríguez Saá fue la aparición en primer plano de la esposa del gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, junto al candidato presidencial que ya se ha inscrito por afuera del Partido Justicialista.
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Teresa González de Solá, «la Colorada», tiene una personalidad política autónoma de su marido. Por lo menos hasta anoche. Los dos se ocuparon justamente de destacar esa diferencia. «No juego en la interna presidencial, pero no puedo impedir gestos autónomos de Teresa. Lo único que le pedí es que no se dejase manipular», aclaraba el gobernador, aunque ese consejo parece inútil para una mujer dominante. Pero ese lenguaje en el duhaldismo, donde el «Salón Familias» es casi un partido aparte, nunca se entendería.
El duhaldismo lee el mensaje de que Solá volcó lo que tiene en la provincia (Poder Ejecutivo, entre otras cosas) a favor de R. Saá sin consultar a nadie: eso disparó desde hoy nuevas batallas en la provincia de Buenos Aires. La tensión entre el gobernador y el Presidente está contenida por la necesidad mutua. Pero, para un duhaldismo que rechaza la reelección de Solá y reclama que Duhalde se siente en esa silla otra vez -o en su defecto Chiche Duhaldeel gesto de «la Colorada» anoche fue una provocación intolerable.
Teresa Solá fue, como su marido, funcionaria del gobierno de Carlos Menem en la Cancillería (Dirección de la Mujer y Derechos Humanos). Considerada por el ex presidente, fue autora de discursos de Menem en foros internacionales y llegó en una oportunidad a participar de un congreso latinoamericano de primeras damas.
Después de 1999, mudó a la gobernación de Carlos Ruckauf como asesora.
Al asumir por una semana Rodríguez Saá la Presidencia, «la Colorada» fue secretaria de Cultura y promovió una de las medidas más importantes de esa breve gestión: el veto a la ley de mecenazgo cultural que había promovido el ex diputado alfonsinista Luis Brandoni.
Cuando terminó ese breve mandato, la Solá regresó a La Plata como subsecretaria de Turismo de su marido.
Ahora se entusiasma con Rodríguez Saá casi con el mismo fervor que antes desplegaba con Menem.
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