El fin del diálogo entre Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez alarmó ayer al Episcopado argentino. La primera reacción llegó desde la zona de conflicto, donde el obispo de Salto, Pablo Galimberti, y su obispo auxiliar, Heriberto Bodeant, se comunicaron por teléfono con Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú, y con monseñor Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia, debido al agravamiento del diferendo por la puesta en marcha de la pastera Botnia.
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«Invitamos a los sacerdotes, religiosas, religiosos y fieles junto con sus comunidades y familias para que particularmente en este fin de semana eleven oraciones por el pronto restablecimiento de la paz entre argentinos y uruguayos», exhortaron por escrito los obispos, dejando de lado en esta invitación al rezo tanto a Kirchner como a Vázquez.
«Como comunidades vecinas del río Uruguay sentimos esta especial urgencia ante los recientes acontecimientos», alertaron los religiosos, quienes hasta ahora se habían mantenido al margen del conflicto ya que los presidentes de sus respectivos países eran los encargados de encauzar el diálogo. Pero ayer el canciller uruguayo, Reynaldo Gargano, anunció unilateralmente que se había acabado la «buena voluntad» y que el diálogo, pese a la insistencia de la Corona española, estaba terminado.
Los primeros en reaccionar fueron los obispos uruguayos, quienes ya habían intercambiado opiniones con sus pares argentinos: «Por nuestra parte, estaremos participando en la peregrinación nacional a la patrona del Uruguay, Virgen de los Treinta y Tres Orientales. En sus manos depositamos estas preocupaciones, con la seguridad de que ella pondrá su oración materna para que depongamos las barreras que nos alejan. Los bendecimos de corazón: Pablo Galimberti, obispo de Salto; Heriberto Bodeant, obispo auxiliar de Salto; Daniel Gil, obispo emérito de Salto», fue el escueto comunicado que emitieron desde la otra orilla del río Uruguay.
Si bien el obispo Lozano se sumó desde su localidad a esa plegaria, la Conferencia Episcopal Argentina aprovechó ayer para manifestar otras preocupaciones y advirtió sobre el dolor de muchas familias cuyos hijos «quedaron atrapados por los efectos de la droga y sus secuelas de muerte y destrucción», un tema que preocupa especialmente a Jorge Bergoglio.
«Su comercio de muerte se instaló entre nosotros» para quedarse en la escuela, en el club, en la esquina, en los boliches y recitales, en la cancha, en las cárceles y hasta en los lugares de trabajo.»
La carta pastoral, que lleva por título «La droga, sinónimo de muerte», había sido aprobada en el marco de la 94ª
Asamblea Plenaria del Episcopado que se reunió del 5 al 9 de noviembre en la casa de ejercicios El Cenáculo - La Montonera, de Pilar.
Interpelados
Los obispos dicen sentirse interpelados «de modo particular por los rostros sufrientes de quienes están atrapados y condenados por una de las calamidades más grandes de estos últimos tiempos, como son el consumo y las adicciones a la droga».
También, en una llamada de atención al gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, aseguran que «el narconegocio se instaló en nuestro país, prospera exitosamente, destruye familias y mata. Nuestro territorio ha dejado de ser sólo un país de paso» y afirman que «observaciones confiables y de diversas fuentes nos advierten que el consumo arraiga en los jóvenes, y avanza sobre la inocencia y fragilidad de los niños».
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