21 de mayo 2001 - 00:00

Exiliado, Chacho alienta remake de Grupo de los Ocho

Exiliado, Chacho alienta remake de Grupo de los Ocho
La nueva versión del Grupo de los Ocho debutará mañana como subloque «rebelde» del Frepaso en Diputados. Los bonaerenses Marcela Bordenave, Jorge Giles, Eduardo Macaluse, Elsa Quiroz y María América González; Rafael Flores (Santa Cruz), el entrerriano Federico Soñez y José Luis Lanza (Capital Federal) animarán una re-make de aquel octeto que, bajo el liderazgo de Carlos Chacho Alvarez, rompió con el PJ en 1989 y se convirtió en germen del Frente Grande, primero, y del Frepaso, 6 años más tarde. No levantan sólo banderas de trasparencia, reclaman que el Frepaso recupere su identidad y defina un rumbo político coherente con sus principios fundacionales.

Este núcleo también se abre, aunque muy tímidamente, del oficialismo de turno, en este caso la Alianza. A diferencia del original, no tiene jefe natural ni lo digita Alvarez desde las sombras, si bien este último amaga «bendecirlo» sin dejar el exilio. En caso de que Chacho decida volver a las fuentes partidarias, no desentonará del brazo de los disidentes que todavía no rompieron. Pero, al no jugarse por ellos, tendrá margen de acción para tomar otra actitud, según se presente el futuro.

A Darío Alessandro no le molesta esta situación ambigua, a pesar de que -junto a Rodolfo Rodil-sigue siendo la cara visible del entendimiento entre los frepasistas del Congreso y la Casa Rosada. En definitiva, ganan tiempo. Por un lado, mientras no haya deserciones violentas y los díscolos engrosen el subloque, conservan el aspecto de unidad en la discordia.

También a los oficialistas les cabe la salida de ir virando hacia Bordenave y compañía, si las papas comienzan a quemar cerca de octubre. Hasta pueden simular que la disidencia les hizo un golpe de Estado y los obligó a hacerse opositores.

• Corralito

Hay otro factor tranquilizador para Alessandro y Rodil. Salvo 2 integrantes (los ceteristas Macaluse y Quiroz), los fogoneros del subloque caducan mandato en la Cámara baja a fin de año y nadie garantiza que alguno de ellos pueda ser reelecto. Momentáneamente, permanecen en un corralito, a diferencia de los socialistas democráticos que el año pasado ya se exiliaron y hoy comparten cartel con la radical «combativa» Elisa Carrió en el ARI; o del flamante Frente para el Cambio, que componen la azafata Alicia Castro, el auyerista Alfredo Villalba, el abogado de los derechos humanos Ramón Torres Molina y el intransigente Gustavo Cardesa.

Los que ya se fueron trabajarán en sintonía parlamentaria entre ellos. A este esquema amaga incorporarse el nuevo subloque, pero -curiosamente-sin renunciar a su filiación frepasista. En similar actitud se plan-tan los socialistas populares Rubén Giustiniani y María Barbagelata, quienes siguen disciplinados administrativamente a Alessandro. Gustavo Galland, representante del PSP bonaerense, anticipó que no pertenece al bloque oficialista y ya confeccionó las valijas.

A nivel partidario,
Alessandro y los demás sacan provecho de una táctica casi fotocopiada del Congreso. Siguen postergando la discusión de fondo y no definen la sucesión de Alvarez. El sábado pasado suspendieron una reunión de la mesa nacional ampliada del Frente Grande, en la sede porteña de la calle Callao al 200.

Mientras
Chacho continúe stand by, no parece oportuno designar una conducción colegiada que lo reemplace. Desembocar en ese punto forzaría un debate doméstico no deseado. Ya hay suficiente pelea con un tema menor, comparado con la cuestión de fondo.

La mendocina
Cristina Zuccardi, quien ganó la interna de su distrito hace una se-mana, sigue en litigio -ya en Tribunalescon los chachistas ortodoxos que le quisieron intervenir el Frente en Mendoza, tras un pataleo del archirrival de la mujer de Alberto Flamarique, Juan González Ga-viola. Zuccardi logró frenar transitoriamente la intervención, gracias a la jueza María Servini de Cubría, que hizo lugar a su reclamo.

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