Hartante resultó el reclamo del periodismo, tanto que hasta los candidatos opositores se valieron de esa excusa para incorporarlo a su publicidad. Hasta pueril resultaba la queja de esos organismos de la prensa libre -aunque monopólica-, irritados con la negativa de Cristina de Kirchner (por no hablar de su marido) a conceder entrevistas a los medios de prensa (grandes o pequeños), y brindar una conferencia, además de desentenderse de los cronistas (los que, ni siquiera, se le podían acercar). Despreciaba en suma con soberbia oligárquica a una multitud de ganapanes que pedían una oración, guiño o palabra para llevar a su trabajo. Si deseaba excitar ese malestar, cada tanto la señora en el exterior se brindaba a reportajes anodinos con estrellas fugaces (tipo CNN), más cercanas a la farándula que al periodismo serio. Pero ayer, en apariencia, los Kirchner modificaron esa estrategia de silencio ante cierta prensa y ella, a través de un mensaje grabado que la ayuda en la propaganda electoral, entregó su monólogo frente a tres o cuatro periodistas o animadores de la tele. Demasiado temor entonces de la candidata ante un gremio -en rigor, frente al riesgo de enredarse en un posible desatino mediático- por parte de quien reveló solvencia en otros foros y con interlocutores más rigurosos. Más allá de antipatías o cuestiones de estilo. Cuesta entonces entender esa obsesión contra los medios, el odio a determinados profesionales -justamente con los que no cruza una palabra-; ni siquiera puede pensarse en que la deliberada beneficencia que hizo ayer para unos pocos se extienda en el futuro con la mayoría. Ya lo previno: no voy a hablar todos los días si soy presidenta. Justo es recordarle que, desde su instalación como primera dama, hace más de 4 años, no otorgó más de uno o dos reportajes, ni se prestó a una conferencia de prensa. Usó, eso sí, la complicidad del «off the record» con algunos preferidos en contadas ocasiones, esa complicidad con el poder tan común en el mundo subdesarrollado.
Alberto Fernández, Cristina de Kirchner, Néstor Kirchner, Miguel Peirano,
Martín Redrado y Aníbal Fernández.
Cristina de Kirchner se remontó al estruendoso derrumbe de la Alianza entre radicales y frepasistas -muchos de los cuales integran hoy su gobierno- para justificar una crítica, genérica, contra la prensa, a la que acusó de haber «construido» esa coalición.
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En su primer reportaje a un medio argentino, a apenas cuatro días de las elecciones, la primera dama cuestionó la «construcción mediática de la política» (y usó el caso de la entente que derivó en De la Rúa-Chacho Alvarez) y reclamó «rigor periodístico» y «objetividad» a los medios.
A dedo, la Casa Rosada eligió a un puñado de periodistas para que entrevisten a la candidata. Mónica Gutiérrez, a quien la senadora tuteó; los conductores de «A dos voces», y hoy cerrará el ciclo confesional con un reportaje, seguramente «a fondo», con Oscar González Oro y Beto Casella.
Hasta se permitió, ante un reclamo de Gutiérrez, recordar que durante un viaje a EE.UU, les concedió una charla informal a ella y al periodista Román Lejtman. Para el Guinness: la candidata rompió el off de record.
La apertura de la primera dama, que sólo había dado notas a medios extranjeros o a periodistas argentinos, pero en el exterior y sin hablar de política local, había sido prenunciada por Alberto Fernández. Se pensó como un recurso de acercamiento.
Relevante
Sin embargo, en las horas de radio y TV que ofrendó no hubo precisiones puntuales. Global, diplomática, esquivó las definiciones tajantes. Al punto que no permitió que la abrumen con preguntas. A continuación, los datos más relevantes:
Se mostró como continuidad de su esposo al plantear que se hará «cargo del cambio profundo» que, dijo, tuvo el país en los cuatro años y medio de gestión de Néstor Kirchner. Y, en esa línea, apareció como la que encabezará una «etapa cualitativa» en el país. «Me parece que voy a ser una presidentaque se hace cargo del cambio profundo que ha habido en los últimos años en la Argentina y que quiere seguir impulsando ese cambio para adelante», dijo.
Trató de refutar la percepción de «encierro» y de círculo mínimo en la toma de decisiones que caracteriza a los Kirchner. «'Cristina, Cobos y vos', que parece un eslogan de campaña, yo lo concibo en un futuro como 'Argentina, el gobierno y vos', porque las decisiones de un presidente, un intendente o un gobernador las toma todos los días e involucran a millones de ciudadanos», detalló. «Me imagino como una presidenta que no solamente sea de ella la responsabilidad de todo lo que suceda en el país. Sueño con mucha participación y organización de la sociedad civil», agregó.
Sobre seguridad, el tema más caliente para la calle, según coinciden todas las encuestas, la candidata se atajó con el conocido planteo de que la delincuencia no es una cuestión policial. «No es un tema que pueda ser aislado de lo que es el modelo económico, de ecuación de salud y justicia» ya que es un tema « absolutamente global», señaló. «Se necesita un modelo económico y social que tenga empleo, de mejor distribución del ingreso, de combate contra la pobreza porque está claro que uno de los principales problemas que tiene la seguridad es la inmensa brecha que existe entre ricos y pobres», afirmó.
Se quejó, además, de las comparaciones -que animaron desde la Casa Rosada- con Hillary Clinton y, en referencia a una nota del diario «El País», con Eva Perón. «Yo creo mucho en que uno debe ser uno mismo. No hay que tratar de imitar ni parecerse a nadie. No hay mejor cosa que ser parecido a uno mismo. Hillary tiene algunas coincidencias conmigo en cuanto a que ambas hemos sido senadoras, somos abogadas. Hasta ahí. Ni Evita, ni Hillary, Cristina», sostuvo.
Prometió, en un sesgo diferenciador respecto de su esposo, que de ser presidenta, «naturalmente» recibirá a los dirigentes de la oposición. «Si algo me ha dado la gimnasia parlamentaria es saber que no puedo imponer lo que yo quiero», sino que « necesariamente tengo que acordar y escuchar la opinión del otro». . Así y todo, se declaró « inflexible» en cuanto a lo que implica «representar los intereses de los que me votaron». Dijo albergar un «sentimiento de gran responsabilidad frente a todos los argentinos en un acto electoral (por representar) a un espacio político y a una forma de abordar y ver los problemas del país diferente de lo que hemos venido teniendo en la Argentina».
Habló, además, de una relación «seria y madura, como la que hemos tenido con todos los países del mundo y es la misma que vamos a seguir teniendo» con Estados Unidos.
Sobre corrupción, asunto que empañó los últimos meses de la gestión de su esposo, afirmó que «reaccionará» como ha hecho el actual gobierno, citando el caso de los funcionarios vinculados al caso Skanska, «aún sin estar procesado». Prometió, además, que impulsará una reforma en el Poder Judicial para reforzar los controles sobre irregularidades.
Para espantar las versiones de desencuentros con Daniel Scioli, no ahorró elogios para el vice y candidato. «Es una persona con empuje, fuerza y con una forma de trabajar casi obsesiva.» En la misma línea, defendió el sistema de listas colectoras en los municipios: «Es gente que quiere ser candidato por una lista y quiere llevar a Scioli y a Cristina. Pero no es nada complicado, ni intrincado, ni una estrategia planificada en cenáculos cerrados».
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