22 de mayo 2003 - 00:00

Examina hoy Kirchner nombres para segunda línea del nuevo gobierno

Néstor Kirchner reunirá hoy en la Capital Federal por primera vez al gabinete que lo acompañará desde el 25 de mayo. Examinará la integración de la segunda línea de ministerios y Presidencia. Ordenó desde Santa Cruz hermetismo sobre cada cargo porque revisará personalmente cada nombre. Ese examen lo hará a solas con cada uno de los trece funcionarios de primera línea (diez ministros, jefe de Gabinete, secretario general y SIDE). En áreas polémicas, como Justicia y Seguridad, se habló ayer de que Gustavo Béliz impondría línea garantista con fiscales como Norberto Quantín, Horacio Campagnoli y Maximiliano Rusconi. Confirmarían en Interior a director electoral Alejandro Tullio, en Economía al jefe de Gabinete Federico Poli, a Oscar Tangelson (Producción), Guillermo Nielsen (Finanzas) y se promovería a su segundo Leonardo Madcur a una nueva secretaría. También habría una subsecretaría para Sebastián Palla. En Obras Públicas, a Guillermo López del Punta en Transportes y entraría Daniel Cameron en Energía. En Cancillería sigue Martín Redrado. El abogado santacruceño Carlos Zanini está entre Secretaría Legal y Técnica y Procuración del Tesoro.

Néstor Kirchner mantendrá esta tarde la primera reunión informal del gabinete que lo acompañará en la gestión que iniciará el próximo domingo. Arribará desde Santa Cruz junto a su esposa alrededor de las 15 y lo esperará el equipo de ministros en la oficina que ocupa en la delegación provincial.

Con cada uno de los integrantes de ese grupo de trece funcionarios de primera línea (diez ministros, jefe de gabinete, secretario General y de la SIDE) hará un examen, nombre por nombre, de las designaciones de la segunda línea de la Presidencia y de cada ministerio.

Una aclaración de estilo de aquí y para siempre:
el nuevo presidente aplica un método de relación con sus funcionarios de tipo radial, es decir que evita las reuniones multitudinarias y establece un modo especial de contacto donde cada charla queda «tabicada» para los demás.

Segundo: como intendente y gobernador que ha sido y es revisa cada acto administrativo, gasto o nombramiento, lo avala o lo rechaza más allá de la decisión del responsable del área. Ya se fijará después en el cumplimiento de las metas, pero le importa antes que nada el impacto que cada nombre tendrá en la opinión pública. En este método se parece demasiado a como actuó Eduardo Duhalde.

Quienes lo conocen califican la principal condición del nuevo presidente como un semiólogo intuitivo, es decir un hombre que percibe con un golpe de vista el efecto que los gestos y las palabras tienen en el público.

Eso explica el silencio de los futuros ministros del gabinete, a quienes la ausencia de Kirchner en Buenos Aires los hizo enfrentar a los micrófonos con naderías y generalidades de ocasión. Les llegó clarito el dictamen del mandatario, vía el nuevo jefe de gabinete Alberto Fernández, de que no se pueden adelantar ni planes de gobierno ni nombres de designaciones que no hayan pasado por el cedazo de hoy en la Casa de Santa Cruz.

Si no, no se entiende la preocupación que ganó ayer al nonato gabinete por el efecto que tuvo en algunos sectores que se le atribuyese a Gustavo Béliz algunas designaciones. (Ver nota aparte).

• Sospecha

Como ya la familia judicial quedó escocida por el nombre del ex ministro de Carlos Menem, creció la sospecha de que ese nombramiento podría ser revisado. No ocurrirá porque Kirchner, ha elegido alzar la voz para ganar autoridad tras haber ganado la presidencia, y no podría enfrentar un paso atrás en su primer anuncio como presidente.

Béliz
recibió en la mañana de ayer en su domicilio en el barrio porteño de Las Cañitas a Juan José Alvarez, a quien suplantará en Justicia. Debatieron durante dos horas detalles de la futura gestión; el silencio que guardó el «Juanjo» bonaerense, que se siente en las antípodas de su sucesor, dio más pabilo a esas versiones.

A la hora de despedirse de los jefes de las fuerzas de seguridad -por la tarde- tampoco pudo confirmarles si pasarán como quieren al área de Interior. En esta cartera, el flamante
Aníbal Fernández se animó ya a una confirmación, la del director nacional Electoral Alejandro Tullio, un radical que viene de la era De la Rúa y que ha ganado - junto a su jefe, que se va, el peronista Cristian Ritondo- crédito por la normalidad al menos técnica de los últimos comicios.

Fernández
-un experto en piqueterismo- quiere manejar las fuerzas de seguridad, y cree que debe haber continuidad en materia electoral, más cuando desde junio habrá por lo menos una elección por mes.

La revisión de la segunda línea ya la adelantó por teléfono ayer el propio
Kirchner desde Santa Cruz, si no, no se entiende que anoche circulase que había rechazado ser el vicecanciller de Rafael Bielsa el gravitante dirigente porteño Eduardo Valdés. Tan gravitante que fue quien lo acercó al escritor al nuevo presidente y su entorno. Como Bielsa estuvo inhallable ayer -hasta para el mismo Kirchner que lo rastreó sin encontrarlo- no fue posible confirmar si el divorcio Bielsa-Valdés no replica un veto con aire patagónico.

Igual siguieron trascendiendo nombres para áreas importantes: se sabe que el Presidente ordenó el traslado hacia Buenos Aires del actual presidente de la Corte de Justicia provincial,
Carlos Zanini, a quien se le podría confiar la Secretaría Legal y Técnica, clave en cualquier gestión presidencial porque maneja la lupa sobre lo que firma el mandatario. Otros lo ven en la Procuración del Tesoro.

Sigiloso, se instaló ayer en Buenos Aires el neuquino
Oscar Parrilli, futuro secretario general de la Presidencia, que hoy se verá con el saliente José Pampuro -a quien se le registraron reuniones a su vez con el renunciante Horacio Jaunarena, a quien reemplazará en Defensa.

Tienen mucho que hablar Pampuro y Parrilli, porque una de las responsabilidades de la secretaría General es el manejo de los fondos reservados para uso del Presidente, una misión inconfesable que requiere tacto. También espera
Parrilli a verse hoy con el Presidente para una decisión clave: cuál será la relación de la secretaría General el Comité Federal de Radiodifusión, hoy en manos de una de las almohadas de Eduardo Duhalde, Jorge Catterbetti, y donde hereda Kirchner una colección de problemas.

Sobre la reserva de estas gestiones tampoco dijo nada
Daniel Scioli, quien ayer recibió una ovación de los empresarios de la Cámara Argentina de Comercio, pero que espera para hoy confirmar qué porción del gabinete quedará bajo su competencia.

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