5 de julio 2004 - 00:00

¿Evitará Kirchner irritar a militares hoy en cena anual?

Néstor Kirchner enfrentará hoy a un considerable grupo de oficiales de las tres fuerzas armadas cuando lea el discurso conmemorativo del 9 de Julio en la cena anual de camaradería que se hará en el Edificio Libertador. Será la primera vez que les ve las caras a tantos mandos y oficiales después de la crisis de marzo pasado, cuando el propio presidente encabezó un acto en la ESMA que terminó con un saqueo de las instalaciones ante la pasividad de los uniformados y de la Policía, y pocos días más tarde defenestró de un pasillo del Colegio Militar los retratos de dos ex presidentes de facto.

Anoche en Olivos un grupo de consejeros íntimos del Presidente redactaba bajo la atenta mirada de Cristina Fernández la versión final de la pieza
, que, según prometió desde China el propio Kirchner, buscará superar aquella crisis que cree ha sido un gozne en su administración. Un error de percepción que el propio Kirchner describió así a un asesor: «Creí que iban a ir 300 mil a la ESMA y fueron 30 mil; creí que al acto de Blumberg iban a ir 6 mil y fueron 300 mil».

Como el camino que quiere recorrer hoy el Presidente es amortiguar todo lo posible las disidencias con Eduardo Duhalde, no le fue difícil a José Pampuro tranquilizar a los jefes militares que se interesaron durante el fin de semana sobre el contenido del discurso que leerá hoy el Presidente. Como Duhalde y su esposa figuraron entre los primeros críticos de los actos del presidente en la ESMA y en el Colegio Militar, creen que es en beneficio de la paz amortiguada que busca Kirchner evitar esta noche despertar más rispideces entre los militares.

Lo único que puede cambiar esta percepción, que le resta tensión a la cita de esta noche, es la sobreactuación de algunos asesores del Presidente en el momento de darle una mano en la redacción de los discursos. Cuando los almirantes a comienzos de este año le hicieron llegar el comunicado admitiendo que un sector de la ESMA se dedicase a recordar a las víctimas de la represión clandestina de las guerrillas, los asesores de Kirchner reescribieron el discurso del almirante Jorge Godoy totalmente. Abalanzados sobre la PC de Alberto Fernández -último responsable de los discursos de Kirchner-le hicieron repetir a Godoy la autocrítica por lo actuado en los años '70 que ya había hecho hace diez años el ex jefe Enrique Molina Pico e imponer, en la boca de Godoy, la promesa de desalojo total del predio de la ESMA por parte de todas las unidades e institutos que funcionan allí.

•Argumento

Esta vez Kirchner tiene un argumento que ya usó en algún acto desde aquella fecha para acercarse a los militares: la aprobación por sugerencia del poder Ejecutivo del envío de tropas a Haití. Por más que la ley salió tarde -recién a fin de julio podrá partir el contingente de militares que actuará como fuerza para imponer la paz en nombre de la ONU y bajo mando de Brasil-, el Presidente sabe que ir al exterior en maniobras o como Cascos Azules es la manera que tienen las Fuerzas Armadas para lograr actualización, donación de medios y pertrechos, mejorar sus salarios con viáticos y sobresueldos.

También la única manera en que les da hoy el país a los militares la oportunidad de actuar como profesionales de la guerra sin tener que dar explicaciones por actos políticos -además de criminalesprotagonizados hace 30 años cuando la mayoría de los integrantes de las fuerzas no había ingresado en la vida castrense.

Por eso el eje de la minuta que le acercó Pampuro el viernes a Alberto Fernández como borrador del discurso es la participación de los militares en el contingente latinoamericano que actuará en Haití. La glosa de esa decisión, cree el gobierno, arrancaría aplausos de los militares presentes que saben que Kirchner forzó el proyecto de ley de envío de tropas a Haití. Saben, además, que las demoras se produjeron por el encono del peronismo que se le opone al gobierno en el Congreso que jugó a desmerecer el proyecto oficial con el solo propósito de esmerilarlo políticamente en una puja de la cual los militares son -como la mayoría del público-meros testigos.

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