Ganó Cristina de Kirchner (45%), nueva presidente sucede al marido y el matrimonio se queda con todo el poder. Aunque más de medio país no los ha votado

Política

  
  • Cómodo triunfo de la esposa del Presidente que le garantiza la primera minoría en el país. Se consagra un raro fenómeno de transmisión familiar del marido a la mujer, semejante tal vez al temporal ejercicio de los gemelos que han gobernado Polonia. Con el quórum propio obtenido ayer en Diputados (145 propios y unos cuantos adherentes voluntarios) logran el poder casi absoluto del Legislativo, pues los senadores dependen de los gobernadores y éstos, en su mayoría, son afines al gobierno. En el futuro, ella hasta casi podría prescindir de los superpoderes y de los decretos de emergencia. Tiene todo. Además, como el Poder Judicial no ha sido un estorbo para los Kirchner (salvo tres designaciones en la Corte Suprema que hizo la propia senadora), ahora la pareja consolida una obvia tutela sobre los tres poderes de la Constitución. Institucionalmente, no parece lo ideal.   

  • Singular este dominio familiar, ya que ella venció con menos votos que cualquier otro presidente desde 1983 (salvo su propio esposo en 2003) y, sin embargo, dispone de mayor holgura para gobernar que otros antecesores. No es casual en este fenómeno por los recursos económicos que maneja el gobierno. La candidatura de Cristina de Kirchner se impuso en casi todas las provincias, pero fue el decisivo rol de Buenos Aires -y la notable performance de Daniel Scioli, futuro gobernador con más de 50%- lo que le garantizó a la dama una tracción indispensable para llegar a 45% en la general. Y prescindir de una segunda vuelta. Sin ese auxilio bonaerense apoyado en los intendentes tradicionales, la fiesta kirchnerista hubiera sido diferente. Ya que fue magro, en cambio, el aporte que le brindó Córdoba (allí discutía el segundo lugar), apenas si ganó en Santa Fe, en Capital Federal entró segunda, robusteciéndose la impresión de que al oficialismo lo rechazan en los centros urbanos ( Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata) y, en cambio, lo consienten en el interior. Algo así como lo que le ocurrió a Juan Schiaretti en Córdoba.   

  • A pesar de su disgregación y conflictividad, los opositores nuclearon a la mayoría de los ciudadanos del país: todos, con diferencias, expresan disgusto con la conducción y el gobierno Kirchner. No los reúne una afinidad ideológica, el arco es demasiado amplio, pero también enfrentan a un conglomerado oficialista de sospechosa unidad política (ya que engloba sin prejuicios a progresistas y Madres de Plaza de Mayo con los barones bonaerenses). Casi una argentinada.   

  • Sufragó menos gente que en 2003, hubo poco voto en blanco -salvo en la provincia de Buenos Aires y Capital Federal-, se baten en retirada los provinciales y, con subas y bajas, se mantienen los vecinalistas. Sí, en cambio, ha sido memorable la utilización del corte de boleta: hubo candidatos en un mismo partido que se triplicaron en votos uno a otro. Hasta se cortó en la habitual uniformidad de los bonaerenses. Señal de que hubo bastante pensamiento antes de proceder en el cuarto oscuro.   

  • Elisa Carrió mejoró su última actuación (2003, 17%), formó una coalición con muchas mujeres de protagonistas para superar 23% y, extrañamente, cuando está mejor dice que ya no será más protagonista (juró que abandonará intentar otra vez por la presidencia). Quien sí «seguirá participando» en política es Roberto Lavagna (18%), pero el enjuague con vestiduras de Raúl Alfonsíny Eduardo Duhalde carece a primera vista de prosperidad. Lo del radicalismo, en general, parece bastante patético: fracasó un aliado K como Julio Cobos, compañero de Cristina de Kirchner en la fórmula, en el viejo tronco ni se pronunciaron por el hijo del ex presidente y sobrevivió, en otro partido, dignamente, Margarita Stolbizer en el distrito bonaerense: hasta superó la cuantiosa inversión de Francisco de Narváez. Ligera altura cobró Alberto Rodríguez Saá (9%), mientras defeccionó la experiencia de Jorge Sobisch (1,3%). Ni hablar de Ricardo López Murphy, casi en el subsuelo (2%), lejos de aquella performance de 2003 con 16,5%. No entran siquiera sus diputados, esa aspiración de mínima con la que también se contentan hasta los candidatos de izquierda, fracciones de envase reducido cada vez más estrangulado en lo popular. Desaparecen más rápido que en otros tiempos, chupados quizás por el kirchnerismo.
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