14 de noviembre 2007 - 00:00

Festejó Moyano extorsión

Néstor Kirchner, y lo repiten quienes lo orbitan, suele jactarse de que tiene controlado a Hugo Moyano. Su intervención anteayer, presuntamente exitosa, que impidió el paro general del transporte al que había convocado el camionero (luego de los incidentes frente a la Legislatura), era usada ayer por el gobierno para ratificar aquella afirmación. Sin embargo, en la CGT la lectura era totalmente inversa: festejaron que la amenaza extorsiva de una medida de fuerza obligó al patagónico a llamar dos veces a Moyano, con lo que posicionó al camionero como actor indispensable para la convivencia en los primeros meses de la administración de Cristina de Kirchner. "Le marcamos la cancha", brindaban los sindicalistas. Por si acaso anunciaron anoche que quieren hacer un paro el próximo 29 con marcha a la Legislatura porteña, cuando tratará el proyecto de la polémica.

Hugo Moyano reunió ayer a la «mesa chica» de la CGT yvovió a pedir precisiones sobre el Pacto Social que promueveCristina de Kirchner.
Hugo Moyano reunió ayer a la «mesa chica» de la CGT y vovió a pedir precisiones sobre el Pacto Social que promueve Cristina de Kirchner.
«Nosotros ya marcamos la cancha.» La frase, pronunciada por uno de los más poderosos caciques del transporte, resume el balance que los gremios moyanistas hacen de «el paro que no fue» que forzó a Néstor Kirchner a intervenir, en persona, para evitar la medida de fuerza.

No hay una pizca de gentileza en el comentario. A pesar de que ayer, desde la CGT formalmente se emitieron señales orientadas a desvanecer el clima de tensión con la Casa Rosada, en los círculos más cerrados del moyanismo, la posición es de belicosidad contenida.

De hecho, en UTA, ayer se reunió la «mesa chica» de la CGT y, extrema reserva, se volvió a insistir con el planteo de pedirle precisiones al gobierno sobre el formato y los objetivos del meneado Pacto Social. Aquí ya se contó: Moyano le recela a esa mesa.

  • Sin indicios

  • De Cristina de Kirchner no han recibido un solo indicio sobre cuál será el rol de los gremios en la mesa. Y, por esa razón, el destinatario de la avanzada del lunes es el gobierno en un anticipo de cómo podrían actuar si no son considerados por la presidenta electa.

    Gente de negociación dura, los sindicalistas traducen lo ocurrido el lunes frente a la Legislatura y la posterior apariciónde Kirchner para evitar el paro, como un proceso que refuerza su diálogo con Balcarce 50, pero los ubica en un sitio de fuerza.

    Es más: suponen que la intervención directa de Kirchner reposicionó al «clan del transporte» que amenazó con paralizar el país luego de los incidentes entre policías y sindicalistas. Es, todo, mirando a junio de 2008, cuando se debe renovar la conducción de la CGT.

    No ocultan otras intenciones. Apenas se anunció la medida de fuerza, el primer funcionario con el que hablaron los moyanistas fue el ministro de Planificación, Julio De Vido. Recién luego de ese diálogo, fue el turno de hablar con Alberto Fernández y, dos veces, con el Presidente.

    De Vido es, para los moyanistas, la puerta de entrada al gobierno. «Es el único ministro peronista», dicen, excesivos, los sindicalistas para trasmitir que es el único ministro cuyo destino les importa y por el único que están dispuestos a pedirle a Kirchner.

    Para un sector de la Casa Rosada eso fue, en esencia, lo que ocurrió la tarde del lunes: la presión poschoques fue una maniobra de los gremios para condicionar a la electa Cristina de Kirchner e incidir en el diseño de su futuro gabinete.

    En ese marco, los moyanistas afirman también que el «diálogo con Kirchner» está mejor que nunca, y relativizan que ese vínculo haya sido necesario para levantar el paro.

    «Esas son nuestras armas: la protesta. Es la forma de hacernos escuchar», confió, anoche, un jerarca sindical.

  • Solidaridad

    Vuelven, peronistas al fin, a un concepto básico: la solidaridad que, alardean, apareció el lunes cuando la UTA, los portuarios, La Fraternidad y hasta aeronáuticos se plegaron, siquiera de palabra, a la amenaza de paro total de transporte en apoyo a taxistas y camioneros.

    Hay que rastrear un dato: cuando discutían el impacto del paro, la UTA de Roberto Fernández planteó limitar la protesta a la Capital Federal. Con eso, hizo recrudecer los recelos de los moyanistas respecto del «compromiso» que Fernández tiene con la «causa del transporte».

    Fernández, se sabe, tiene un trato ácido con Moyano desde que el camionero quiso, caído Juan Manuel Palacios, estirar su dominio a la UTA. Fernández, que largos años atrás armó operativos para Carlos Menem, es la pierna renga del armado moyanista.
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