17 de diciembre 2004 - 00:00

Fracción Trotskista vs. piqueteros

La autodenominada Fracción Trotskista es una emanación del Partido de Trabajadores por el Socialismo dedicada al debate ideológico en ese espacio de la izquierda; es decir a ese eterno marcar la cancha entre los grupúsculos con los que compite en el sueño de dirigir un proceso revolucionario. En el último número de su órgano, Estrategia Internacional, dedica un largo análisis a denunciar las desviaciones « piqueteristas» de sus primos del Partido Obrero de Jorge Altamira. La crítica principal a Altamira es que éste les atribuye a los líderes piqueteros y desocupados el rol conductor de la revolución que, según estos trotskistas, está reservado a los obreros industriales. Aquí lo principal de ese análisis, que sirve de mapa para entender los forcejeos entre los grupúsculos trotskistas en la puja por el declinante fenómeno de la protesta callejera. El título de ese editorial es claro, «Mitos y justificaciones sobre el 'piqueterismo'».

El Partido Obrero ha creado mitos y justificaciones -que son acompañados con una caracterización catastrofista de las perspectivas del capitalismo, afiebrada de la situación nacional y de su propio papel en la lucha de clases-para encubrir su orientación política que no enfrenta seriamente las contradicciones que la política clientelar del Estado le plantea a los movimientos piqueteros, como lo debería hacer una organización que se reclama obrera y socialista y cuyo fin es la lucha contra el Estado burgués.

El PO es subsidiario y cultor de una especie de apologismo del movimiento piquetero que llamaremos « piqueterismo» y que se refiere al ensalzamiento del movimiento de los desocupados como la refundación de una dirección política de la clase obrera. Esta « ideología» es justificada en nombre de la lucha por un programa que para el PO es la única garantía de superar los límites del movimiento piquetero.

El PO identifica el «piqueterismo» con la organización de los sectores «más explotados» de la sociedad, es decir, en palabras de Altamira con haber «puesto en movimiento al sector menos politizado» de la clase trabajadora, el que está llamado a ser la «vanguardia política». De esta manera el PO se desliza a una concepción semipopulista -al estilo Raúl Castells-que confunde e iguala las duras condiciones impuestas por la necesidad con la constitución de un sujeto social revolucionario.

Confundir el significado revolucionario de esta potencialidad con la reorganización de las fuerzas sociales de la clase trabajadora y el surgimiento de una dirección política que la encarne, lleva a un peligroso salto lógico. En primer lugar, porque se liquida a la clase obrera como unidad y se diluye la fuerza social efectiva de cada uno de sus sectores, abstrayendo -como si fuera posible-el piquete como fuerza territorial, del poder social que emana de la producción y los servicios, o peor aún en el caso del populismo oponiendo el territorialismo a la centralidad del proletariado.

En segundo lugar porque en nombre de la esencia revolucionaria de la pobreza se abandona la lucha por conquistar a la mayoría de la clase obrera y sobre todo sus batallones centrales concentrados y que son el nervio de las relaciones de producción capitalistas.

• Encarnación

Esta es una forma de cederle a la prédica según la cual la fragmentación actual de la clase obrera es una nueva realidad que no puede ser superada política y socialmente.

En su intento de apología del « piqueterismo» Jorge Altamira identifica al movimiento piquetero como la encarnación de la consigna de la milicia obrera que figuraba en la Circular de la Liga Comunista en tiempos de Marx y con el planteamiento del piquete del Programa de Transición de la IV Internacional.

El PO presenta los actuales piquetes recurriendo a su contenido histórico aunque poco tengan que ver con ello. En la Argentina-los movimientos piqueteros expresaronel momento de la escisión en diversas puebladas y la tendencia a la autoorganización para la defensa. Hoy, la organización de los desocupados no es una continuidad lineal de este método. Por el contrario, está cada vez más en desuso, y la mayoría de las acciones son marchas, mitines o actos. No negamos el valor político de este tipo de manifestaciones y su importancia para la lucha de los trabajadores pero para que los piquetes puedan encarnar el embrión de la milicia obrera, del programa forjado por el socialismo revolucionario, que expresa la tendencia a la autoorganización de los obreros como una fuerza independiente enfrentada al capital, es necesario señalar claramente su actual degradación y marcar una perspectiva distinta de unidad de clase y de lucha revolucionaria.

Por otro lado, la definición del PO que une pobreza y condición subversiva del proletariado separa clase y composición de clase, subestimando el papel objetivo que cumple cada sector en el proceso de producción y reproducción del capital. Elimina así la centralidad del proletariado de la industria y los servicios en su capacidad de encarnar -a través de su lucha, su organización independiente y su programa-un poder social que englobe las reivindicaciones del conjunto del pueblo oprimido.

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