6 de febrero 2003 - 00:00

"Forofobia" agobia a Duhalde

Como siempre, Eduardo Duhalde termina haciendo al revés de lo que pregona. Durante todo el año pasado esquivó designar al representante del Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura: razonable actitud para quien planteaba reducir ese paquidérmico organismo de dudosa efectividad.

Sin embargo, seguramente por su dependencia de Antonio Cafiero, colocó en ese cargo a Joaquín Pedro Da Rocha, hombre que sirvió a la renovación con denuedo. Lo de Cafiero ubicando gente es notable: todavía no se sabe cómo no logró instalar en la burocracia -al menos, en la oficial- a los famosos hermanos Conzi que auspiciaba su coequiper Miguel Maldonado, quien se hizo notorio por acompañar al senador en su denuncia de los sobornos en la Cámara alta. Belleza de gente.

Se enorgullecía Duhalde cuando le reclamaban suceder a Alfredo Vítolo (cesó con De la Rúa), quien percibía una importante remuneración (casi como un ministro de la Corte, ahora heredada por Da Rocha), para no ser como su antecesor radical y como muestra de su austeridad. «No voy a agrandar algo que no existe» y sucesivamente rechazó propuestas y nombres para esa vacante. Parecía un ejemplo.

Esta semana sucumbió a su orga y puso a un cuadro del cafierismo (fue funcionario en esa olvidable gestión), sigue la fiesta.

• Chapucería

Al margen de valores del nuevo designado, resulta una chapucería la nominación frente a lo que abogaba el Presidente, como las que hicieron otros funcionarios (Soria, Alvarez, Toma), algún indulto imprevisto y hasta el intento oficial de remover con un papirotazo enterita la Corte Suprema. Tanta impericia sólo parece reconocer un origen: la «forofobia» de Duhalde, neologismo psicológico que explica las aprehensiones humanas ante el mundo judicial. Lo singular es que el mandatario hoy padece «forofobia», nadie sabe el nombre de lo que sufrirá cuando deje el cargo y empiecen a llover las demandas -empezando por las anomalías del Banco Provincia- en un país donde la Justicia, como quizás lo compruebe Da Rocha, más responde al poder que a la equidad.

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