Frío apoyo del PJ a Kirchner-Scioli ayer
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«Mal alguien puede pensar que por un voto vamos a presionar a alguien, nosotros que sabemos lo que son las persecuciones», bramó y suplicó por «la solidaridad» de los gobernadores. En la platea relucía la razón de ese auxilio: los únicos mandatarios eran Felipe Solá y el jujeño Eduardo Fellner.
Un rato antes, el secretario de Turismo, más apasionado, había estrenado la frase que será el leivmotiv de su campaña: «Ni un paso atrás, la Argentina debe mirar para adelante, y dejar de pensar que la mejor década está en el pasado. No vamos a dar ni un paso atrás».
También se deshizo en halagos a Duhalde, a quien le auguró « un lugar en la historia» por ser el « gran presidente que generó la recuperación económica».
A su turno, Kirchner se colgó de ese ítem: «En política, nadie es propiedad de nadie», reaccionó el santacruceño como respuesta a los dichos de Carlos Menem que anteayer sostuvo que Scioli fue un «invento» suyo.
A las cinco y media, Kirchner y su compañero entraron en tándem. Unos minutos antes lo hicieron sus esposas, Cristina Fernández -con pantalones, contraindicado en damas sobre el escenario-y Karina Rabollini -elegante como siempre-que se treparon al palco, coronado con una pantalla donde se veía la bandera argentina de fondo, con la frase: «Un país en serio, Kirchner-Scioli».
Abajo, muchos sólo para cumplir, se apilaron Manuel Quindimil, los ministros Alfredo Atanasof y Aníbal Fernández, el vocero presidencial Luis Ve rdi, Eduardo Camaño, Hugo Toledo, Alberto Balestrini, Baldomero «Cacho» Alvarez, y el yerno de Olivos y «joven CH» Gustavo Ferri.
También se apilaron el jefe de la Aduana, Mario Das Neves; el sanjuanino José Luis Gioja; el vice de Gabinete, Julián Domínguez; el vice de Solá, Hugo Corvatta, y el secretario de Cultura, Rubén Stella, gritando a viva voz ser el primer kirchnerista.
La lista puede cerrarse con la presencia de Teresa Solá, mirando cómo su esposo se fotografiaba con Graciela Giannettasio, en una postal informal de la fórmula del PJ bonaerense. De la otra punta, relojeaba Miguel Saiegh, marido de la vicecandidata.
Esa larga lista de nombres citó Scioli en su discurso para agradecer que ahora, ya definitivamente fuera de la órbita del peronismo de Anillaco, le hayan hecho un hueco bajo el paraguas del duhaldismo.
Sobre el final, aunque los organizadores obviaron expresamente los símbolos del PJ -hacía años que una fórmula justicialista no colgaba fotos de Perón y Evita-, un puñado arrancó con la marcha peronista. El resto se acopló, mientras de rodillas Kirchner agradecía uno por uno a los asistentes.




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